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ANÁLISIS-El crecimiento en Brasil, a merced de la polémica "austeridad expansiva"

BRASILIA, 21 ene (Reuters) - El gobierno derechista de Brasil inició 2020 redoblando una de las principales políticas económicas que marcaron su primer año en el cargo: la polémica visión de que la reducción agresiva del gasto estimulará y acelerará el crecimiento económico.

FOTO DE ARCHIVO: El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, escucha al ministro de Economía Paulo Guedes durante una reunión con empresarios en la Confederación Nacional de la Industria (CNI) en Brasilia. 11 de diciembre de 2019. REUTERS/Adriano Machado

En un documento titulado “Consolidación fiscal expansiva en Brasil” publicado el 31 de diciembre, argumentó que la limpieza de las finanzas públicas impulsará la confianza y la demanda del sector privado y, en última instancia, un auge de la actividad económica.

Según el texto, que refleja el pensamiento del ministro de Economía, Paulo Guedes, la consolidación fiscal en curso tendrá un impacto positivo casi instantáneo.

“Esto se basa en la percepción de que la política fiscal tiene efectos no keynesianos en el contexto actual de la economía brasileña, en contraste con la afirmación alternativa y, en nuestra opinión, errónea de que el aumento del gasto es una forma de estimular la actividad económica”, señaló.

El gasto gubernamental cayó en el segundo y tercer trimestre de 2019, la primera vez en más de dos años que baja por dos trimestres consecutivos. Es casi seguro que se redujo también en el cuarto.

Sobre una base de comparación anual, el consumo del gobierno está cayendo un 1,4%, en camino a su contracción más rápida en casi 20 años.

Después del comercio, es el único segmento de la economía que proporciona una contribución negativa al crecimiento. La agricultura, la industria, la inversión empresarial, los servicios y el gasto de los consumidores están expandiéndose, aunque lejos de un ritmo vertiginoso.

“IDEOLOGÍA Y MALA ECONOMÍA”

No obstante, la noción de que este lastre al crecimiento impulsa por sí mismo de alguna manera la inversión y el gasto del sector privado ha sido ampliamente criticada -muchos dirían desacreditada- desde la crisis financiera de 2007-09.

Robert Skidelsky, profesor emérito de economía política en la universidad británica de Warwick, ha ridiculizado la noción del “hada de la confianza” como algo no más creíble que el hada de los dientes, argumentando que “la recuperación (económica) podría ocurrir a pesar de la austeridad fiscal, pero nunca gracias a ella”.

No todos piensan que es una fantasía. Carlos Kawall, director de Asa Bank en Sao Paulo, argumenta que el actual crecimiento anualizado del 2-2,5% en la economía se debe sobre todo a la disciplina fiscal que permitió al banco central reducir las tasas de interés a un mínimo histórico del 4,5%.

“Si el gobierno gasta más, las tasas de interés volverán a subir y no tendremos los beneficios económicos que estamos viendo actualmente en términos de crédito y gasto del consumidor, inversión empresarial y ahora crecimiento”, dijo.

“Esta política está funcionando. Es más difícil crecer de esta manera, pero es más sostenible”, agregó.

Nominalmente, la factura del gasto público gubernamental fue de 54.220 millones de reales en el tercer trimestre de 2019, la más baja en casi siete años.

En el marco del PIB, el gasto del gobierno brasileño también está cayendo, aunque de manera más lenta. Sigue siendo alto: en torno al 18-19% del PIB, superior al promedio de América Latina y el Caribe, según el Banco Mundial, y en 2018 fue más alto que sus pares de mercados emergentes China, Rusia, India y Corea del Sur.

Casi la mitad de su desembolso en 2018 se destinó a pensiones, una de las más altas del mundo y el impulso para una reforma radical de la seguridad social que ayudó a respaldar la recuperación del 32% del índice bursátil del Bovespa el año pasado, más del doble del índice de emergentes de MSCI.

Los mercados han respondido con fuerza. Pero la economía no lo ha hecho, y probablemente no lo hará, según Monica De Bolle, investigadora principal del Instituto Peterson de Economía Internacional en Washington.

Si bien Brasil necesita reequilibrar las finanzas públicas, De Bolle dice que no hay evidencia empírica o histórica de que la “austeridad expansiva” genere crecimiento económico.

Brasil debería enfocarse en las ineficiencias del sector público para generar ahorro y financiamiento para programas sociales que protejan a los más vulnerables a los efectos de la austeridad, en lugar de reducir el tamaño del estado per se.

Además, un apretón tan agresivo es innecesario. A diferencia de Argentina o Brasil a fines de los años 90, el país no enfrenta una crisis en su balanza de pagos.

Tiene 360.000 millones de dólares en reservas en divisas extranjeras, la inversión foránea directa cubre bien el déficit por cuenta corriente y las empresas locales están pidiendo más préstamos en reales, lo que reduce la exposición del sector privado a la deuda en moneda extranjera.

“Esta idea de austeridad expansiva debería haber muerto con las experiencias de los mercados emergentes en los años 90. Fracasó miserablemente, sobre todo en Asia. Es una mezcla de ideología y mala economía”, dijo De Bolle.

(1 dólar = 4,20 reales)

Editado en español por Carlos Serrano

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