May 24, 2008 / 4:13 PM / 10 years ago

ENFOQUE-Latín, rezos y fríos dormitorios en internado de Francia

Por Lisa Essex

CHAVAGNES-EN-PAILLERS, Francia (Reuters) - Aprender latín, asistir al catecismo y apurarse por ventosos corredores para rezar: así están experimentando más de 20 niños la vida de un internado al viejo estilo británico, pero en el corazón de la campiña francesa.

El boxeo, el baile folclórico y el canto gregoriano también se incluyen en el plan de estudios del Chavagnes International College, un tradicional internado inglés católico para varones en la región vinícola de Vendee, en la costa atlántica francesa.

Ubicado en un antiguo seminario de 200 años de antigüedad, en una región marcada por las guerras religiosas francesas de mitad del siglo XVI, se dice que el internado atrae a padres decepcionados con el sistema educativo británico o por los valores de la vida moderna.

Las cuotas son significativamente más baratas que en Gran Bretaña, unos 15.000 euros (23.000 dólares) por año para los internos, comparado con el promedio de unas 22.000 libras esterlinas (43.000 dólares) en Inglaterra, según datos del Consejo de Escuelas Independientes.

La austeridad del ambiente es principal en Chavagnes, las habitaciones están escasamente amuebladas, los pisos son de piedra y la pintura está despegándose.

Fundada por el británico Ferdi McDermott, de 36 años, quien siete años atrás compró la edificación por medio millón de euros (unos 770.000 dólares), la escuela también aprovecha los anhelos de algunos padres ingleses de orden, logros y fe en la educación.

Las escuelas religiosas son muy populares en Inglaterra, y según el Departamento de Niños, Escuelas y Familias reciben más solicitudes de los lugares que disponen. La oficina dice que existen 600 o más escuelas secundarias religiosas financiadas por el estado.

“Hemos tenido chicos que llegaron aquí porque fueron atacados en la escuela. O, en una clase de 30, los varones eran enviados atrás y los maestros se concentraban en las niñas del frente para mejorar los resultados de la escuela,” comentó McDermott.

Los castigos en Chavagnes tienen un nítido toque de la época previa a la guerra: por ejemplo, escribir cientos de veces la frase “Firmemente resuelvo comportarme como un caballero.”

Cada lección comienza con una oración, y todos los alumnos asisten a la misa diaria. En los rincones hay estatuas de santos y en las paredes cuelgan pinturas religiosas, en algunos casos para esconder la humedad.

“Es una buena escuela. Da una sensación de algo un poco viejo, pero tiene onda,” afirmó Stephen Lorriman, un estudiante de 12 años.

AMBIENTE AUSTERO

La escuela tiene 27 internos, la mayoría británicos pero también un puñado de otras nacionalidades europeas. McDermott dirigía una editorial católica antes de inaugurar el internado con un grupo de profesores en 2002.

McDermott no fue educado en una escuela católica, pero sus padres vendieron su casa para ayudarle a comprar la edificación. Pidió prestados 300.000 euros pero debió abandonar la idea de pisos enteros porque no podía pagar las reparaciones.

No obstante, espera tener hasta 45 alumnos al comienzo del año académico en septiembre.

“Teníamos una fuga de dinero. Ahora estamos cerca de tener rentabilidad,” comentó.

Chavagnes, que no recibe financiación del estado francés, tiene una planilla de siete maestros a tiempo completo y voluntarios. El obispo local paga por su capellán, el franco-canadiense Jean-Pierre Pilon, de 36 años, quien vive en una ermita en el terreno de una residencia cercana.

El ambiente fue una impresión para los alumnos europeos del siglo XXI.

“Los chicos sufren en adaptarse a la disciplina y a la vida común, la pobreza, la comida y el carácter internacional de la escuela,” dijo Pilon.

“Pero una vez que se adaptan son felices,” añadió.

En la “mesa principal” en el comedor, los visitantes, profesores y el mismo chef comen juntos, vigilando las mesas de los alumnos, donde chicos vistiendo blazer azul se sirven pasta y vegetales, frutas, pan local y queso.

Después del almuerzo, los adolescentes limpian las mesas, lavan los platos, el piso y dejan lista la habitación para la próxima comida.

Los jóvenes se visten con su equipo de rugby en un pequeño dormitorio sin cortinas, con una pileta al fondo y roperos de madera colocados entre las camas de hierro. Los mayores se afeitan con agua fría.

La música también juega un papel en el “efecto de refinamiento” de los jóvenes, dijo el sacerdote John Moylan, un voluntario australiano de 72 años.

Pilon recordó una ocasión en que la calefacción se rompió, dejando al personal y a los estudiantes temblando en los dormitorios del siglo XIX.

“Una escuela común cerraría si eso sucediera. Nosotros nos reunimos en un pequeño cuarto, con una estufa de aceite y nos entretuvimos con juegos de mesa,” comentó.

Los alumnos de Chavagnes pueden utilizar celulares, iPods, y consolas de videojuegos, pero sólo los fines de semana.

“Comer juntos, rezar juntos, vivir de una manera ascética. Esas son las cosas importantes,” dijo McDermott.

“Aunque me gustaría poder gastar un poco de dinero en alfombras y pintura,” agregó.

Editado en español por Patricia Avila

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