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"No eres más mi madre": las heridas de la era Trump serán difíciles de curar

LOS ANGELES, 3 nov (Reuters) - Cuando la demócrata de toda la vida Mayra Gómez le dijo a su hijo de 21 años hace cinco meses que iba a votar por Donald Trump en las elecciones presidenciales del martes, él la excluyó de su vida.

Un partidario del presidente Donald Trump asiste a un acto de campaña en Grand Rapids, Michigan. Noviembre 2, 2020. REUTERS/Shannon Stapleton

“Me dijo explícitamente: ‘Ya no eres mi madre, porque estás votando por Trump’”, recordó Gómez, de 41 años, una cuidadora en Milwaukee, a Reuters. Su última conversación fue tan amarga que no está segura de que se puedan reconciliar, incluso si Trump pierde su candidatura a la reelección.

“El daño está hecho. En la mente de la gente, Trump es un monstruo. Es triste. Hay gente que ya no me habla y no estoy segura de que eso vaya a cambiar”, dijo Gómez, quien apoya fervientemente la campaña de Trump contra los inmigrantes ilegales y su manejo de la economía.

Gómez no es la única persona que piensa que las amargas divisiones entre familias y amigos por la convulsionada presidencia de Trump serán difíciles, si no imposibles, de reparar, incluso después de que deje el cargo, cuando sea que eso ocurra.

En entrevistas con 10 votantes -cinco partidarios de Trump y cinco que apoyaban al candidato demócrata Joe Biden- pocos anticipan una sanación total de las relaciones personales destrozadas durante el mandato de Trump. La mayoría cree que se rompieron para siempre.

A lo largo de casi cuatro años de una presidencia que rompió las normas, Trump ha despertado fuertes emociones tanto en partidarios como en oponentes. Muchos de sus partidarios admiran sus medidas para revisar la inmigración, el nombramiento de jueces conservadores, la voluntad de saltarse las convenciones y su dura retórica, que consideran “hablar claro”.

Los demócratas y otros críticos consideran que el ex promotor inmobiliario y estrella de reality show es una amenaza para la democracia estadounidense, un mentiroso compulsivo y un racista que gestionó mal la pandemia de coronavirus, que ha matado a más de 230.000 personas en Estados Unidos hasta ahora. Trump descarta esas caracterizaciones como “noticias falsas”.

Ahora, con Trump a la zaga de Biden en las encuestas de opinión, la gente está empezando a preguntarse si las fracturas causadas por una de las presidencias más polarizadas en la historia de Estados Unidos podrían ser curadas si Trump pierde las elecciones.

“Desafortunadamente, no creo que la curación nacional sea tan fácil como cambiar al presidente”, dijo Jaime Saal, psicoterapeuta del Centro de Medicina del Comportamiento de Rochester Hills, Michigan.

“Lleva tiempo y esfuerzo, y requiere que ambas partes -sin ánimo de hacer un juego de palabras- estén dispuestas a dejarse llevar y seguir adelante”, añadió.

Saal dijo que las tensiones en las relaciones personales de la gente han aumentado, dadas las dinámicas políticas, sanitarias y sociales a las que se enfrenta Estados Unidos. Lo más frecuente es que vea a clientes que tienen desavenencias políticas con hermanos, padres o suegros, en lugar de con los cónyuges.

VECINO CONTRA VECINO

La elección de Trump en 2016 dividió a familias, rompió amistades y puso a vecinos contra vecinos. Muchos han recurrido a Facebook y Twitter para enviar mensajes sin rodeos que machacan tanto a Trump como a sus muchos críticos, mientras que los propios tuits desenfadados del presidente también han inflamado las tensiones.

Un informe de septiembre del Centro de Investigación Pew, que no es partidista, encontró que casi el 80% de los partidarios de Trump y Biden dijeron que tenían pocos o ningún amigo que apoyara al otro candidato.

Un estudio de la organización de encuestas Gallup en enero encontró que el tercer año de Trump en el cargo estableció un nuevo récord de polarización partidaria. Mientras que el 89% de los republicanos aprobaban el desempeño de Trump en el cargo en 2019, sólo el 7% de los demócratas pensaban que estaba haciendo un buen trabajo.

Gayle McCormick, de 77 años, que se separó de su marido William, de 81 años, después de que éste votó por Trump en 2016, dijo: “Creo que va a tomar mucho tiempo recuperarse del legado de Trump”.

Los dos siguen pasando tiempo juntos, aunque ella está ahora en Vancouver y él en Alaska. Dos de sus nietos ya no le hablan porque apoyó a la demócrata Hillary Clinton hace cuatro años. También se ha distanciado de otros parientes y amigos que son partidarios de Trump.

