3 de mayo de 2012 / 18:53 / en 6 años

¿La teoría del portafolio de inversión puede salvar vidas?

Por Sharon Begley

NUEVA YORK (Reuters) - Las decisiones sobre la distribución de recursos para las investigaciones biomédicas en Estados Unidos deberían tomarse de la misma forma en que los fondos de pensión, mutuales y los centros educativos resuelven cómo invertir su dinero, argumentó un artículo publicado en la revista científica PLoS ONE.

Con este tipo de investigaciones bajo la lupa tanto por parte de pacientes como del Congreso estadounidense por convertir tan pocos resultados de estudios en tratamientos concretos, un experto en finanzas dijo en el artículo que los envíos de fondos deberían estar guiados por la “teoría del portafolio de inversión”.

Aplicar la teoría del portafolio a cómo los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH) distribuyen su presupuesto anual de 30.000 millones de dólares podría reducir el total de años de vida perdidos por pacientes entre un 28 y un 89 por ciento, según estimaciones de expertos.

“Necesitamos un esquema para decidir cómo hacer aportes en investigación biomédica que sean transparentes, objetivos, racionales y reproducibles”, dijo en una entrevista Andrew Lo, del Laboratorio para Ingeniería en Finanzas de la Escuela MIT Sloan.

Lo, considerado una eminencia en teoría financiera, es co-autor del artículo con Dimitrios Bisias, también del MIT y el cirujano James Watkins, del Hospital de Brigham y las Mujeres en Boston.

“Lo que esperamos es que los científicos y legisladores colaboren en la medición del éxito” y la teoría de los portafolios de inversión como guía sobre cuánto aportar en las investigaciones de varias enfermedades, dijo Lo.

El concepto básico del artículo fue rechazado por los defensores de pacientes contactados por Reuters. Algunos señalaron que bajo el criterio que propone el nuevo análisis, la investigación en enfermedades crónicas, trastornos poco comunes y condiciones como el Alzheimer que han eludido la cura serían consideradas prácticamente inútiles.

Los funcionarios de los NIH no estaban disponibles para comentarios.

En términos generales, la teoría del portafolio brinda una guía sobre cuánto colocar en diferentes inversiones -acciones, bonos, futuros de aceite, inmuebles- según los riesgos y tasas esperadas de retorno, o recompensa.

Así como invertir en acciones del Tesoro de Estados Unidos implica riesgos diferentes y promete recompensas distintas que invertir en futuros de café, las apuestas del Gobierno para combatir una enfermedad u otra arrojan diferentes resultados.

Generalmente, cuando teorías de inversiones se usan para optimizar el panorama riesgo/recompensa, las ganancias son dólares. El nuevo artículo argumenta que en investigación biomédica, las recompensas que cuentan son las reducciones en años de vida perdidos debido a una enfermedad.

La colocación más eficiente de dólares para la investigación biomédica es aquella que maximiza los años de vida salvados por dólar gastado, indican los autores. Esto implica que curar un tumor cerebral en un niño de 2 años vale unos 70 años de vida, mientras que curar la artritis en alguien de 85 años vale básicamente cero.

Los investigadores se apuran a advertir que el énfasis en los años de vida salvados es sólo el primer paso. Una vez que se refina la aplicación de esta teoría a las decisiones sobre gasto biomédico, también se tendrían en cuenta criterios extra, como si una línea de investigación reduce el dolor o el sufrimiento.

Expertos en biomedicina y defensores de pacientes contactados por Reuters expresaron muchas preocupaciones sobre estas recomendaciones.

Una es que el enfoque sobre los años de vida perdidos no logra captar las enfermedades crónicas que no reducen el lapso de vida pero causan un enorme sufrimiento.

“Cuán rápido mata una enfermedad y a cuántos mata, es sólo un criterio”, dijo Scott Johnson, presidente de la Fundación Reparación de la Mielina, que respalda la investigación que apunta a curar la esclerosis múltiple.

“El padecimiento y la discapacidad también cuentan”, agregó.

Las enfermedades extrañas o poco frecuentes también quedarían desamparadas, dado que (por definición) afectan a muy pocas personas. Usar los años de vida perdidos “es vergonzoso y completamente descabellado”, dijo Susan Weiner, de la Fundación de Tumor Cerebral Infantil.

CAMBIO EN LA FINANCIACIÓN

Actualmente, los NIH colocan fondos en base a cinco criterios:

- “Necesidades públicas”

- Calidad científica de la investigación propuesta; cuán factible es que un campo realice un avance científico (en base al conocimiento existente y la cantidad de investigadores calificados).

- La necesidad de tener un programa de investigación diversificado.

- La necesidad de respaldar a esos componentes de infraestructura, como personas, equipamiento e instalaciones.

Empleando los años de vida perdidos como medida de retorno sobre la inversión, algunos inversores de los NIH han tenido resultados muy favorables y otros no tanto.

Por ejemplo, el estudio muestra que invertir en la investigación del VIH tuvo un retorno del 9.100 por ciento, lo que refleja el hecho de que el VIH/sida originalmente era casi completamente letal y causaba la muerte de personas jóvenes.

Ahora, los medicamentos inhibidores de la proteasa lo han convertido en una enfermedad más controlable que no reduce tantas vidas. “Realmente dieron en el blanco con los inhibidores de la proteasa”, dijo Watkins.

Con la misma vara de medición, el cáncer tuvo un retorno del 50 por ciento, mientras que la enfermedad cardíaca del 1.000 por ciento.

Por su parte, los trastornos neurológicos, como el Parkinson y el Alzheimer, tuvieron una tasa negativa de recompensa: ninguna persona ha sido curada o incluso tratada con éxito pese a los millones de dólares gastados en investigación, y su incidencia está en alza.

Aplicar la teoría del portafolio cambiaría drásticamente cómo los NIH gastan el dinero público. El Instituto de Salud Infantil y Desarrollo Humano, cuya investigación se ubica primera en cuanto a los años de vida salvados, recibiría el 23 por ciento del dinero de los NIH, en lugar del actual 7 por ciento.

El Instituto del Corazón, los Pulmones y la Sangre, cuyos estudios han llevado a las estatinas y otros fármacos que salvan vidas, pasarían del 17 al 23 por ciento. El Instituto del Cáncer recibiría el 52 por ciento, en lugar del actual 27 por ciento.

Los perdedores serían los institutos que se focalizan en la diabetes (cuyas tasas se han disparado, generando un retorno negativo de la inversión), el cerebro (con un mal registro en términos de salvar vidas perdidas por Alzheimer y otras enfermedades) y la salud mental.

Los autores escribieron que no “sugerirían adoptar una política que elimine la financiación en ningún grupo de enfermedades”. Incluso las inversiones más riesgosas a veces recompensan y llevan a algunos inversores a poner sus ojos en ellas.

Con todo, reconocieron que los años de vida (salvados) son una medición cruel del éxito.

Editado en español por Ana Laura Mitidieri/Marion Giraldo

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