November 29, 2009 / 11:28 AM / 9 years ago

Plan de selva amazónica aguarda por acuerdo cambio climático

Por Stuart Grudgings

BOA FRENTE, Brasil (Reuters) - Un bote se abre camino por un río verde, llevando a Jose de Olivera Quadro a lo largo de un viaje que podría haber sido inútil hace unos años.

Unos extraños estuvieron pescando en el lago de su aldea y Quadro hace un trayecto de dos horas en busca de ayuda del puesto policial cercano en la vasta selva amazónica de Brasil.

Admite que probablemente no se habría molestado antes de que su comunidad formara parte de un esquema pionero, que paga a cada familia unos 30 dólares al mes para cuidar del bosque.

“No puedo permitir se lleven la comida de nuestras mesas”, dijo el hombre de 35 años. “Gracias a Dios tenemos más ayuda estos días”, agregó.

El viaje de Quadro es parte de un nuevo capítulo en la larga lucha por salvar la mayor selva del mundo, una parte central de las negociaciones en Copenhague el mes próximo sobre un nuevo acuerdo global contra el calentamiento del planeta.

Su pequeño asentamiento es una de las 36 comunidades y 320 familias que reciben pagos en la reserva Juma, en el primer proyecto oficial de reducción de emisiones del Amazonas.

Los esquemas de trabajo REDD, cuyas iniciales significan la Reducción de Emisiones de la Deforestación y Degradación y que permiten la venta de créditos para compensar la contaminación en otros lugares, son poco comunes en este momento.

Pero un acuerdo que lo incluya podría ser una herramienta potente para reducir la deforestación, que representa hasta un 20 por ciento de las emisiones de carbono en el mundo, más que todos los autos, barcos y aviones del mundo combinados.

“Lo que el mundo necesita comprender es que hemos hecho la limpieza de nuestra casa, hemos valorado la selva tanto como pudimos y ahora necesitamos una respuesta o la gente terminará exigiendo la selva para sobrevivir”, dijo a Reuters el gobernador del estado de Amazonas, Eduardo Braga.

Experto en las tratativas en materia de clima global, Braga es la cara moderna de un estado de casi el tamaño de Alaska, cuyo Gobierno anterior entregó sierras gratis a los leñadores.

El político de 48 años creó el programa “Bolsa Floresta” que reparte el estipendio mensual a unas 7.000 familias de la selva, incluyendo a Juma. Asegura que un buen acuerdo sobre el REDD podría llevar el programa a 60.000 familias para el 2014, cerca de la mitad de la población del estado de Amazonas.

PREOCUPACIONES

Con más de la mitad de la selva mundial en pie y el 55 por ciento de las emisiones de gas invernadero de Brasil por su destrucción, el Amazonas es tanto un villano y como una víctima del cambio climático.

El programa REDD ofrece un modo de reducir la destrucción que ha arrasado con casi un quinto de la selva y combatir la pobreza que permanece en niveles africanos, a pesar del crecimiento económico de Brasil.

Sin embargo, las esperanzas están mezcladas con la preocupación ante el papel del sector privado y por si los habitantes de la selva tienen suficiente voz y voto en las decisiones tomadas a miles de kilómetros de distancia.

Los bancos, firmas de comercio de carbono, y las compañías que buscan reforzar sus credenciales ambientales están incrementando su interés de cara a Copenhague, y los cálculos dicen que el REDD podría aportar 16.000 millones de dólares al año sólo a Brasil.

Coca Cola Co, el banco brasileño Bradesco, y la cadena de hoteles Marriott ayudan a financiar el proyecto Bolsa Floresta.

Grupos ambientales como Greenpeace están preocupados porque la excesiva dependencia en los mercados de carbono por fondos podría resultar en la especulación o en un aluvión de créditos baratos, posibilitando que los países ricos puedan seguir contaminando a un bajo costo.

