2 de febrero de 2009 / 2:51 / hace 9 años

Carrera anual de toros llega a calles de pueblo en México

Por Mica Rosenberg

TLACOTALPAN, México (Reuters) - Diez toros de media tonelada corrieron el domingo por las calles coloniales del pequeño pueblo mexicano de Tlacotalpan, embistiendo contra los excitados espectadores, en una versión caótica de los famosos “encierros” en la ciudad española de Pamplona.

Pero a diferencia de Pamplona, en donde los toros corren tras la gente durante unos minutos en un trayecto perfectamente acordonado, en Tlacotalpan los animales son soltados en las calles durante horas mientras la multitud los incita a embestir.

El pueblo, cuyo nombre es un vocablo náhuatl que significa “tierra entre ríos”, se ubica en los bancos de un río en el que los toros son amarrados a los costados de botes y obligados a nadar hasta la costa en donde son liberados.

“Llegan molestos obviamente, entonces cuando llegan, salen con todo”, dijo Cristóbal Salamanca, quien dirige al coro de la iglesia y estudia las tradiciones del pueblo.

Hombres a caballo arrean a los toros hacia los espectadores -hombres, mujeres y niños-, muchos de los cuales visten brillantes playeras de color rojo y beben cerveza bajo el fuerte sol.

El riesgo latente se incrementa tras varias horas de beber “toritos”, un cóctel cremoso y dulce, elaborado con un aguardiente local.

En una angosta calle, cuatro hombres envalentonados atrajeron a uno de los toros hacia un grupo de transeúntes que huyó en pánico, dejando a una chica adolescente a quien se le dislocó la mandíbula al ser embestida.

Tras horas de caos alrededor de tiendas y cafés protegidos con barricadas de tablones y alambre de púas, los toros son agrupados y se los lleva a pastar.

DERECHOS DE LOS TOROS

La corrida de toros en Tlacotalpan es parte de una celebración religiosa de una semana de duración, en la que hay largas fiestas nocturnas al festivo ritmo del “son jarocho”. El momento culminante del festejo es el desfile por el río de una estatua de la Virgen María, transportada en un bote.

Activistas de los derechos de los animales han tratado de que se suspenda el evento, explicando que los animales se estresan por los fuegos pirotécnicos, las sirenas de la policía y los gritos de los participantes, muchos de los cuales les arrojan ladrillos, botellas, latas o les tiran de la cola y las patas.

El año pasado dos docenas de personas sufrieron lesiones, incluyendo a un anciano que fue tan severamente embestido que tuvo que ser transportado en helicóptero a un hospital.

“La gente les corta las orejas, los patean. Ya hay una regla de que no se debe tocar los toros, pero después de muchos ‘toritos’ es difícil de controlar”, dijo Norma Salomón, habitante del lugar.

Los críticos de estas prácticas también tachan de crueles a los encierros en Pamplona, que sin embargo cada año atraen a miles de visitantes.

Cuando el gobernador del estado de Veracruz sugirió la idea de prohibir el evento con toros en Tlacotalpan, gente del pueblo se manifestó tomando las oficinas del Gobierno local por un día, recordó Salamanca.

Los lugareños sostienen que su tradición es sagrada, y que son los humanos los que deberían temer a los toros, no al revés.

Editado por Hernán García

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