11 de septiembre de 2013 / 18:09 / en 4 años

REPORTE ESPECIAL-EEUU permite foros Internet sobre adopciones, una ventana para adultos abusadores

* Este es el tercero de una serie de reportes especiales sobre el mercado clandestino de niños adoptados en EEUU.

La joven Anna Barnes posa para la foto en Granbury, Texas, el 30 de mayo, 2013. Barnes tenía 13 años cuando sus padres adoptivos la entregaron a otros. "Por favor no me manden con ellos", recuerda Anna, que ahora tiene 18 años. Ella cuenta que compartido la cama con Calvin and Nicole Eason, a quienes le fue entregada en una modalidad de búsqueda de padres por Internet. REUTERS/Richard Rodriguez

* Para leer la versión en PDF abra el vínculo: link.reuters.com/ceq92v

Por Megan Twohey

TUCSON, EEUU (Reuters) - Tom y Misty Mealey estaban rebosantes de esperanza cuando la destartalada camioneta color púrpura estacionó frente a su casa en el estado de Virginia.

Era el 5 de julio del 2009 y sus invitados habían llegado: una pareja que había conducido desde el estado de Nueva York hasta la residencia de los Mealey en las afueras de Roanoke.

Hasta ese día los Mealey jamás habían visto a Calvin Eason, entonces de 40 años, ni a su esposa Nicole, de 30. Ambos estaban “pobremente vestidos” y no les causaron buena impresión, recuerda Misty Mealey. Aún así, si todo iba bien, los Mealey estaban listos para entregarles a uno de sus hijos: un niño de 5 años de Guatemala que habían adoptado unos meses antes.

El niño sufría una condición llamada trastorno reactivo de apego, que complicaba los lazos con las personas que lo cuidaban. Se había vuelto cada vez más violento, rompiendo ventanas, golpeando a los otros tres hijos de los Mealey y orinando en sus juguetes. Por las noches, los Mealey lo encerraban en su cuarto para que no agrediera a la familia.

Tras meses de terapia y de otros intentos por obtener ayuda, los Mealey hicieron lo que otros padres bajo un fuerte estrés en Estados Unidos continúan haciendo: comenzaron a anunciar a sus hijos adoptivos no deseados en Internet.

Y los Eason respondieron muy rápidamente, insistiendo en sus correos y llamadas telefónicas que serían excelentes padres. Después condujeron por más de 966 kilómetros para defender personalmente sus argumentos ante los Mealey.

Los Eason compartieron comidas y fueron a jugar bowling con la familia. También parecieron conectarse con el niño de 5 años, que se sentó en sus piernas y jugó con ellos. El pequeño incluso “comenzó espontáneamente a llamarlos mamá y papá”, dice Misty.

“Ellos parecían muy cómodos con los niños”, recuerda. Antes del final de la semana, los Mealey estaban convencidos. Así que Calvin y Nicole Eason regresaron a Nueva York con el niño de 5 años.

Igual que otros que encuentran nuevos padres para sus hijos a través de la Internet, los Mealey estaban estresados. No involucraron a las autoridades de bienestar infantil en la transferencia y sabían muy poco sobre la pareja que se llevaría al pequeño.

A pesar de las similitudes con otros padres que entregaron sus hijos a los Eason, los Mealey eran únicos. Tom estaba entrenado para detectar engaños: era un oficial de policía.

La historia de cómo los Eason obtenían la custodia de niños y niñas a través de la Internet expone el fracaso casi total de las autoridades para reprimir a quienes usan la red subterránea de intercambio de niños en Estados Unidos, reveló una investigación de Reuters.

Sin involucrar a funcionarios del Gobierno, los padres transfieren a los hijos no deseados -con frecuencia menores adoptados en el extranjero- a totales desconocidos a los que contactaron online.

No hay una ley que regule explícitamente esta práctica, conocida como “realojo privado”. La principal salvaguardia es un acuerdo entre estados denominado Compacto Interestatal sobre la Ubicación de Niños (ICPC, por su sigla en inglés), un débil obstáculo para los abusadores.

Aunque el ICPC fue adoptado como ley en cada estado, algunos no penalizan las violaciones del pacto. En otros estados son consideradas infracciones menores, pero aún así las autoridades rara vez procesan a los responsables.

