July 4, 2010 / 12:14 PM / 8 years ago

Polémico "popfolk" domina las discotecas de Bulgaria

Por Irina Ivanova

SOFIA (Reuters) - Las cúpulas doradas de la mayor catedral de Bulgaria reflejan los últimos rayos del sol, mientras varios miles de personas bailan al son de atractivos éxitos interpretados por voluptuosas mujeres vestidas de forma provocativa.

El concierto gratuito en Sofía, que conmemoraba el vigésimo aniversario del destacado sello discográfico de “popfolk” Payner, suscitó protestas generalizadas por la elección del sitio: un hito de la democracia en Bulgaria donde se realizaron las primeras manifestaciones tras la caída del comunismo.

Desde que se convirtió en un fenómeno cultural que los búlgaros aman u odian, el “chalga” -como se conoce de forma peyorativa al “popfolk”- generó grandes polémicas por su influencia sobre la juventud y con frecuencia es señalado por el surgimiento del populismo en la política.

Con sus vivaces temas para bailar, letras pegadizas, motivos orientales y gitanos, el “popfolk” es el segundo estilo de música más popular en el país de los Balcanes, sólo superado por el pop occidental, según muestra un reciente estudio de la firma independiente Gallup International.

“Esta música hace que el hombre se transforme en animal. No puedo ponerlo en mejores términos. No puede darle nada a los jóvenes (...) Lamento ver a tantos adolescentes aquí”, dijo el amante del rock Dzhuni Harizanova, de 39 años, quien fue al concierto de Payner para acompañar a un amigo.

Antes prohibido por el régimen comunista de Bulgaria y considerado como una revuelta contra la elite, el “popfolk” tiene el mismo sabor anti institucional que llevó al primer ministro Boiko Borisov al poder.

El rubio platinado Azis rara vez logra escandalizar, ya sea por lucir vestidos ajustados y tacos altos o por casarse con su novio en una improvisada ceremonia homosexual.

“Popfolk es sexo, hablemos con la verdad”, dijo Azis, cuyo nombre real es Vasil Boyanov. “Nosotros vendemos sexo. Mis colegas mujeres (...) hacen que las mujeres sueñen con parecerse a ellas, mientras que los hombres sueñan con ellas”, Azis.

POLITICA DEL “POPFOLK”

El efecto del “popfolk” y sus mensajes fácilmente digeribles está en toda la política búlgara, donde los partidos populistas han estado a cargo durante gran parte de los últimos 10 años, dijo Kiril Avramov, analista del grupo de expertos Political Capital.

No sorprendió que el partido GERB de Borisov celebrara su victoria electoral el verano pasado en un club de “popfolk”. El primer ministro es además el personaje principal en una canción “popfolk” y define la figura del hombre fuerte en muchas más.

Los clubes nocturnos donde se escucha “popfolk”, que muchos locales creen son frecuentados por miembros del crimen organizado, también exudan opulencia y son mayormente visitados por profesionales bien remunerados.

Para sus fanáticos, “popfolk” significa estar de juerga y es común en los casamientos, fiestas de graduaciones u otros eventos que terminan con mujeres con poca ropa, bailando sobre mesas rodeadas por muchachos que chasquean los dedos.

Muchos búlgaros no admiten escuchar “popfolk”, avergonzados de las asociaciones negativas que sugiere el estilo.

Georgi Lozanov, un filósofo por formación y actualmente presidente del Consejo de Medios Electrónicos, dice que “el popfolk es la música de la diversión” y debería ser defendida como parte de la cultura nacional, independientemente de la actitud personal.

Lo que lo hace desagradable, sostiene Lozanov, es que el “popfolk” se está convirtiendo en un estilo de vida que legitima la prostitución por tratar el cuerpo de la mujer como un objeto y presentar las drogas como “el instrumento más simple para el placer efímero”.

SEXO, DROGAS Y “CHALGA” En efecto, la mayoría de las muchachas que bailan en los eventos al son de canciones sobre amor, sexo y hombres seductores presentan la inconfundible apariencia “popfolk” de grandes pechos, extensiones de cabello, un bronceado artificial y ropa ajustada.

La situación es similar en la vecina Serbia, donde la diva del “turbofolk” Svetlana Raznatovic Ceca se ha convertido en un modelo a seguir. Su estatus de celebridad fue impulsado por sus enfrentamientos con las autoridades y el pasado oscuro de su difunto esposo Zeljko Raznatovic, un líder paramilitar serbio acusado de crímenes de guerra.

Intérpretes y fanáticos afirman que el estilo, al igual que cualquier otro, tiene sus buenos y malos ejemplos.

Muchos están convencidos de que ha hecho un progreso tangible desde la década de 1990 y dicen que las críticas sobre lo excesivamente sugestivo de las letras y la vestimenta provocativa de los cantantes carecen de fundamento.

Ivana, todavía una de las cantantes más queridas a pesar de la proliferación de nuevas estrellas, dijo que el objetivo principal del “popfolk” era romper con los tabúes y que la falta de censura había dado lugar a las letras obscenas.

“Lo malo es que (...) esta ola retro de desnudez, cinismo y crudeza ha vuelto a aparecer”, dijo Ivana a Reuters.

Los abultados honorarios de los cantantes de hasta 6.000 levs (3.762 dólares) sugieren que es poco probable que la fiebre del “popfolk” se disipe a la brevedad, pese a las críticas.

Lozanov cree que con el tiempo la globalización terminará con la influencia del “popfolk”.

“La música chalga no puede sobrevivir en un mundo más globalizado (...) es música afeminada”, afirmó Lozanov.

(1 dólar = 1,595 levas)

Reporte adicional de Ivana Sekularac en Belgrado, Editado en español por Marion Giraldo

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