July 25, 2018 / 5:01 PM / 3 months ago

WIDER IMAGE-El próximo desafío de una familia reunida: luchar por lograr asilo en EEUU

NUEVA ORLEANS, EEUU (Reuters) - María Marroquín Perdomo se mostraba preocupada mientras esperaba con su hijo de 11 años Abisai en el Aeropuerto Internacional de Nueva Orleans.

María Marroquín Perdomo acaricia a su hijo Abisai en en asiento posterior de su abogado tras salir del albergue Casa Padre en Brownsville, EEUU, jul 14, 2018. REUTERS/Loren Elliott

Un día antes, ambos habían sido reunidos en Texas, después de que funcionarios estadounidenses les tuvieron separados durante más de un mes, una odisea que siguió a un tormentoso viaje desde Honduras.

Ahora esperan otra reunión: con el padre que Abisai no ha visto en persona desde que era un niño. “Tal vez no vino”, comenta.

Entonces, el niño ve a su padre y corre hacia él. Su madre avanza con más cautela. Desde hace días está consumida por un abanico de emociones: alegría y alivio tras hallar a su hijo; ansiedad por si el padre les querrá realmente tras su prolongado distanciamiento; culpa por los terrores sufridos por Abisai; y miedo por cómo resultará su caso de asilo en medio de la dura ofensiva contra la inmigración en Estados Unidos.

Estas ansiedades son comunes mientras el Gobierno del presidente Donald Trump intenta devolver a unos 2.500 niños inmigrantes a sus padres antes del plazo del 26 de julio fijado por un tribunal.

Sin embargo, las alegres reuniones no son sinónimo siempre de un final feliz. Incluso aunque algunos padres logren entrever la vida que soñaban en Estados Unidos, ahora se enfrentan a nuevos desafíos para evitar la deportación y mantener a sus familias unidas.

Para Marroquín Perdomo, eso significará intentar convencer a un juez de que huyó de Honduras por una de las razones específicas detalladas en las leyes de asilo. No obstante, presentar el caso se convirtió en algo mucho más complicado el mes pasado, tras un decreto del fiscal general, Jeff Sessions, que, según los abogados, invalidó algunas de las justificaciones de asilo más habituales de los centroamericanos, como el temor a una violencia no comprobada a nivel doméstico o de bandas.

Marroquín Perdomo superó su primer obstáculo, tras convencer a un funcionario de que tenía un “miedo creíble” de volver a su hogar. Esa determinación se basó en su recuento de cómo le golpearon dos policías con una pistola, irrumpieron en su casa e intentaron extorsionarla, de acuerdo a una transcripción de su entrevista a la que tuvo acceso Reuters.

No obstante, la mayoría de los inmigrantes que pasa esta primera prueba no obtiene el permiso final para quedarse en Estados Unidos, y los hondureños tienen una tasa de éxito especialmente baja.

Entre 2007 y 2017, solo el 16 por ciento de los hondureños cuyos casos fueron decididos en tribunales migratorios obtuvo el asilo u otro permiso para quedarse, según un análisis de datos de la Oficina Ejecutiva de Revisión para Inmigración consultados por Reuters.

En su decisión del 11 de junio, Sessions redujo bastante las circunstancias según las cuales los inmigrantes pueden usar la violencia en casa como excusa para obtener asilo en Estados Unidos. Para calificar ahora, los solicitantes deben mostrar o que el gobierno condenó la violencia o que fueron un objetivo por pertenecer a un grupo “socialmente distinto”, basado en características como raza o religión.

También dio instrucciones a los jueces de inmigración y funcionarios encargados de los asilos para que consideren el cruce fronterizo ilegal como un “factor adverso grave” a la hora de decidir un caso y evalúen si los afectados podían haber escapado del peligro reubicándose dentro de sus propios países.

El caso de Marroquín Perdomo no tiene muchas posibilidades de triunfar en la corte, dijo David Ware, un abogado de inmigración de Nueva Orleans.

“Es difícil ponerla en un grupo diferente”, afirmó. “Lo triste de los inmigrantes centroamericanos es que están huyendo de lo que equivalen a estados fallidos con altos niveles de criminalidad”.

La abogada texana Jodi Goodwin, que ayudó a reunir a Marroquín Perdomo con su hijo, aseguró que está viendo un aumento de las solicitudes de asilo que no logran superar las entrevistas iniciales.

“Sessions hizo lo que pudo para destripar la ley de asilo”, dijo.

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LA HUIDA

La base de la petición de asilo de Marroquín Perdomo, descrita bajo juramento en su entrevista inicial, es un ataque que, según dijo, ocurrió el 20 de mayo.