No está segura de que esas diferencias con sus amigos y familiares vayan a mejorar, porque cada uno cree que el otro tiene un sistema de valores totalmente distinto.

La votante demócrata Rosanna Guadagno, de 49 años, dijo que su hermano la rechazó después de que se negó a apoyar a Trump hace cuatro años. El año pasado su madre sufrió un derrame cerebral, pero su hermano -que vivía en la misma ciudad de California que su madre- no le avisó cuando ella murió seis meses después. Recibió la noticia después de tres días en un correo electrónico de su cuñada.

“Fui excluida de todo lo que tenía que ver con su muerte y fue devastador”, dijo Guadagno, una psicóloga social que trabaja en la Universidad de Stanford en California.

Sea quien sea el ganador de las elecciones, Guadagno es pesimista en cuanto a la posibilidad de reconciliarse con su hermano, aunque dice que todavía le quiere.

EL INCIERTO MUNDO POSTRUMP

Sarah Guth, una intérprete de español de 39 años de Denver, en Colorado, dijo que ha eliminado de su vida a varios amigos que apoyaban a Trump. No puede aceptar su apoyo en temas como la separación de los niños migrantes de sus padres en la frontera sur o como el propio Trump se jactó de manosear a las mujeres en un audio grabado.

Guth y su padre, que votó por Trump, no se hablaron durante varios meses después de las elecciones de 2016. Ahora los dos hablan, pero evitan la política.

Guth dice que algunas de sus amigas no pueden aceptar su apoyo a un candidato -Joe Biden- que está a favor del aborto.

“Teníamos desacuerdos tan fundamentales sobre cosas tan básicas. Eso demostró a ambos que realmente no tenemos nada en común. No creo que eso cambie en la era posTrump”.

Dave Wallace, un ferviente partidario de Trump de 65 años y jubilado de la industria petrolera en West Chester, Pensilvania, es más optimista acerca de las disputas familiares en un mundo posTrump.

Wallace dice que su apoyo a Trump ha causado tensiones con su hijo y su nuera.

“El odio hacia Trump entre los demócratas es simplemente increíble para mí”, dijo Wallace. “Creo que es simplemente Trump, la forma en que hace sentir a la gente. Creo que la angustia disminuirá cuando volvamos a tener un político normal que no haga enojar a la gente”.

Jay J. Van Bavel, profesor de psicología y ciencia neural en la Universidad de Nueva York, dijo que este “sectarismo político” se ha convertido no sólo en tribal, sino también en moral.

“Debido a que Trump ha sido una de las figuras más polarizantes en la historia de Estados Unidos en torno a los valores y cuestiones fundamentales, la gente no está dispuesta a transigir y eso no es algo que se pueda hacer desaparecer”, dijo Van Bavel.

Jacquelyn Hammond, de 47 años, camarera en Asheville, Carolina del Norte, ya no habla con su madre Carol, que apoya a Trump, y también está disuadiendo a su hijo para que no le hable.

Ella dijo que le gustaría recomponer la relación, pero cree que será difícil, incluso si Trump pierde las elecciones.

“Trump es como el catalizador de un terremoto que acaba de dividir dos continentes de pensamiento. Una vez que la Tierra se divide así, no hay vuelta atrás. Este es un momento marcado en nuestra historia en el que la gente tuvo que estar en un lado u otro. Y dependiendo del lado que hayas elegido, esa será la trayectoria para el resto de tu vida”, dijo.

Hammond dijo que se dio cuenta de que su relación con su madre estaba en problemas poco después de las elecciones de 2016 cuando defendió a Clinton mientras conducía con su madre.

“Paró el automóvil y me dijo que no le faltara el respeto a sus ideas políticas. Y si no quería respetar su política, podía salir del carro”.

Bonnie Coughlin, 65, ha votado mayoritariamente por los republicanos toda su vida, excepto en 2016 cuando apoyó a un candidato de un tercer partido. Esta vez está a favor de Biden, incluso estuvo en un pequeño mitin a un lado de la autopista cerca de Gilbertsville, en Pensilvania.

Criada en una familia republicana y religiosamente conservadora de Misuri, dice que sus relaciones con su hermana, su padre y algunos primos -todos ardientes partidarios de Trump- se han avinagrado.

Coughlin dice que todavía los ama, pero que “los veo de manera diferente, porque han abrazado de buena gana a alguien que es tan despiadado y no muestra empatía con nadie en ninguna circunstancia”.

“Y si Biden gana, no creo que se vayan tranquilamente a dormir y lo acepten”, añadió.

Reporte de Tim Reid en Los Angeles, Gabriella Borter en Raleigh, N.C. y Michael Martina en Detroit. Reporte adicional de Elizabeth Culliford en Londres; Editado en español por Javier López de Lérida

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