June 25, 2018 / 5:57 PM / 3 months ago

Impulsado por el crimen, blindaje automotriz en México ve récord de producción en 2018

CIUDAD DE MÉXICO (Reuters) - Víctima de varios robos y asaltos en los últimos años, Arturo Ávila solo usa vehículos blindados para trasladarse por las calles de la populosa y compleja Ciudad de México.

Imagen de archivo de un trabajador soldando un vehículo en un garage en Ciudad de México, dic 15, 2010. REUTERS/Claudia Daut

Como él, cada vez más empresas y particulares en México están optando por utilizar carros acorazados en medio de la creciente inseguridad local, lo que impulsaría a la industria a niveles récord de producción en 2018, aunque aún con mucho espacio para crecer en el país de 126 millones de habitantes.

Y, en un mercado limitado por los elevados precios que suponen los blindajes, las empresas de seguridad están optando por ofrecer cada vez más autos fortificados en alquiler para ampliar su oferta.

“Uno de los crímenes que más nos duele es el secuestro, es al que le tenemos más miedo”, dijo Ávila, presidente ejecutivo de Share y Asociados, una empresa de servicios y productos de seguridad.

“La tranquilidad que me da poder conducir un vehículo blindado en ciertas zonas de la ciudad me permite concentrarme en mi trabajo”, agregó el ejecutivo, quien cambia cada dos años su todoterreno blindado contra armas cortas.

En medio del proceso electoral más violento en México, con comicios el 1 de julio, la producción de autos blindados crecerá un 10 por ciento interanual en 2018 y superará el récord histórico de 2012 al alcanzar más de 3,284 unidades, según estimaciones de la Asociación Mexicana de Blindadores de Automóviles (AMBA).

Al menos 114 políticos han sido asesinados desde el inicio del proceso comicial en septiembre, según cifras de la consultora local Etellekt.

Y, con un promedio de 80 homicidios diarios, México cerró el año pasado como el más violento desde que se tienen registros, por lo que blindar un automóvil puede ser la diferencia entre vivir o morir.

OPCIÓN RENTA

De 1,5 millones de automóviles comercializados en 2017 en el país latinoamericano, apenas el 0,19 por ciento fueron blindados, lo que le deja un amplio margen a la industria para seguir expandiéndose.

Sin embargo, los elevados costos de blindar una unidad en México, unos 35,000 dólares contra armas cortas -más del doble que en Brasil, el mayor mercado de Latinoamérica-, limitan el negocio a los segmentos con mayor poder adquisitivo.

Por ello, en un intento por ampliar su oferta, la industria está impulsando diversas modalidades de renta que van desde el leasing hasta el alquiler diario de autos blindados que, según diversos actores del sector, están teniendo una buena acogida desde el año pasado.

“No es lo mismo sacar un millón de pesos (unos 48,700 dólares) para comprar un vehículo todoterreno y otro para blindarlo, que pagar una renta mensual, la cual es deducible de impuestos”, dijo Ernesto Mizrahi, presidente de la AMBA y de Blindajes Epel, parte de la asociación.

Un 80 por ciento de los clientes de la industria son del sector privado, principalmente empresas que desean proteger a sus gerentes medios y altos y a sus familias.

Mizrahi explicó que es en las firmas, mayormente extranjeras, donde las blindadoras están enfocando la opción del arrendamiento, pues muchas no traen a sus directores al país a menos que los recojan en un auto protegido y con escolta.

El segmento ha cobrado tal relevancia que desde mediados de 2017, la firma alemana Audi empezó a fabricar la versión blindada de su Q5 exclusivamente en México, y recientemente comenzó a exportar estos vehículos a Brasil y Argentina.

“El proyecto surge precisamente porque las soluciones ‘aftermarket’ o con terceros elevaron sus precios pero la demanda de estos productos seguía presente”, dijo la filial mexicana de la empresa por correo electrónico.

Otras marcas que ofrecen de fábrica vehículos blindados en México son BMW, Jeep y Mercedes-Benz, algunos de los cuales se exportan a Brasil y otros países de Latinoamérica.

Reporte adicional de Brad Brooks en Río de Janeiro y Lizbeth Díaz en Ciudad de México; Editado por Diego Oré

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