7 de febrero de 2010 / 12:35 / en 8 años

Francia se suma a la carrera por digitalizar libros

Por Sophie Hardach

LA CHATRE, Francia (Reuters) - En medio de los campos llanos y anchos del centro de Francia, un equipo de secretarias y expertos en informática ordena el patrimonio literario europeo para la era digital.

Dicho más claramente, viven de dar vuelta a las páginas.

La compañía para la que trabajan, Safig, es una de las pocas firmas europeas que está digitalizando libros, usando volteadoras de páginas automáticas y humanas.

Eso los ubica en el centro del plan de Francia para una enorme biblioteca virtual, y para sus intentos de negociar un acuerdo de libros digitales con el gigante estadounidense de internet, Google.

“Estamos pasando por un período políticamente sensible”, dijo el líder del proyecto, Christophe Danna.

“Sea cual fuera el resultado, determinará el futuro del mercado literario”, sostuvo, parado contra un fondo de escaners silenciosos y brazos robóticos que voltean páginas.

Los fanáticos del plan francés de 1.000 millones de dólares para digitalizar sus bibliotecas y museos lo ven como una unión de orgullo cultural y estrategia industria. Bruno Racine, director de la Biblioteca Nacional de Francia, también es un asesor estratégico de la OTAN, la alianza militar.

Los escépticos señalan que los 10 millones de libros digitalizados por Google hacen que cualquier esfuerzo francés parezca pequeño, como el contrato de tres años de Safig para escanear 300.000 libros para la Biblioteca Nacional.

Un posible resultado es un acuerdo mutuo con Google que aceleraría la digitalización en masa.

“Esto es un poco como una fábrica. No producimos autos, pero hay un fuerte paralelo”, indicó Danna.

Safig cobra por página, independientemente de si está escaneando un clásico romanticón o el “Código Belga sobre Sindicatos Profesionales”, un tomo amarillento que espera ser digitalizado aquí.

Algunos analistas ven un segundo paralelo: tal como en la industria automotriz, Francia ha sido acusada de proteccionismo y beligerancia hacia las firmas extranjeras mientras redefine su mercado editorial de 4.000 millones de euros.

“PACTO FAUSTIANO”

El presidente Nicolas Sarkozy prometió que Francia no permitirá que le “quiten” sus tesoros literarios. Intelectuales han criticado una biblioteca, en Lyon, por firmar un “pacto faustiano” para digitalizar libros junto a Google.

Muchos franceses sienten que las obras de Moliere y los poemas de Baudelaire son un tesoro nacional más importante que la industria automotriz, y que el Estado hace bien en darles una atención especial.

Robert Darnton, director de la Biblioteca de la Universidad de Harvard, incluso quiere que Estados Unidos tome a Francia como modelo a seguir.

“La tecnología existe y tal vez el dinero exista para verdaderamente recrear la República de las Letras”, dijo a periodistas en las actividades suplementarias de una conferencia en París.

“El Estado debería respaldar el costo de la digitalización de lo que denominan el ‘patrimonio’, nuestra participación que le pertenece a toda la nación”, aseveró.

Francia ha dicho que está lista para hablar con Google sobre un acuerdo conjunto, pero quiere percibir beneficios más generosos que otros socios, por ejemplo, mediante un intercambio gratuito de libros.

Esa postura es un cambio de actitud tras la partida de Jean-Noel Jeanneney como director de la Biblioteca Nacional de Francia en el 2007. Jeanneney fue un feroz crítico de Google e incluso escribió un libro atacando el proyecto literario de la compañía como una amenaza para la cultura no angloparlante.

En el marco del acuerdo, la Biblioteca Nacional podría permitir a Google usar los libros digitalizados y tendría a cambio acceso gratuito a la colección mucho mayor del gigante de las búsquedas.

“Le damos la bienvenida al espíritu de la propuesta”, declaró Simon Morrison, portavoz de Google. “Estamos contentos de hablar”, agregó.

El asunto ha adquirido urgencia a raíz del interés en la digitalización que explotó el año pasado.

Mientras los lectores electrónicos ganan popularidad, los libros parecen listos para convertirse en el próximo sector captado por la revolución online, tras la música y el cine.

La compañía de investigaciones en tecnología Forrester estima que las ventas de de libros electrónicos en Estados Unidos alcanzó las 3 millones de unidades en el 2009, y espera que esa cifra se duplique a más de 6 millones en el 2010.

Algunos temen que esto pueda acaba con la palabra impresa y todos sus encantos; mientras que a otros les entusiasma la idea de descubrir gemas agotadas en sus pantallas, de hurgar en la “Carta Magna” de Gran Bretaña o en las primeras ediciones de Madame Bovary de Gustave Flaubert.

“ALGUIEN TOCO ESTE LIBRO”

En una parte no menor, la oferta literaria online fue ayudada por Google Books, que exhibe fragmentos de libros bajo copyright y textos completos de obras libres de derechos.

“Es gracias a Google que existimos”, dijo a Reuters Jill Cousins, directora ejecutiva del sitio de cultura políglota Europeana (www.europeana.eu). “Dieron un gran servicio a Europa para hacer que los políticos tomen conciencia del déficit de la cultura europea online”, agregó.

Europeana, financiada por la Comisión Europea, querrá asociarse con minoristas virtuales para que los lectores puedan pagar fácilmente por obras bajo copyright.

En el laboratorio rural de digitalización de Safig, la esperanza es que cualquier acuerdo entre el sector público y el privado genere trabajo para firmas más pequeñas.

Safig comenzó a digitalizar libros para bibliotecas locales en el 2000. Desde entonces cuadruplicó el número que trabaja en esos proyectos en La Chatre llegando a unos 80, y unas 400 personas en operaciones tercerizadas en Mauricio y Madagascar.

Pese al lado pragmático de la digitalización en masa, el personal rivaliza con fervientes bibliófilos cuando describen las palabras impresas que pasan por el escáner cada día.

Hablan de la emoción de digitalizar registros a mano de monasterios, o la conmoción que produce sacar antiguas caricaturas racistas de las profundidades de la Biblioteca Nacional.

“Es bueno digitalizar los viejos libros, proteger los originales del exceso de uso y darle a todos acceso”, dijo Colin Clement, un joven de 25 años, explicando los diferentes tipos de escáneres.

“Pero las copias digitales son mucho más estériles. Con los originales, bueno, alguien en realidad tocó este libro”. manifestó.

Editado en español por Marion Giraldo

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