Dos agentes uniformados de la Policía Nacional de Honduras irrumpieron en su casa y le exigieron dinero, indicó. Uno de ellos le agredió con una pistola. Más tarde, después de que se fueron, el teléfono sonó y una voz le exigió que tuviera el dinero en 24 horas si no quería morir, de acuerdo a la transcripción de su narración a las autoridades.

Marroquín Perdomo lleva tiempo separada del padre de Abisai, Edward Montes López, pero se mantuvo en contacto con su hijo a través de llamadas telefónicas, correos electrónicos y videollamadas.

Juntos decidieron que María debía huir con su hijo menor, Abisai, a Nueva Orleans. No podían permitirse trasladar a toda la familia y los otros cinco hijos eran ya adolescentes mayores o adultos.

Montes López pidió prestado 3.000 dólares a amigos entre las varias decenas de hondureños con los que trabajaba como soldador para un astillero de Nueva Orleans para ayudar a pagar el viaje.

Dos días después de las amenazas policiales, la madre y su hijo comenzaron su trayecto hacia el norte, viajando durante 15 días en furgoneta, autobús y camión, afirmó. En un momento llegó a pasar una noche en un tráiler con 108 personas.

Marroquín Perdomo cerró los ojos y tomó a Abisai mientras cruzaban el río Bravo el 6 de junio en una balsa atestada que parecía una “piscina para niños”, comentó. Fueron capturados rápidamente en la otra orilla.

LA SEPARACIÓN

Junto a su hijo pasaron la primera noche en Estados Unidos en el suelo de un centro de procesamiento de la Patrulla Fronteriza en McAllen, Texas. Al día siguiente, según narró, le pusieron grilletes y fue trasladada a una corte federal cercana. Funcionarios migratorios le dijeron que Abisai le estaría esperando cuando regresara.

Pero no estaba. Como cientos de niños más, fue separado de su madre siguiendo la política de “tolerancia cero” del Gobierno de Trump hacia la inmigración ilegal, que fue anunciada en abril. Según la estrategia, todos los adultos que crucen de manera ilegal la frontera será juzgados y sus hijos pasarán al cuidado del Departamento de Salud y Servicios Humanos.

Los agentes no le dijeron dónde fue llevado Abisai y Marroquín Perdomo aseguró que estuvo 15 días más sin conocer su paradero.

Goodwin declaró que es habitual que no se diga a padres e hijos qué está ocurriendo en el momento de la separación, reiterando algo que otros inmigrantes han dicho a Reuters y en documentos judiciales.

“Les dijeron a todos que ´cuando vuelvas, tu hijo te estará esperando´”, comentó.

Daniel Hetlage, portavoz de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, confirmó que fueron separados mientras ella estaba ante el tribunal, pero aseguró que no podía determinar qué le dijeron los agentes durante el proceso.

Engañar a los padres durante la separación con sus hijos podría violar la política de la agencia, indicó Hetlage, y es habitual que a los padres se les den instrucciones escritas para saber dónde fueron enviados sus hijos y cómo contactarlos.

Trump ordenó en junio el fin de las separaciones familiares, tras la ola de críticas que generaron sus políticas. Un juez federal de San Diego ordenó al Gobierno que reúna a las familias separadas para el 26 de julio.

SALMOS 121:8

Dos días después de cruzar el río Bravo, Marroquín Perdomo fue transferida al gran centro de detención de Inmigración y Aduanas de Port Isabel, a las afueras de Brownsville, Texas. Allí se unió a otras tres madres, todas cristianas, y pasó los días llorando, rezando y ayunando con ellas.

Después de dos semanas, dijo que su hijo llamó finalmente. No tuvo privacidad mientras hablaba y no quería preocuparle, así que solo le repitió: “Estaremos juntos muy pronto”, aunque no sabía si era verdad.

Al final resultó que Abisai no estaba muy lejos. A diferencia de otros niños que fueron trasladados a miles de kilómetros de sus padres, fue enviado a Casa Padre, una instalación diseñada para albergar a hasta 1.500 niños en un antiguo Wal-Mart Supercenter a unos 40 kilómetros de su madre.

Marroquín Perdomo fue puesta en libertad el 13 de julio y un día después fue reunida con su hijo en la recepción de Casa Padre. Mientras se enlazaban en un largo abrazo, ella le pedía perdón, afirmó Goodwin, que fue testigo de la escena.

“Ella cree que fue todo culpa suya”, dijo Goodwin sobre la separación. “No es para nada su culpa”.

Marroquín Perdomo entregó a su hijo un juego de coloridas cartas hechas a mano por ella durante su detención. En una de ellas, dibujó flores rodeando el capítulo 121 versículo 8 del libro de los Salmos de la Biblia: “Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre”.

Reporte de Brian Thevenot en Nueva Orleans y Loren Elliott en Nueva Orleans y sur de Texas; editado en español por Carlos Serrano

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