26 de febrero de 2011 / 12:41 / hace 7 años

Drama TV sobre sultán divide a turcos por la religión

Por Ece Toksabay e Ibon Villelabeitia

ESTAMBUL (Reuters) - Un drama televisivo de época sobre un sultán del siglo XVI ha molestado a musulmanes conservadores en Turquía, provocando un debate sobre la representación del pasado en un país que está redescubriendo su legado otomano.

“El Siglo Magnífico” narra la vida de Suleiman el Magnífico, quien gobernó el Imperio otomano en su era dorada.

Las escenas que han ofendido particularmente a algunos sectores muestran a un joven y lujurioso sultán retozando en un harén mientras bebe copas de vino, pasatiempos mal vistos por los fieles musulmanes, para quienes el sultán tenía autoridad religiosa además de poder temporal.

Los productores de la serie, que ha atraído a una numerosa audiencia e impulsó ventas de libros de historia sobre el período, dicen que incorporaron elementos ficticios a la historia de amor entre Suleiman y Hurrem, su cuncubina favorita y posterior esposa.

El objetivo de esto, afirman, es presentar a los personajes en un aspecto más humano.

Pero para muchos turcos, incluyendo al primer ministro Tayyip Erdogan, que encabeza un Gobierno con raíces en el Islam político, la serie es un insulto a los ancestros de la nación.

La serie se emite en un momento en el que Erdogan está tratando de revivir la influencia turca en los antiguos dominio otomano en Oriente Medio. Decenas de miles de quejas han sido presentadas ante el ente regulador televisivo nacional.

Conocido como el “Legislador” entre los turcos, Suleiman es considerado un personaje sagrado, cuyo Gobierno entre 1520 y 1566 marcó el mejor momento del Ejército y el poderío político otomano, cuando se extendió desde Budapest hasta La Meca, y desde Argel a Bagdad.

“EXCESIVA IDEALIZACION”

El mes pasado, manifestantes que cantaban “Allahu Akbar” (Dios es grande) realizaron una protesta afuera de las oficinas del canal que transmite la serie.

En tanto, el organismo estatal de control de radiodifusión dijo a los productores que el programa iba “en contra los valores nacionales y morales de la sociedad”.

Los descendientes de la dinastía otomana también han criticado el programa, y un erudito en el tema sostuvo que éste contenía imprecisiones históricas.

Sin embargo, a juicio de Mustafa Akyol, un columnista quien frecuentemente escribe sobre religión y política para periódicos turcos, son los críticos de la serie los que están distorsionando la historia.

“El primer problema es la excesiva idealización del Imperio otomano”, dijo Akyol.

El columnista sostuvo que los otomanos podrían haber sido buenos servidores del Islam, pero que también eran humanos con pecados y tentaciones.

“Por ejemplo, no son pocos pocos los sultanes otomanos que eran en realidad bebedores de vino y si bien su harén no era el territorio orgiástico con el que fantaseaban algunos de los primeros orientalistas, tampoco era un monasterio asexuado”, agregó Akyol.

La disputa ha tenido profundas resonancias en Turquía, ya resaltando las divisiones en un país que se encuentra entre Europa y Asia.

El partido de Erdogan, el AK, está tratando de forjar una identidad islámica más abierta en la nación, casi 90 años después de que Mustafa Kemal Ataturk fundara un Estado secular y de aspecto occidental.

Las discusiones sobre el programa de televisión entre personas de pensamiento religioso y secular también han coincidido con las nuevas restricciones a la venta de alcohol, que han dado lugar a acusaciones contra el AK de estar interfiriendo en el estilo de vida de las personas.

Erdogan se refirió a “El Siglo Magnífico” como “un intento de insultar nuestro pasado, tratar nuestra historia sin respeto y un esfuerzo por la historia de forma negativa a las generaciones jóvenes”.

“OTOMANIA”

El Imperio otomano fue denigrado largamente por los sucesores de Ataturk, quienes terminaron con el sultanato.

La ideología oficial del Estado culpaba a la decadencia y religiosidad por parte de los gobernantes otomanos de la humillante derrota de Turquía como aliado de Alemania en la Primera Guerra Mundial y de la división del imperio de Oriente Medio por parte de Gran Bretaña y Francia.

El renovado interés en los días gloriosos del Imperio otomano se da cuando Turquía goza de su mayor prosperidad en la era moderna, algo que le ha dado a la población joven cada vez más orgullo y confianza.

El poder, dicen los expertos, ha pasado a una nueva clase media de musulmanes observantes dispuestos a reinterpretar la narrativa histórica turca, desprendiéndose de las restricciones del kemalismo, la ideología que dio forma a la república turca en sus primeros días.

La “Otomanía” que se apoderó de Turquía se manifiesta en exposiciones en museos sobre el arte otomano, en la restauración de edificios otomanos y en un interés en cursos sobre el idioma turco otomano ofrecidos por academias.

El redescubrimiento de su pasado coincide con la frustración ante el ritmo de ingreso de Turquía a la Unión Europea.

Enviados a un brusco exilio por parte de la joven república turca, los descendientes de la familia imperial otomana también están disfrutando de una suerte de rehabilitación, con la aparición de miembros de la familia en los medios.

“Hay un nuevo interés entre los turcos por redescubrir el pasado otomano”, dijo Ilber Ortayli, director del Palacio Topkapi de Estambul, residencia de los sultanes otomanos durante 400 años.

“Ninguna nación puede darse el lujo de rechazar su pasado, especialmente si tienes un pasado magnífico. Incluso durante los años republicanos las personas estaban orgullosas de su historia otomana”, agregó.

Reporte adicional de Reuters TV. Editado en español por Marion Giraldo

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