25 de mayo de 2010 / 17:30 / hace 7 años

Una oleada de novela negra escandinava sigue a Stieg Larsson

Por Nick Vinocur y Jens Hansegard

<p>Imagen de archivo de una estanter&iacute;a con libros del fallecido escritor Stieg Larsson "La reina en el palacio de las corrientes de aire", en una tienda de Madrid. Jun 18 2009. Una detective de ficci&oacute;n investiga la escena de un crimen por la ma&ntilde;ana, interroga a los sospechosos a mediod&iacute;a y recoge a su hijo de tres a&ntilde;os de la guarder&iacute;a despu&eacute;s del trabajo. Ll&aacute;malo novela negra n&oacute;rdica y espera los elogios. REUTERS/Susana Vera /ARCHIVO</p>

ESTOCOLMO (Reuters) - Una detective de ficción investiga la escena de un crimen por la mañana, interroga a los sospechosos a mediodía y recoge a su hijo de tres años de la guardería después del trabajo. Llámalo novela negra nórdica y espera los elogios.

Montada sobre el éxito del fallecido escritor Stieg Larsson, la ficción policíaca de algunos de los países más seguros e igualitarios del mundo se ha hecho con un espacio rentable en las librerías de todo el mundo, y pronto podría tomar Hollywood.

En la creciente nómina de escritores escandinavos hay veteranos como Henning Mankell y estrellas en alza como Camilla Lackberg, Liza Marklund, Jens Lapidus y el antiguo corredor de bolsa noruego Jo Nesbo.

“Tenemos suerte de que Stieg Larsson y Henning Mankell nos abrieran las puertas”, dijo Nesbo, de 50 años, cuya obra “Nemesis” fue candidata al premio Edgar, entregado por los Escritores de Misterio de Estados Unidos, a la Mejor Novela del Año.

“Solíamos ir a España a hacer promoción. De repente, siete periodistas españoles estaban viniendo a Oslo a vernos. Eso tiene mucho que ver con que Stieg Larsson tuviera tanto éxito allí”, agregó.

La novela negra nórdica tal y como la conocemos -crudamente detallada, de intrincada trama, a menudo entrelazada con temas sociales - empezó a ganar seguidores fuera de su mercado natal a finales de los 90, cuando la obra de Mankel ganó fuerza en Alemania

Pero su éxito se mantuvo limitado al norte de Europa hasta hace unos pocos años, cuando la trilogía “Millennium” de Stieg Larsson arrasó en las listas de mejor vendidos desde Francia hasta Brasil, vendiendo más de 25 millones de ejemplares en todo el mundo.

“Todos los que leímos su manuscrito sabíamos que estábamos tratando con algo especial”, dijo Elin Sennero, de la editorial sueca Norstedts, que fue la primera en leer el trabajo de Larsson.

“Pero no podíamos esperar esta clase de éxito (...) Ahora todo el mundo está buscando al próximo Stieg Larsson”, agregó.

DELINCUENTES EN EL PARAISO

Escritores y editores suecos están de acuerdo en que es difícil repetir el éxito de “Millenium” en el escenario mundial porque la historia del propio autor es única: murió de forma repentina en el 2004 a los 50 años, antes de que se publicara su trilogía.

“Encaja en una leyenda artística y este tipo de fenómeno se genera solo”, comentó Jan Guillou, de 66 años, un símbolo literario en Suecia y copropietario de Piratforlaget, una editorial especializada en novela negra.

Pero incluso sin la fama de Stieg Larsson, es probable que la novela negra escandinava retenga la atención de los lectores por muchos de los mismos motivos por los que las sociedades escandinavas ejercen esa influencia sobre la imaginación de los que viven fuera de ellos.

“Los lectores extranjeros encuentran exótica a Suecia, y puede ser fascinante descubrir que no es un país tan perfecto después de todo”, comentó Sennero.

“Estos autores muestran un lado más oscuro, más violento de Suecia”, agregó.

Para Guillou, cuya editorial publica obras de 26 escritoras y 17 hombres, la novela negra escandinava le debe mucho de su éxito a las lectoras y escritoras que han recreado un género tradicionalmente dominado por los hombres.

“Hay mucha más vida familiar en la novela negra sueca”, dijo a Reuters. “Camilla Lackberg tiene a una inspectora resolviendo crímenes por la mañana y después recogiendo niños de la guardería. Eso puede ser muy atractivo”, apuntó.

Por Nick Vinocur y Jens Hansegard; Traducido por Redacción de Madrid; Editado por Juana Casas

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