October 3, 2018 / 7:39 PM / 17 days ago

Lectores de tabaquería en Cuba, un oficio que sobrevive

LA HABANA (Reuters) - Fidel Castro se deleitó durante casi medio siglo con el aroma de los afamados puros cubanos, enrollados por expertos a mano al ritmo de un oficio del siglo XIX que sobrevive en la actualidad: los lectores de tabaquería.

Tobacco "fabric reader" Odalis de la Caridad, reads a novel to employees of the Corona tobacco factory in Havana, Cuba, September 11, 2018. Picture taken on September 11, 2018. REUTERS/Alexandre Meneghini - RC1ABE422A90

Reconocidos puros de las marcas Cohiba, Romeo y Julieta, Partagás o Montecristo han recorrido el mundo tras ser confeccionados hoja a hoja en las fábricas mientras los llamados lectores de tabaquería leen noticias, novelas clásicas, frases célebres y hasta policiales de moda.

“Una lectora de tabaquería es un privilegio muy grande. Que tengas a una persona que enseñe en la vida diaria y te instruya todo lo que es nacional e internacional (...) es un trabajo maravilloso”, dijo Mayra Gallardo sin mover su vista de cada una de las hojas de tabaco a su alrededor.

Tres veces al día los lectores de tabaquería abren sus micrófonos y hablan a una multitud de obreros, una tradición que comenzó en 1865 para instruir a los tabaqueros. En 2012, esta práctica fue reconocida como patrimonio cultural de Cuba.

Los habanos, vistos como un símbolo de la opulencia capitalista, están considerados entre las principales exportaciones de la frágil economía cubana. Sin embargo, Cuba no puede vender sus productos en Estados Unidos, el mayor mercado del mundo, debido al embargo comercial que le aplica desde hace décadas.

Un incremento en las ventas de los puros cubanos en China, el tercer mercado tras España y Francia, ha elevado los ingresos globales de Habanos S.A, a un récord cercano a los 500 millones de dólares en 2017, según cifras oficiales.

“Es un trabajo hermoso, único en el mundo. Es el oficio que proporciona cultura, proporciona buenas relaciones y un amplio espectro en la vida de cualquier persona que le guste estar en contacto con la humanidad”, dijo Francisco González, un lector de tabaquería con un libro entre sus manos frente al micrófono de la fábrica.

Los lectores se han vuelto indispensables en las fábricas. Para algunos son como un reloj que marcan el ritmo de trabajo. Para otros como sacerdotes que aconsejan e influyen en la vida.

“Es un oficio único en el mundo que hay que defender a capa y espada”, dijo Grisel Valdés, una lectora de tabaquería, mientras fuma un puro hecho a mano y observa una nube de humo a su alrededor.

Reporte de Reuters TV. Escrito por Nelson Acosta. Editado por Lucila Sigal

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