July 26, 2018 / 9:19 PM / 2 months ago

A FONDO-Padre hondureño espera noticias del hijo que le arrebataron funcionarios de EEUU

LA UNIÓN, Honduras (Reuters) - Diez días después de que funcionarios de inmigración estadounidenses lo separaran de su hijo Eduardo, de 11 años, Douglas Almendarez fue llevado en un avión de vuelta a Honduras con la promesa de que se reuniría con su hijo allí.

Douglas Almendarez, de 37 años, deportado de Estados Unidos después de haber sido separado de su hijo Eduardo de 11 años en el punto fronterizo de Rio Grande posa con su esposa Evelin Mayer, de 38 años, que sostiene una foto de su hijo en La Unión, Honduras, 14 de julio de 2018. REUTERS/Edgard Garrido

“Me dijeron: ‘Él está delante de ti’”, dijo Almendarez, de 37 años, hablando en el patio trasero de su modesta tienda de refrescos a varias horas en auto de Tegucigalpa. “Fue una mentira”.

Cuando llegó a su casa el 13 de junio, recordó, nadie podía decirle dónde estaba su hijo y tardó un mes en saber que Eduardo seguía en Estados Unidos, en un refugio para niños inmigrantes en un antiguo Walmart en Brownsville, Texas.

Hasta el jueves, Almendarez y su esposa dijeron que todavía no habían recibido noticias sobre cuándo -o incluso si- su hijo les será devuelto.

Más de 450 padres inmigrantes han salido de Estados Unidos sin sus hijos, luego de ser separados de ellos por funcionarios fronterizos, según una presentación conjunta esta semana del gobierno estadounidense y la Unión de Libertades Civiles de Estados Unidos en una demanda que objeta las separaciones.

Su futuro sigue siendo incierto, incluso cuando el Gobierno se esfuerza por cumplir con el plazo ordenado por la corte de reunir antes del jueves a muchas de las 2.500 familias separadas bajo la política migratoria de “tolerancia cero” del presidente Donald Trump.

Muchas de esas familias, como Almendarez y su hijo, fueron detenidas al ingresar ilegalmente a Estados Unidos; otros buscaron asilo en la frontera sur con México.

El juez federal de California Dana Sabraw, quien ordenó las reunificaciones, dijo en la corte que una vez que el jueves haya vencido el plazo, examinará el proceso para reunir a las familias separadas.

Pero esas reuniones probablemente lleven tiempo.

“Es muy difícil encontrar personas después de que fueron deportadas”, dijo Clara Long, investigadora de Human Rights Watch que entrevistó a varios padres hondureños enviados a casa sin sus hijos. “Simplemente muestra la falta total de un plan de reparación para estas familias”.

La portavoz del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE), Adelina Pruneda, se negó a responder preguntas detalladas sobre el caso de Almendarez, incluido lo que le dijeron al padre sobre su hijo antes de abordar el avión.

Pruneda proporcionó una declaración sobre los esfuerzos del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), que supervisa a ICE, y el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos (HHS) para reunificar a las familias.

“DHS y HHS están trabajando incansablemente para reunir a padres e hijos dentro del cronograma ordenado por la corte”, asegura la declaración.

HHS, que supervisa el cuidado de niños migrantes separados de sus padres, no respondió a las preguntas de Reuters sobre los detalles del caso de Almendarez.

Asegurando que tenía un retraso en las consultas de los medios relacionadas con la fecha límite para reunificar a las familias, el HHS remitió a Reuters a un sitio web de “preguntas frecuentes”.

En la página, la agencia expresa su confianza en que reunirá con éxito a los niños bajo su cuidado con sus familias, tanto “en Estados Unidos como en todo el mundo”.

“¿DÓNDE ESTÁ MI HIJO?”

Algunos detalles de la historia de Almendarez son difíciles de verificar independientemente sin la confirmación del Gobierno, ya que no tiene documentos relacionados con su deportación de Estados Unidos o el paradero de su hijo.