Los críticos del REDD en Brasil dicen que corre el riesgo de hacer que altos niveles de deforestación amazónica resulten aceptables. El Gobierno de Brasil pregonó este mes el menor índice de deforestación en dos décadas, pero los 7.000 kilómetros cuadrados despejados en el año que terminó en agosto todavía equivalían a nueve ciudades de Nueva York.

Después de una tibia respuesta inicial al REDD, se espera que el Gobierno de Brasil lo respalde en Copenhague.

En Amazonas, sin embargo, no todo el mundo ve a Juma y a la Fundación Amazonas Sustentable privada que la administra como un modelo deseable.

“Si esto es el REDD, necesitamos combatirlo”, dijo Rubens Gomes, coordinador del Grupo de Trabajo Amazonas, un organismo que abarca a las organizaciones sociales y ambientales del Amazonas.

Unos 49 grupos sociales publicaron una carta abierta en octubre rechazando los esquemas mercantiles de REDD.

Gomes se queja de que grupos como el suyo fueron excluidos de la creación de la fundación, dirigida por el ex secretario ambiental de Braga Virgilio Viana. A Gomes le preocupa que los pagos creen una cultura de dependencia.

“Sin otra fuente de ingreso, no podremos crear oportunidades y ellos seguirán intercambiando árboles por alimento y ropa”, dijo Gomes.

SUSTENTABILIDAD

El pago de 30 dólares mensuales es un complemento útil más que una reestructuración de los ingresos familiares en Juma, que pueden oscilar entre los 2.000 y los 5.000 dólares al año.

Pero para Quadro y los otros habitantes de Juma, situado en una zona amenazada por la intrusión de una gran autopista, el pago financiado por las contribuciones de los huéspedes del Marriott parece estar cambiando el modo en que ven al bosque.

“Si sacamos los árboles de las orillas del río, el río se secará y perjudicará a nuestros peces”, dijo, parado frente a unos árboles que resonaban ante los graznidos de los loros.

“Si sacamos los árboles de la tierra, perjudicará nuestra caza y nos quedaremos sin comida para nuestros hijos”, agregó.

Las familias que reciben la Bolsa Floresta prometen abandonar las prácticas destructivas y actuar como los ojos y oídos del bosque informando sobre deforestación ilegal, un rol que a menudo está más allá de la agencia ambiental de Brasil.

La idea es conservar las emisiones de carbono en la reserva comparado con un escenario de “más de lo mismo” a ser vendido en forma de créditos, y que los fondos sean usados para mejorar la educación y estimular a las industrias sustentables, como la recolección de nueces.

Dado el pronóstico de que Juma generará 3,6 millones de toneladas de crédito en sus primeros 10 años, podría esperar ganancias imprevistas de más de 7 millones de dólares al año en base a los precios actuales del carbono.

Un estudio de McKinsey & Company encontró que para el 2030 Brasil podría reducir sus emisiones en un 40 por ciento.

En Juma, no obstante, continúa la deforestación de la propia comunidad, tala y quema para la siembra de cultivos tradicionales. El suelo amazónico escaso en nutrientes es una pesadilla para los granjeros, lo que fuerza a las comunidades a derribar árboles para obtener tierra fresca.

Los ambientalistas dicen que para que proyectos como el de Juma sean sustentables a largo plazo y evitar la dependencia, necesitan pasar a la permacultura que pueda coexistir con la selva y fortalecer el débil mercado de los productos forestales.

Editado en español por Marion Giraldo

0 : 0
  • narrow-browser-and-phone
  • medium-browser-and-portrait-tablet
  • landscape-tablet
  • medium-wide-browser
  • wide-browser-and-larger
  • medium-browser-and-landscape-tablet
  • medium-wide-browser-and-larger
  • above-phone
  • portrait-tablet-and-above
  • above-portrait-tablet
  • landscape-tablet-and-above
  • landscape-tablet-and-medium-wide-browser
  • portrait-tablet-and-below
  • landscape-tablet-and-below