September 14, 2018 / 5:44 PM / a month ago

WIDER IMAGE-El acuerdo de paz todavía no se palpa en ciudad abandonada de Sudán del Sur

MALAKAL, Sudán del Sur (Reuters) - Las vides de hojas amarillas se extienden a través de los marcos de ventanas vacías y paredes de ladrillo que se desmoronan. Los postes de electricidad se inclinan a lo largo de la carretera y sus cables cuelgan muertos. El cartel del ayuntamiento de Malakal está lleno de agujeros de bala.

Desplazados internos permanecen en los techos en el Campo de Protección de Civiles (POC), manejado por la Misión de Naciones Unidas en Sudán del Sur cerca de la ciudad de Malakal, Sudán del Sur, 8 de se´ptiembre del 2018. REUTERS/Baz Ratner

El presidente de Sudán del Sur, Salva Kiir, y los grupos rebeldes firmaron el miércoles un acuerdo de paz para poner fin a una guerra civil que dejó al menos 50.000 muertos, pero quienes huyeron de la segunda mayor ciudad del país, un centro de comercio convertido en pueblo fantasma, todavía temen volver a sus hogares.

Josephine Adiemis, de 42 años y quien vive con su familia de ocho integrantes en un campamento cercano dirigido por Naciones Unidas, no cree que todavía sea seguro volver a casa ya que teme que esté lleno de ocupantes ilegales.

“No hay paz ahora. Si vuelvo antes de que se implemente el acuerdo, puede pasar que me mate alguien que se haya metido en mi casa”, agregó Adiemis en el campamento de la ONU mientras miraba cientos de casas improvisados cubiertas con plásticos blancos.

La violencia estalló en la zona en 2015. Sudán del Sur se sumió en la guerra en 2013, dos años después de la independencia de Sudán, cuando una disputa política entre Kiir y el entonces vicepresidente Riek Machar derivó en un enfrentamiento armado.

    Alrededor de un cuarto de los 12 millones de habitantes de Sudán del Sur han sido desplazados y la economía del país, que depende en gran medida de la producción de petróleo, quedó arruinada.

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En Malakal, un antiguo centro de acopio para productos enviados a la vecina Sudán, se ven escuelas a punto de derrumbarse, ediciones del Corán dañadas en mezquitas abandonadas y autos oxidándose en los campos.

El campamento de la ONU cerca de Malakal debía ser temporal, dijo Hazel de Wet, quien dirige la misión. La funcionaria se mostró cautelosamente optimista sobre las perspectivas de paz en el área.

Pero antes que la gente regrese desde el campamento a sus hogares en Malakal y las aldeas vecinas, deben abordarse los desafíos de seguridad, destacó. “La gente vino a buscar protección, y por lo tanto, antes de que quisieran irse, querrían estar seguros de su seguridad y protección”, sostuvo De Wet en diálogo con Reuters.

Peter Aban Amon, ministro de Información en la región del Alto Nilo, dijo que está alentando a la gente a volver a casa.

“Malakal está bien administrado por el gobierno, que ahora está funcionando”, dijo el funcionario, quien agregó que la ciudad ha visto un ligero crecimiento de la población en los últimos dos años.

Sin embargo, una mirada al área sugiere que la mayoría de sus habitantes todavía prefiere la seguridad ofrecida por el campamento de la ONU, que está fuertemente vigilado.

Su mercado es bullicioso, mientras que el de Malakal está inquietantemente silencioso debido a que, por ejemplo, los peces capturados del Nilo son llevados directamente a la misión de la ONU y no a la ciudad.

Editado en español por Javier Leira

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