9 de enero de 2008 / 3:39 / hace 10 años

ENFOQUE-Estoy en la última fila, pero puedo ver a Led Zeppelin

Por Mike Collett-White

LONDRES (Reuters) - Unos pocos amigos estaban felices por mí. Pero la mayoría sintió envidia.

De todas las localidades disponibles en tres años de cobertura del arte y el espectáculo, las entradas para el concierto de Led Zeppelin del lunes 10 de diciembre eran las más codiciadas.

Están las bandas que tienen seguidores y están las bandas, como “los Zep,” que tienen fanáticos.

Entonces, ¿por qué todo el alboroto? Después de todo, no hay escasez de “dinosaurios” del rock que se reúnen por una aventura final, como The Police, Sex Pistols y The Eagles por nombrar sólo unos pocos.

Las giras se han posicionado por sobre las ventas de discos como lo más rentable de la música pop, una industria que se está recuperando del intercambio ilegal de archivos por internet y la disminución de la demanda de CDs.

En lo que respecta a Led Zeppelin, sin embargo, nos encontramos con un factor inusual.

La banda sólo se ha presentado un puñado de veces desde la muerte del baterista John Bonham en 1980. Los propios miembros admiten que cada vez fue un caos, y todavía no hay nada que indique que esta ocasión fue la excepción.

Y entonces está la música: poderosa, dinámica, oscura y a veces simplemente rara.

Así que ese concierto constituyó una posibilidad para recordarle al mundo a qué se debía todo el alboroto hace 30 años, cuando ellos eclipsaron toda presentación sobre la tierra en cuánto a venta de entradas y a infamia roquera.

También fue un riesgo tremendo. Con un promedio de 61 años, a los tres miembros sobrevivientes del cuarteto no les esperaba una acogida favorable garantizada por parte de los críticos. He aquí la promoción, y he aquí mi placer de tener reservado un asiento para cubrir el espectáculo.

ULTIMA FILA

Informado en principio que estaría con el resto de los reporteros observando el espectáculo en una pantalla desde una sala de prensa en el lugar, fui ascendido a una localidad general. No obstante, tratándose de un concierto con fines benéficos, Reuters pagó 125 libras (255 dólares) además de un cargo de gestión de 10 libras más.

Y poco importó que mi asiento estuviera en la fila Z, después de todo era la Z de “Zeppelin.”

La ubicación estaba bien. En un momento giré hacia la izquierda para ver a Paul McCartney mirando el espectáculo aunque rápidamente desapareció, presumiblemente de regreso al recinto VIP.

Estaba presenciando uno de los conciertos pop más ansiosamente esperados en años y ni siquiera podía llamarme un fanático de Led Zeppelin.

Había millones de personas, literalmente, quienes podrían haber cantado cada canción y mover sus cabezas con cada compás.

Yo sabía algo sobre la música de Led Zeppelin en base a una investigación de las notas más recientes, pero no reconocí las 16 canciones de la noche.

NOSTALGIA

Yo estaba más que nada rodeado por hombres de entre 40 y 60 y tantos años, quienes regularmente salían del recinto para proveerse de cerveza.

Había un puñado de roqueros con el pelo largo atado, unos pocos niños y una que otra pareja joven, pero los que observaban con atención mayormente crecieron con esta música y parecían ser arrastrados por la nostalgia.

Salí después de las dos primeras canciones para elaborar una nota y luego poder relajarme durante el resto de las dos horas y diez minutos del espectáculo, pensando en la mejor manera de describirlo.

Desde el principio, la música te golpea con fuerza. La guitarra de Jimmy Page gruñe y amenaza en lugar de simplemente tocar.

Y puede ser que el cantante Robert Plant esté menos cómodo en las notas altas que en su mejor momento de gemidos y trinos, pero todavía contaba con la voz que hacía juego con la pared de música detrás suyo.

Jason, el hijo de Bonham en la batería, dejó a los críticos extasiados con su tempo funk, mientras que John Paul Jones mantuvo a toda la máquina ronroneando con su bajo y su teclado. Los músicos en general se mostraron estáticos y sobrios -- nada de camisas en colores vivos desabotonadas o jeans súper ajustados -- pero la música hablaba, o gritaba, por sí sola.

Al final de su éxito más destacado “Stairway to Heaven,” Plant pareció aliviado, como si la canción se hubiese convertido en algo así como una cruz con la que el grupo estuviera para siempre asociada.

“¡Hey Ahmet! ¡Lo logramos!” gritó él, refiriéndose al fundador de Atlantic Records, Ahmet Ertegun, quien firmó con la banda en 1968 y en cuya memoria fue organizado el concierto.

La mayoría de los fanáticos dejaron el lugar sintiéndose locos de alegría pero a la vez decepcionados. ¿Sería acaso este el último concierto de Led Zeppelin que verían?

Los indicios no eran buenos. En la base de una escalera mecánica hacia el subterráneo, un cartel decía “Escalera Cerrada.”

Editado en Español por Marion Giraldo

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