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Un juego de "santinos" ayuda a un anciano a superar el encierro... hasta que llega el suyo

ROMA, 7 oct (Reuters) - Cada vez que iba a un funeral, Gino Verani salía con un “santino”, la tradicional esquela con una foto del difunto en la parte delantera y una oración en la parte trasera.

Gino Verani, 87, observes a collection of "santino" cards, a traditional laminated card with a picture of a deceased person on the front and a prayer on the back, given to visitors at funerals, that Verani had collected every time he went to a funeral of friends, relatives or acquaintances over the years, in the living room of his home in San Fiorano, Italy, March 14, 2020. Marzio Toniolo, Verani's grandson, who took the photo, said that there were around 150 cards that Verani had collected and that particularly towards the end of Verani's life, he would use the cards as an activity to keep Verani's memory trained saying 'I pointed to the pictures and asked him if he remembered the names. The answers were almost always correct, despite the difficulties associated with memory,' he said. REUTERS/Marzio Toniolo

A lo largo de los años las metía en dos pequeñas cajas de cartón, en un cajón del comedor de su casa de San Fiorano —una población del norte de Italia que estuvo en el epicentro de la pandemia de coronavirus del país— junto con su reloj, un anticuado teléfono móvil y sus llaves.

Para cuando Verani murió el 6 de septiembre a los 88 años, había coleccionado cerca de 150 “santini”, llamados así porque son similares a las tarjetas con iconos de santos católicos romanos.

Esas tarjetas, que representan amigos y a veces hijos de amigos, se convirtieron en parte de los muchos juegos que su familia ideó para mantener la mente de Verani activa contra la demencia invasora durante el confinamiento del país.

“De vez en cuando las ponía todas sobre una mesa y le pedía que identificara las imágenes”, dijo su nieto Marzio Toniolo, de 35 años, profesor de una escuela primaria de la misma localidad.

“Recordaba muchas de ellas, más de lo que recordaba lo que había hecho un rato antes”, dijo.

En un momento dado, durante el encierro más estricto que tuvo lugar de marzo a mayo, cuatro generaciones de la familia Verani-Toniolo vivieron bajo el mismo techo, desde la hija de tres años de Toniolo, Bianca, hasta Verani, su bisabuelo.

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Los juegos eran necesarios porque sólo se permitían paseos cortos hasta una distancia de 200 metros de la casa.

Con una mascarilla y un sombrero de lana, Verani se detenía a menudo a mirar apático un tablón de anuncios donde se publicaban las esquelas de los fallecidos, una tradición que continúa en las ciudades y pueblos más pequeños de Italia.

“Después de que se levantaran todas las restricciones (el 3 de junio), se sintió totalmente liberado. Su estado de ánimo mejoró y su cuerpo también lo hizo durante un tiempo”, dijo Toniolo.

Pero durante el verano, Verani se cayó dos veces. Ya no podía subir las escaleras, así que la familia, incluyendo su esposa Ines, de 85 años, la esposa de Toniolo, Chiara, de 32 años, y su madre, crearon un área en la planta baja para que Verani pudiera dormir en una cama individual.

Había dormido junto a Ines durante 63 años, toda su vida de casado y una cama individual le resultaba incómoda. Cuando conciliaba el sueño, no lograba un sueño reparador. Cuando los miembros de la familia lo limpiaban, se quejaba de dolor.

La familia decidió trasladar a Verani a un hogar de la tercera edad de una población cercana para que los profesionales pudieran cuidarlo, e Ines aceptó a regañadientes. Pero debido a la norma de permanecer en cuarentena durante dos semanas, la familia se dio cuenta de que quizá no volverían a verlo con vida.

“Desde ese momento, mi abuela se encerró en sí misma, oprimida por sentimientos de culpa porque, como dijo, ‘lo enviamos a morir lejos de casa’”, dijo Toniolo.

Verani murió una semana después por causas naturales y su cuerpo fue llevado de vuelta a la casa. Se le vistió con su mejor traje y se le puso en un ataúd flanqueado por dos grandes velas en un velatorio de 24 horas dispuesto en la sala de estar, una tradición en un país donde las ceremonias en las funerarias no son de uso común.

Casi todo el pueblo acudió a verlo. Cada persona recibió un “santino” con la foto de Verani, y Toniolo añadió la imagen a una de las dos cajas de cartón del cajón del comedor, cerrando para siempre la colección de su abuelo.

Archivo fotográfico: reut.rs/30CE5oB

Reporte de Philip Pullella. Editado en español por Andrea Ariet y Marion Giraldo

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