Muchos policías no están familiarizados con el ICPC. Y las autoridades que comprenden su alcance dicen que están más concentradas en ayudar a los niños que en hacer cumplir la ley.

“Hablando con honestidad, no estaríamos tan preocupados sobre el castigo para las personas que violaron el compacto”, dice Harry Gilmore, administrador adjunto del ICPC en Oregon, donde su incumplimiento es considerado una infracción menor.

Para los padres que conocen la regulación pero deciden ignorarla, cualquier riesgo legal es compensado por la necesidad de deshacerse de un niño problemático.

Cuando recurren a la red subterránea, las transferencias difícilmente son detectadas por las autoridades y eso reduce las posibilidades de ser atrapados. Los únicos capaces de vetar a la nueva familia de un menor son los propios padres adoptivos, los mismos que quieren deshacerse de él.

Dos familias que entregaron sus hijos a los Eason, los Mealey en el estado de Virginia y Gary y Lisa Barnes en Texas, acabaron dándose cuenta del peligro de ese tipo de operación.

“Es terriblemente vergonzoso”, dice Tom Mealey sobre el hecho de haber sido engañado por los Eason. “La idea de que he pasado mi carrera tratando con gente como esta es todavía más vergonzoso. Ojalá hubiera hecho más”.

“Tenemos que agradecer que fueron sólo los Eason”, añadió. “Podría haber sido Hannibal Lecter”, dijo aludiendo al asesino en serie y caníbal que es un célebre personaje de novelas policiales.

“AUTO USADO”

En agosto del 2008, casi un año antes de recibir al niño de los Mealey, los Eason encontraron en Internet a una nueva menor para su hogar. Anna Barnes tenía 13 años. Adoptada en Rusia con 7 años y traída a Estados Unidos, Anna ya había sido realojada una vez.

Sus segundos padres adoptivos en Estados Unidos, los Barnes, una familia de Tolar, Texas, llegaron a arrepentirse de haberla adoptado.

Antes de aceptar su custodia, la pareja había hablado con los primeros padres adoptivos. Pero rápidamente sospecharon que no habían sido informados sobre los problemas emocionales y de comportamiento que Anna había traído consigo para Estados Unidos.

“Es una mala analogía, pero es algo así como vender un auto usado”, dice Gary Barnes, al afirmar que ni a él ni a su mujer les contaron toda la verdad. “Si tu le dices a alguien que se rompe todos los días, nadie lo va a comprar”.

Los Barnes, que se dedican a criar caballos de miniatura, encontraron a Anna desafiante. Recibir asesoramiento resultó demasiado caro e inconveniente. Un hogar para niños problemáticos la rechazó porque la muchacha no se adecuaba a su programa.

Los Barnes aseguran que les dijeron que si entregaban a la muchacha a las autoridades de Texas serían considerados padres inadecuados y deberían costear su manutención hasta que Anna cumpliera los 18 años.

“Pasamos el primer año intentando ayudar a la niña y solucionar el problema”, dice Gary. “Luego se enciende una luz y te das cuenta de que no puedes solucionar el problema, que tienes que apartarte del problema”.

Fue así como anunciaron a Anna en un foro de Yahoo llamado “Respite-Rehoming”.

Nicole Eason, que usaba el sobrenombre de “Momma Bear” en la Internet, respondió. En correos enviados a los Barnes, aseguró que ella y su esposo estaban preparados para cuidar de Anna.

“La amaremos sin importar qué errores comete en la vida”, escribió Momma Bear. Prometió darle a Anna sus dulces favoritos y comprarle un perro, una táctica que los Eason ya habían usado en el pasado y volverían a usar.

“Tengo que decirte, estás dando en el blanco con todo lo que le estás ofreciendo”, respondió Lisa Barnes. Lo del “perro era una buena idea (...) Le dará algo en que concentrarse en lugar de tener pensamientos malos”.

Para cerrar el negocio, Nicole compartió un “estudio de hogar” ficticio que ella misma había creado. En él, una trabajadora social elogiaba las cualidades de los Eason como padres.

Era septiembre del 2008. Y los Eason, que entonces vivían en Westville, Illinois, viajaron al sur para recoger a Anna en Tolar, un pueblo de unas 700 personas.

