March 27, 2019 / 12:56 PM / 25 days ago

ENFOQUE-Sequía y aguas más frías: los primeros síntomas del cambio climático en Isla de Pascua

ISLA DE PASCUA, Chile (Reuters) - Para sumergirse unos 20 metros en las aguas polinésicas que rodean a Isla de Pascua, el buzo Ludovic Burns Tuki ahora necesita un traje de neopreno.

Imagen de una plataforma de moai sobre una pendiente en Isla de Pascua, Chile. Enero, 2019. REUTERS/Jorge Vega

El promedio de temperaturas del mar en esta zona subtropical del océano Pacífico, unos 3.700 kilómetros al oeste del Chile continental, ha empezado a descender lentamente y los pobladores de la emblemática Rapa Nui lo están notando.

“Estamos frente a una problemática que es una realidad. En los años en que soy buzo, he visto cambios que nos están afectando en las costas”, dijo a Reuters Burns Tuki, de 41 años, que además dirige la organización ambientalista Mesa del Mar.

Autoridades y comunidades locales apuntan al cambio climático, pero además están alarmados por otro síntoma: la peor sequía en la historia del pequeño territorio de 166 kilómetros cuadrados ha drenado sus tres principales humedales y podría poner en riesgo sus reservas de agua dulce.

A ello se suman marejadas más intensas, pérdida de suelos por erosión, una actividad turística voraz y la contaminación del mar por toneladas de basura plástica que giran en torno a la isla habitada más remota del mundo.

Estudios climáticos preliminares sugieren que a diferencia de otras partes del planeta, donde se produce un calentamiento de los mares, el área sureste del océano Pacífico donde está situada la Isla de Pascua se estaría enfriando a un ritmo cercano a 0,15 grados centígrados por década.

“Conversé con personas que me indicaban que tenían la sensación de que el mar estaba más frío, ya hace cuatro años”, dijo a Reuters el oceanógrafo Marcel Ramos, investigador del Núcleo Milenio ESMOI, un centro de estudios que recaba datos para sustentar políticas públicas de conservación oceánica.

Chile ha encargado estudios con proyecciones climáticas para las próximas décadas en las que incluirá por primera vez a territorios como Isla de Pascua, donde hasta ahora no existen cálculos oficiales en torno al cambio climático.

El objetivo es fijar indicaciones específicas para Rapa Nui en conjunto con la comunidad local.

“Se ha establecido que las principales variables (que incidirán en la isla) serán la disminución de las lluvias y el aumento de marejadas”, dijo Carolina Urmeneta, jefa de la oficina de cambio climático del Ministerio de Medio Ambiente, en entrevista con Reuters.

UNA SEQUÍA Y PLANTAS INVASORAS

Isla de Pascua, que atrae visitantes con sus más de 1.000 esculturas de piedra erigidas por los rapanui, es uno de los seis sitios patrimoniales más vulnerables al cambio climático en el mundo, de acuerdo con un informe de la UNESCO.

Además de la erosión por marejadas más fuertes, Rapa Nui atraviesa por un inquietante periodo de disminución de lluvias. El 2017 fue el año más seco de su historia, al registrar apenas 670 milímetros de precipitaciones, frente al promedio anual de 1.100 milímetros, según expertos.

El año pasado, la descarga pluvial mejoró hasta acercarse a unos 900 milímetros, pero la sequía prevalece en la isla y los expertos temen que la tendencia de menores precipitaciones se mantenga.

En las orillas de la laguna Rano Raraku, uno de los tres depósitos superficiales de agua de la isla, trabajadores de la agencia gubernamental CONAF extraen a mano plantas invasoras - en su mayoría procedentes del continente - que dañan el sensible ecosistema al ser dispersados por el paso de animales como vacas y caballos.

Rano Raraku llega a secarse en el verano y ha dejado de ser el centro de competencias de nado ancestral en las festividades de Rapa Nui que se han desarrollado por siglos, como la celebración de la Tapati.

Los otros dos humedales también sufren las inclemencias de la sequía y el efecto en napas subterráneas que proveen agua potable a los residentes aún se desconocen.

“El primer signo de cambio climático acá en la isla es el hecho de que se haya secado por completo el humedal”, dijo Tahira Edmunds, una conservacionista local, en entrevista con Reuters.

“Nos sentimos afectados por todo lo que pasa en el mundo y acá en la isla nos pega harto”, afirma, mientras observa la laguna plagada de totoras y cardos espinos.

El libre paso de animales de la ganadería también incide en los niveles de agua de la laguna y las autoridades buscan cercar el área. Para disminuir el impacto, la CONAF también lleva adelante un programa de reforestación con el que planea añadir unos 70.000 árboles a la isla en 2019.