Long, la investigadora de Human Rights Watch, dijo que es común que las personas que son deportadas rápidamente no reciban el papeleo. “Además, a menudo se les dice ‘firmen aquí’ y no saben lo que están firmando”, sostuvo.

Almendarez dice que el único documento oficial que trajo a casa fue un folleto arrugado del Gobierno con un número de teléfono gratuito al que le habían pedido que llamara para averiguar a dónde se llevaron a su hijo.

Intentó comunicarse a ese número mientras estuvo detenido, dijo, pero nunca lo logró. En Honduras, le fue imposible comunicarse ya que no funciona fuera de Estados Unidos.

Almendarez dijo que comenzó una búsqueda desesperada de su hijo en cuanto llegó a Honduras y se dio cuenta de que Eduardo no estaba allí. En una entrevista con un centro de atención para migrantes en San Pedro Sula trató de explicar su situación a los funcionarios hondureños.

Le dijeron que su hijo estaría en el próximo vuelo y le dieron un boleto a la estación de autobuses local.

Cuando el siguiente vuelo llegó sin Eduardo, comenzó a llamar frenéticamente al centro, que recibe niños deportados, pero no pudieron proporcionarle información sobre su hijo.

Llamó tantas veces que las administradoras comenzaron a colgarle el teléfono.

“Les pregunté si también eran madres”, dijo, “y cómo se sentirían si perdieran a sus hijos”.

Agotado después de tres días de búsqueda infructuosa, se dirigió a la casa de adobe en donde también tiene su tienda, donde había luchado por ganarse la vida los últimos 10 años, hundiéndose en deudas y sin poder pagar un préstamo bancario.

La madre de Eduardo, Evelin Meyer, de 38 años, se había mostrado reacia a dejar que el niño fuera a Estados Unidos, y cuando su esposo regresó solo, tenía una sola pregunta para él: “¿Dónde está mi hijo?”.

EL CAMINO A EDUARDO

El 21 de junio, un vecino que conduce un noticiero local en Facebook, Joel Mejía, invitó a Almendarez a contar su historia. Después de verlo, un amigo de Tegucigalpa llamó con el nombre de alguien del Ministerio de Relaciones Exteriores que podría ayudar.

Esa persona, dijo Almendarez, le proporcionó un contacto en el consulado hondureño en Los Ángeles y el hombre pudo localizar a Eduardo en el albergue de Texas para niños migrantes, Casa Padre. El consulado no respondió a solicitudes de comentarios.

Unas dos semanas después de que Almendarez regresara a Honduras, sonó el teléfono celular de la madre. Era Eduardo, llamando desde el refugio.

Su hijo dijo que no podía dormir, dijo Meyer llenándose de lágrimas al recordar la llamada, que se sentía muy solo y que quería a sus padres.

Más tarde, la familia pudo comunicarse con el encargado del caso de su hijo y, desde entonces, han conversado con Eduardo desde el refugio dos veces por semana.

Casa Padre no proporcionó información acerca de Eduardo y remitió todas las consultas al HHS. Reuters encontró a la persona identificada por Almendarez como la encargada del caso de Eduardo en Southwest Key Progams, el contratista privado que opera Casa Padre. Ella también se negó a responder preguntas.

Funcionarios de Honduras dicen que han tenido dificultades para obtener información del Gobierno estadounidense sobre los niños hondureños detenidos.

La vicecanciller hondureña, Nelly Jerez, dijo a Reuters que funcionarios de El Salvador, Guatemala y México se reunirían el jueves para solicitar oficialmente a Estados Unidos una lista de familias de América Central separadas, incluidas aquellas cuyos padres fueron enviados a casa sin sus hijos.

En las primeras llamadas telefónicas a su hogar, sus padres dijeron que Eduardo se alimentaba de una sola esperanza: había escuchado que sería liberado el 26 de julio, el día de la fecha límite impuesta por el tribunal.

La semana pasada, Eduardo volvió a llamar envuelto en pánico. “Una montaña” de otros niños había sido liberada, le dijo a su madre. “¿Por qué él no?”.

Reporte adicional de Kristina Cooke. Editado en español por Diego Oré

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