23 de diciembre de 2009 / 13:40 / en 8 años

Clínica de muñecas en Lisboa busca aliviar penas de sus clientes

Por Andrei Khalip y Miguel Pereira

<p>Manuela Cutileiro, quien dirige el Hospital de Mu&ntilde;ecas en Lisboa, posa frente de mu&ntilde;ecas reparadas en su taller en la capital portuguesa, 17 dic 2009. El letrero "Hospital de Mu&ntilde;ecas, 1830" colocado encima de la entrada de una tradicional fachada portuguesa de baldosas evoca un sentimiento de melancol&iacute;a nost&aacute;lgica en el centro de Lisboa, con sus casas que parecen de juguete y sus antiguos tranv&iacute;as amarillos. Su objetivo es sanar las penas de los due&ntilde;os de los juguetes en un pa&iacute;s que invent&oacute; la palabra "saudade", un t&eacute;rmino portugu&eacute;s dif&iacute;cil de traducir que describe la a&ntilde;oranza por algo o alguien perdido. "Trabajamos con los sentimientos m&aacute;s que estrictamente con los objetos", dijo Manuela Cutileiro, quien dirige el hospital. "Siempre ha sido nuestro trabajo, finalmente, sanar las 'saudades'", agreg&oacute;. REUTERS/Jose Manuel Ribeiro</p>

LISBOA (Reuters) - El letrero “Hospital de Muñecas, 1830” colocado encima de la entrada de una tradicional fachada portuguesa de baldosas evoca un sentimiento de melancolía nostálgica en el centro de Lisboa, con sus casas que parecen de juguete y sus antiguos tranvías amarillos.

En su interior, decenas de muñecas sin brazos o piernas y osos de peluche rotos tendidos en los estantes esperan para ser reparados, con etiquetas escritas a mano que cuelgan de sus cuerpos.

Pero el taller de reparación, uno de los más antiguos de Europa, asegura que hace más que arreglar juguetes rotos.

Su objetivo es sanar las penas de los dueños de los juguetes en un país que inventó la palabra “saudade”, un término portugués difícil de traducir que describe la añoranza por algo o alguien perdido.

“Trabajamos con los sentimientos más que estrictamente con los objetos”, dijo Manuela Cutileiro, quien dirige el hospital. “Siempre ha sido nuestro trabajo, finalmente, sanar las ‘saudades’”, agregó.

La clínica comenzó en 1830 con una anciana que solía sentarse afuera de su tienda de hierbas en el mismo lugar en la Plaza Figueira, fabricando y reparando simples muñecas de tela y arcilla para niños del lugar.

Con el tiempo, la tienda de hierbas se transformó en un taller mientras crecía el negocio de reparación de muñecas, arreglando juguetes desde invalorables muñecas de porcelana hasta modestos osos de peluche cuyo valor es puramente sentimental.

“Esa es nuestra principal diferencia con hospitales en el exterior, que están muy especializados. Aceptamos de todo, muñecas Barbie comunes y muñecas realmente únicas, e improvisamos”, dijo Cutileiro.

Armada con un bisturí y usando una bata blanca de médico, la restauradora Lurdes Cardoso repara una muñeca de décadas de antigüedad, removiendo pintura agrietada de su brazo articulado.

“La restauración es muy delicada y no podemos echar a perder la apariencia histórica (...) la pátina del tiempo debe permanecer”, señaló.

Maria Isabel Vinhal Goncalves Alvarenga, residente de Viseu en el norte de Portugal, envió por correo a su antigua muñeca al hospital luego de conocer el taller por televisión.

“Reemplazaron su pelo, ojos, volvieron a colocarle sus piernas y brazos, le hicieron ropa y zapatos. Fue el mejor regalo que he hecho para mí en mucho tiempo, me hizo recordar mi infancia”, dijo.

El valor de la reparación alcanzó los 300 euros, “pero valió la pena”, afirmó.

Reporte adicional de Daniel Alvarenga. Editado en español por Lucila Sigal

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