Mientras los cinco cenaban en un restaurante del lugar, Anna estudiaba a los Eason. Y se ponía nerviosa.

“No podía parar (de llorar) (...) Simplemente les decía ‘Por favor no me manden con ellos. Por favor, les suplico. Me arrodillaré’”, recuerda Anna, que ahora tiene 18 años.

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Versión PDF primer reporte: link.reuters.com/qub92v

Versión PDF segundo reporte: link.reuters.com/naj92v

Extranjeros adoptados en EEUU:link.reuters.com/nyh92v

Huérfanos destinados a EEUU: link.reuters.com/pyh92v

Perfil de niños anunciados: link.reuters.com/ryh92v

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Cuando los Barnes enviaron a Anna a casa con los Eason, ningún abogado o funcionario del Gobierno estuvo involucrado. Nadie supervisó cuidadosamente a los Eason ni tampoco el informe que habían presentado.

Los Barnes y los Eason tampoco informaron a las autoridades de bienestar infantil que Anna iba a ser enviada desde Texas a Illinois.

Eso representa una violación del tratado interestatal ICPC. Texas considera esas violaciones una infracción menor. Illinois también, aunque un funcionario del estado dijo que en los últimos 15 años nadie ha sido procesado por quebrar esa ley. Los Barnes aseguran que jamás oyeron hablar de esa regulación.

En un email enviado a Nicole poco después de la entrega, Lisa escribió sobre el día que entregó a su hija a los Eason: “Cuando nos fuimos, Gary dijo '¿Qué hacemos?’ (...) Yo dije ‘Sube al auto y vamos, y no mires para atrás’”.

Y Lisa agrega: “Espero que ella esté bien”.

LA CAMA DE NICOLE

Cuando Anna llegó a la casa de los Eason, cuenta, el piso estaba manchado de charcos de orina y montañas de excrementos de dos perros que habían sido dejados encerrados en su remolque. Anna dice que los Eason le mostraron fotos de un niño y una niña que, dijeron, habían vivido con ellos en el pasado. Ella preguntó qué había pasado con ellos.

“Su respuesta a mi pregunta fue: ‘Algunas veces los niños simplemente mueren y ellos dos murieron’”, recuerda Anna. Nicole dice que no recuerda qué niños le mostró a Anna aquel día.

Cuando Nicole la animó a elegir una película, Anna dice que sólo encontró filmes pornográficos en un gabinete. Eason asegura que no había pornografía en la vivienda.

Y Anna se dio cuenta de que no tenía cama propia. La primera noche recuerda que durmió al lado de Nicole, que estaba desnuda. A la mañana siguiente, Nicole le preguntó si había sentido como la besaba durante la noche.

Anna dice que luego Calvin y Nicole pretendían que durmiera en medio de ellos, pero que consideró que aquello “se estaba poniendo raro” y se fue a dormir al sillón.

La pareja niega haber compartido su cama con alguno de los niños que recibieron para realojo.

Anna dice que al día siguiente su corazón se disparó cuando vio a un hombre con un sombrero de cowboy en la escuela donde la habían inscrito. Era Gary Barnes, el padre adoptivo que pocos días antes la había entregado a los Eason.

Barnes dice que el día antes fue contactado por una antigua amiga de Nicole, que temía que ésta hubiera respondido al anuncio de Anna.

Según Barnes, la mujer sospechaba que el informe sobre el hogar de los Eason era ficticio. Le dijo que las autoridades habían retirado a por lo menos uno de los niños realojados en casa de Nicole y que temía por la seguridad de Anna.

Y Barnes también se preocupó. Voló a Illinois y fue directo a la escuela donde Anna estudiaba y al verla se sintió aliviado. A su regreso a Tolar, presentó una queja acerca de los Eason en la oficina del Fiscal General de Texas.

El fiscal también recibió información de Lynne Banks, una madre adoptiva en Dakota del Sur que monitoreaba los grupos de realojo en Internet y desconfiaba de los Eason.

En un correo electrónico enviado el 10 de septiembre del 2008 a la Oficina del Fiscal General de Texas, Banks reportó que los Eason habían logrado que les entregaran a cuatro niños.

“Nicole parece tener la práctica de atraer padres adoptivos que quieren terminar con sus adopciones y se lleva a los niños usando documentación falsa”, escribió Banks.