AVES, CENTINELAS EN EL OCÉANO

Al noroeste de Rapa Nui, en el islote deshabitado de Salas & Gómez, los polluelos de aves marinas aparecen muertos en sus nidos, enredados con fragmentos plásticos, según un estudio científico sobre contaminación marina en islas chilenas al que Reuters tuvo acceso y en el que participó ESMOI, que recibe aportes estatales.

Los científicos observan a las poblaciones de aves porque las consideran un faro biológico sobre lo que pasará en los ecosistemas subtropicales, ya que sus hábitos de nidificación y migración son más visibles en la fauna oceánica.

Las dos islas integran el área marina protegida más extensa de Latinoamérica, pero su rica biodiversidad con especies endémicas está amenazada por toneladas de basura flotante en el mar procedentes del continente y de la pesca industrial.

Isla de Pascua está en el ojo del llamado “Giro del Pacífico Sur”, una de las cinco manchas de basura plástica que existen en el mundo y que son arrastradas por las corrientes oceánicas.

Gaviotines, fragatas y fardelas, incluido el Manutara, el ave símbolo en los rituales ancestrales de Rapa Nui, ahora “adornan” sus nidos no con algas o piedras, sino con trozos de basura.

“Hemos encontrado polluelos muertos en los nidos debido a que quedaron atrapados en cordeles y basura plástica cuando quisieron volar”, dijo a Reuters Guillermo Luna, biólogo y experto en aves de islas oceánicas de ESMOI, que participó del estudio finalizado en 2018.

Investigadores del centro ESMOI y académicos detectaron al menos 12 especies de aves marinas que nidifican en Salas & Gómez, a 400 kilómetros de Isla de Pascua, hasta donde llegan las especies migratorias.

Pero el plástico afecta también a varios tipos de aves tropicales, cinco especies de tortugas y decenas de variedades de peces polinesios, como el “nanue” (pez timón), esencial para la dieta de los habitantes rapanui y que ha sido hallado con estos desechos en sus entrañas por pescadores y buzos.

Los efectos para la salud humana en la isla con 7.500 habitantes aún no son cuantificados, pero científicos sospechan que la interacción con los plásticos inevitablemente llega a las bocas de los pobladores locales.

Se estima que unas 19.000 toneladas de basura no orgánica flotan en el giro marítimo que circunda Rapa Nui, pero el volumen es difícil de calcular porque el plástico se va fragmentando y más tarde es confundido por peces y aves como alimento.

EL DOBLE FILO DEL TURISMO

Si bien la comunidad local está en alerta, los riesgos del cambio climático todavía son imperceptibles para la principal actividad económica del territorio polinesio: el turismo.

En febrero, desde la costanera pascuense de Hanga Roa podían verse al menos dos cruceros apostados cada semana, un reflejo del acelerado aumento de visitantes que presiona los limitados suministros de agua y alimentos de la isla.

De acuerdo a datos preliminares, Rapa Nui recibió hasta 130.000 turistas en 2018, un alza de al menos 30 por ciento frente a cinco años atrás, por una mayor oferta de vuelos y paquetes turísticos.

Una nueva ley para regular el turismo, inédita en Chile y similar a la que rige para otros ecosistemas sensibles como Galápagos en Ecuador, estipula un tiempo máximo de estadía de 30 días para visitantes, incluso para chilenos continentales sin vínculos familiares con la etnia rapanui, en flujos que tendrían que graduarse si se supera una carga demográfica determinada.

El turismo generó ingresos cercanos a 100 millones de dólares el año pasado en Isla de Pascua, según referencias de la alcaldía.

Ante la oleada de visitantes, autoridades sostienen que pronto se llegará a un punto considerado “meseta” de 150.000 turistas por año, que sería el nivel máximo de visitantes sin poner en riesgo los recursos de la isla. De alcanzar este número, los funcionarios podrían poner en marcha restricciones temporales al ingreso bajo la nueva ley.

Las comunidades locales buscan enfocarse además en un tipo de turismo que promueva el desarrollo sustentable y sus vestigios arqueológicos, y que mantenga las características propias de la cultura rapanui.

“Llegar a un lugar tan lejano y no ver, por ejemplo, un Starbucks, es parte de la esencia de Rapa Nui. Y luchamos para no tener eso”, dijo Uko Tongariki Tuki, jefe del Departamento de Turismo de la municipalidad.

Reporte de Marion Giraldo, con colaboración de Reuters Televisión. Editado por Juana Casas y Pablo Garibian

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