August 31, 2016 / 7:57 PM / 2 years ago

PERFIL-Derrotada por la política, Rousseff deja presidencia de Brasil

BRASILIA (Reuters) - En el final del proceso en su contra, Dilma Rousseff afirmó que la revocación de su mandato sería someterla a una pena de muerte política. Pero los senadores brasileños hicieron oídos sordos a las palabras de quien en los últimos años fue poco receptiva a escuchar a otros, convencida de estar haciendo lo correcto.

Rousseff fue destituida el miércoles en el segundo proceso de juicio político que se realiza en Brasil en 24 años, tras ser elegida en 2010 a la sombra de la popularidad de Luiz Inácio Lula da Silva y con una reputación de buena gestora.

La mandataria enfrentó al Senado esta semana con su mandato manchado por la crisis económica, la pérdida de una base política con la que nunca supo lidiar y acusaciones de incompetencia, incluso más que por las acusaciones de corrupción que muchas veces llegaron a rozar a sus más fieles asesores.

Rousseff llegó al juicio siendo apuntada como responsable de la desastrosa situación de la economía -supuestamente su especialidad- dejando atrás su fama de buena gestora. También contribuyó a eso el gigantesco escándalo de corrupción en Petrobras, su niña mimada.

Las acusaciones por delitos fiscales eran apenas un pretexto, sostuvo siempre. Opositores y ex aliados reconocían en privado que eso era verdad, pero también afirmaban que Rousseff fue destituida por el “conjunto de la obra”: la suma de todas las dificultades causadas por la personalidad de la presidenta, sumadas a yerros económicos y a una crisis persistente.

“Tengo la conciencia tranquila. No cometí ningún delito (...) Las acusaciones dirigidas en mi contra son injustas y absurdas. Revocar definitivamente mi mandato es como someterme a una pena de muerte política”, dijo la ahora ex mandataria ante el Senado.

Frente a los senadores, Rousseff se mostró fuerte y orgullosa -en ocasiones “demasiado Dilma”, la “misma de siempre”, dijeron los parlamentarios- pero en una versión que era capaz de quebrarse.

“Dos veces vi de cerca la cara de la muerte: cuando fui torturada días seguidos (...) Y cuando una dolencia grave y extremadamente dolorosa pudo haber acortado mi existencia. Hoy sólo le tengo miedo a la muerte de la democracia, por la cual muchos de nosotros luchamos con el mejor de nuestros esfuerzos”, declaró con voz trémula.

RELACIÓN DIFÍCIL

Impulsada por el ex presidente Lula gracias a la imagen de administradora competente y de “madre” del entonces Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), Rousseff nunca tuvo una buena relación con el Congreso.

La poca paciencia de la ex mandataria con los vericuetos de la política, terreno que su antecesor dominó con maestría durante sus ocho años en el poder, fue catastrófica para la rutina del Gobierno, y acabó por ayudar a sellar su destino.

En las semanas previas a su suspensión provisoria del cargo en mayo, Rousseff dejó la política en manos de sus auxiliares más cercanos -incluido Lula- y salió a dar batalla.

Rousseff juntó a seguidores, mujeres, estudiantes, y asumió un discurso de “No habrá un golpe”, pero perdió la pelea en el lugar en donde siempre tuvo dificultades: el Congreso.

Desde ese momento transformó el Palacio de la Alvorada, donde estableció su residencia, en un búnker de resistencia. Recibió a movimientos sociales, dio más entrevistas de las que jamás había dado, participó de eventos en varios lugares del país, y criticó cada medida del gobierno interino, librando una batalla por la historia más que por su mandato.

Derrotada, la primera mujer en ocupar la presidencia de Brasil volverá a una rutina que no conoce desde hace décadas, lejos del poder por primera vez desde 1985 al menos provisoriamente, ya que el Senado le mantuvo los derechos a ejercer cargos públicos.

“Ella está bien. No se de dónde saca esa predisposición, pero hasta hace bromas”, contó hace poco uno de los auxiliares que siguieron trabajando con Rousseff.

Su destino inmediato marca una mudanza a Porto Alegre, donde vivía cuando Lula la eligió para ser ministra de Minas y Energía en 2003, introduciéndola en el escenario de la política nacional. El mismo escenario al que quizás mañana mismo piense en regresar.

Editado en español por Hernán García

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