24 de febrero de 2009 / 12:47 / en 9 años

Sambódromo de Río estremecido por concurso Escolas de Samba

Por Maria Pia Palermo y Pedro Fonseca

<p>Los miembros de la escuela de samba Viradouro durante su paso por el Samb&oacute;dromo durante el carnaval de R&iacute;o de Janeiro, 24 feb 2009. Arrancando ovaciones del p&uacute;blico, las "Escolas de Samba" de R&iacute;o de Janeiro culminaron el martes su famoso concurso, con un impresionante despliegue de ritmo de bater&iacute;as, coloridos disfraces y esculturales danzarinas. REUTERS/Fernando Soutello (BRASIL)</p>

RIO DE JANEIRO (Reuters) - Arrancando ovaciones del público, las “Escolas de Samba” de Río de Janeiro culminaron el martes su famoso concurso, con un impresionante despliegue de ritmo de baterías, coloridos disfraces y esculturales danzarinas.

Viradouro cerró el desfile con un homenaje a la energía del estado de Bahia ya a plena luz del día, cuando muchos espectadores habían dejado las tribunas agotados por una segunda noche de jolgorio iniciada nueve horas antes.

La agrupación defendió en su trama los biocombustibles como forma de contener el calentamiento global y la supuesta contribución de los orixas (dioses) africanos a la protección ambiental.

Pero de las seis escuelas que desfilaron en la noche final del concurso del llamado Grupo Especial, cuya campeona será anunciada el miércoles, destacaron las tradicionales Portela, Mangueira y Salgueiro.

Portela, cuarta en el 2008 y sin conseguir el título en 25 años, expuso en su trama historias de amor y destacó la reina de su batería, Luma de Oliveira, que sacudió a los 70.000 espectadores con sus cimbreantes pasos de samba.

“Queríamos mostrar que hoy, con toda la tecnología, el ser humano se está apartando cada vez más y olvidando las cosas simples como el amor a la familia y el amor al prójimo”, dijo Lane Santana, “carnavalero” o encargado de la presentación.

“Si alguien sale de aquí amando más, estaré feliz”, agregó.

La tradicional Mangueira atravesó los 700 metros del Sambódromo cantando a Brasil, como todas las escuelas derramando color, ritmo y cantos, con lujosos carros alegóricos y decenas de alas o grupos de baile que con diferentes disfraces interpretaron partes de la historia narrada.

Salgueiro, vicecampeona el año pasado, homenajeó los tambores de diversos países y retomó la temática afro, con repiques variados.

La escuela incluyó un carro alegórico en el que el grupo de acrobacias Intrepida Trupe simuló tocar tambores. También homenajeó al Tambor Primitivo y al Tambor Africano en diversas alas, integradas por casi 4.000 danzarines disfrazados.

El cantor, percusionista y compositor Carlinhos Brown destacó en un carro alegórico que representó un “trío eléctrico”, camión con una plataforma y grandes altavoces usados habitualmente en desfiles callejeros en Brasil.

DESLUMBRANTES REINAS SE DESTACAN

La agrupación Imperatriz, otra tradicional, recordó antiguos carnavales de barrio y tuvo entre sus destaques a la modelo Luiza Brunet, en su desfile número 24 como reina de la batería, con una interpretación de gran prestigio.

“Hoy toda muchacha quiere ser reina de batería. Es una posición que despierta una fascinación muy grande”, comentó, aludiendo aparentemente a las numerosas jovencitas que pelean el puesto en las Escolas de Samba.

Porto da Pedra, penúltima el año pasado, correría el riesgo de caer a la llamada división de ascenso -que desfiló el sábado y cuya ganadora pasara al Grupo Especial- luego de una serie de errores en su presentación del tema de la curiosidad humana.

“La escuela lucha con dificultades. Reciclé material de hace diez años. Limpié todo lo que estaba sucio de polvo para traer lo que está ahí”, dijo su “carnavalero”, Max Lopes.

Las Escolas de Samba, que gastan millones de dólares en su preparación, fueron golpeadas por la crisis económica global, ya que este año no recibieron el tradicional apoyo monetario de empresas y gobiernos municipales y estatales.

La excepción fue Grande Rio, que homenajeó en la primera noche el Año de Francia en Brasil y fue patrocinada por empresas francesas, con lo que incluso logró poner en uno de sus carros a 32 bailarinas del Folies Bergiere parisino.

Escrito por Julio César Villaverde; Editado por Patricia Avila

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