“Literalmente, está cometiendo un fraude”, añadió.

Pero pese al involucramiento de las autoridades en Illinois y a las advertencias a las autoridades de Texas, ninguno de los estados tomó medidas para evitar que los Eason recibieran a otros niños.

VALLEY VIEW

En octubre del 2008, menos de un mes después de que Gary Barnes recuperara a Anna, los Eason obtuvieron otra niña por Internet: Quita, de Liberia.

También en ese caso, las autoridades terminaron retirando a la niña de manos de los Eason. Y tampoco esa vez nadie castigó a los Eason ni a los padres adoptivos que entregaron a la chica.

Posteriormente, los Eason se mudaron a un pequeño estudio en un complejo llamado Valley View Apartments, en Stephentown, en el estado de Nueva York. A comienzos del 2009, Elmer Huntoon, un hombre minusválido de 23 años, vivía con la pareja.

El 25 de abril de ese año, Huntoon se ahogó mientras pescaba en un estanque cercano, según un reporte policial que indica que la muerte fue accidental. Calvin encontró al hombre tendido boca abajo en el agua y Nicole había intentado reanimarlo, dice el texto.

Meses después, en julio del 2009, un pariente de Huntoon llamó a la policía del estado, recuerda el investigador Timothy Northrup. El hombre quería reportar que ahora había un menor viviendo con los Eason en Valley View.

Era el niño guatemalteco de cinco años, que había sido entregado por los Mealey a la pareja.

Tom y Misty Mealey adoptaron al niño en diciembre de 2008. El pequeño resultó ser problemático y una terapeuta le dijo al matrimonio que empeoraría antes de mejorar. Cuando recurrieron a agencias de servicios sociales les dijeron que a menos que hubiera abuso o negligencia, el Gobierno no se haría cargo.

En abril o mayo del 2009, los Mealey colocaron un anuncio sobre el niño en “Respite-Rehoming”, el mismo grupo de Yahoo donde los Barnes habían ofrecido a Anna. Nicole Eason respondió rápidamente.

La mujer le dijo a los Mealey que ella y Calvin no tenían niños, tras varios abortos espontáneos, y querían adoptar.

“Si nos eligen como familia estaríamos felices de aceptarlo (al niño) en nuestras vidas”, escribió Calvin en un correo a los Mealey.

Tom Mealey dice que habría violado la ley si hubiera usado recursos de la policía para investigar a los Eason.

La terapeuta que estaba trabajando con el niño revisó el estudio provisto por los Eason sobre su hogar y conversó con ellos por teléfono, agrega Mealey. La terapeuta, sostiene él, “pensó que podría funcionar”.

Pero había motivos para dudar de la veracidad del documento. En primer lugar, la dirección de la trabajadora social que en teoría había redactado el estudio corresponde a un apartado postal a nombre de la hija biológica de Nicole, cuya custodia les había sido quitada el 2000. Esa información surge con una sencilla búsqueda por Internet.

En segundo lugar, en Illinois no hay ningún registro de la trabajadora social Sharon Smalls, pero sí en Carolina del Sur. Es el nombre de la funcionaria que visitó la casa de los Eason en 2002 para llevarse a su hijo.

Ni los Eason ni los Mealey notificaron de la transferencia a las autoridades de bienestar infantil en Nueva York o Virginia.

Los Mealey afirman que, para garantizar que no hubiera nada ilegal, un abogado los asesoró en la redacción de un documento para la entrega del niño a los Eason y que aconsejó enmarcar la transferencia como una “colocación terapéutica” temporal.

Cuatro días después de que el niño guatemalteco cambiara de manos, la policía de Nueva York recibió el aviso del pariente de Huntoon y el Estado asumió la custodia del menor.

Y esta vez, los servicios sociales tomaron medidas. Los Mealey fueron acusados de negligencia por poner al niño en “riesgo inminente” al entregarlo a los Eason. Las autoridades citaron el hecho de que los propios hijos biológicos de Nicole Eason habían sido retirados de forma permanente de su cuidado.

Nicole dijo a los investigadores que seguía buscando otro niño. “La señora Eason declaró que actualmente está en conversaciones con otra familia que conoció en Internet y que podría proveer apoyo temporal a una ‘niña de 14 años sexualmente agresiva’”, señalan registros judiciales.

Finalmente, los Mealey llegaron a un acuerdo para que se retirara la acusación de negligencia y cedieron sus derechos paternales para que el niño guatemalteco pudiera ser adoptado por una familia aprobada por el Gobierno.

El matrimonio dice que no sabe qué fue del niño y cree que las autoridades de Nueva York también estaban llevando adelante acciones judiciales contra los Eason.

Nueva York tipifica como delito menor la transferencia de custodia de un menor fuera de los límites del estado sin la participación del Gobierno. La norma se aplica a los padres de ambos lados de la transacción.

Pero los Eason no fueron acusados.

Northrup, el investigador de la policía del estado, declara que él no conocía la legislación que rige las transferencias de niños entre estados hasta que fue contactado para este artículo. Agregó que se sintió frustrado por su incapacidad de poner fin a lo que hacían los Eason y que la experiencia le dejó una honda preocupación por lo que podría ocurrirle a los menores cuya custodia es transferida sin el conocimiento del Gobierno.

“Se está exponiendo a esos niños a tráfico de personas, a tráfico sexual y a esclavitud sexual”, dijo.

HACIA ADELANTE

En febrero del 2011, los Eason alquilaron un auto y se fueron a Florida. Ese mismo año, se mudaron a Tucson, Arizona. Fue allí donde Calvin Eason fue condenado por el robo del auto rentado y sentenciado a tres años de libertad condicional.

Como parte de los procedimientos judiciales por el robo del auto, Calvin Eason debía llenar un formulario con una lista de sus parientes. En el documento, con fecha de diciembre de 2011, mencionó los nombres de dos hijos: una niña de nueve años y un niño de ocho.

Cuando Reuters visitó la casa de los Eason, en mayo, no había indicios del niño ni de la niña. Nicole conducía un taxi, mientras Calvin trabajaba como conserje nocturno de una tienda local. Se habían mudado recientemente a la vivienda.

En las entrevistas, los Eason hablaban de los menores que habían recibido. Nicole recitó sus nombres y habló de lo mucho que significa ser padres de esos niños.

“Me hace sentir importante”, explicó. “Es algo así como, ¿qué sería de mí sin ellos?”.

Más que la mayoría de las personas -y ciertamente más que el Gobierno de Estados Unidos- los Eason comprenden los riesgos del intercambio de niños por Internet: las entregas sin supervisión y lo fácil que es para los padres engañar y ser engañados.

“¿Quieres saber lo que está mal en el mundo de la adopción?”, preguntó Nicole. “No recibes información. Te mienten”.

En agosto, los Eason dejaron la casa después de no pagar el alquiler durante dos meses. El administrador dice que encontró cinco perros en la vivienda.

¿DONDE ESTAN AHORA?

Los seis menores que Nicole Eason obtuvo a través de la red subterránea:

* El niño de 10 años que Nicole y el abusador sexual Randy Winslow recogieron en el estacionamiento de un hotel vive con otra familia en el estado de Washington. Hace poco cumplió 18 años. Aún tiene problemas de conducta, según su madre adoptiva.

* Una niña de 8 años que fue retirada de la casa de los Eason ahora vive en Carolina del Norte. Tiene 14 años y está en octavo grado.

* Dmitri Stewart, un niño ruso, tiene 20 años. Se graduó de secundaria y vive con un amigo en el estado de Georgia. Dice que recientemente terminó un tratamiento para abuso de sustancias.

* Anna Barnes, de 18 años, terminó hace poco la secundaria. Fue admitida en la Universidad Tecnológica de Texas pero no cree que pueda pagarla. Reside con amigos y busca un lugar para vivir.

* Quita Puchalla, de 21 años, tampoco tiene hogar propio. Este verano boreal perdió su departamento en las afueras de Milwaukee y está en un alojamiento temporal. Quita ingresó a la Escuela Técnica del Area de Milwaukee, donde piensa estudiar Trabajo Social.

* El niño guatemalteco de 5 años que los Eason recibieron de manos de Tom y Misty Mealey está bajo la custodia del estado de Nueva York. Ahora tiene 9 años.

Reporte adicional de Ryan McNeill, Robin Respaut y Blake Morrison en Nueva York; Editado en español por Esteban Israel y Janisse Huambachano.

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