January 4, 2019 / 7:55 PM / 14 days ago

ANÁLISIS-Los "Chicago Oldies" de Brasil intentan revivir el guión económico de Pinochet

BRASILIA (Reuters) - El nuevo ministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes, trabajó en Chile hace 40 años tras obtener su doctorado en la Universidad de Chicago, lo que le procuró un asiento en primera fila en el tratamiento de choque económico que aplicó el dictador Augusto Pinochet.

Una combinación de fotos -de arriba a abajo y de izquierda a derecha- del ministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes; el presidente del banco BNDES, Joaquim Levy; el nuevo presidente de Petrobras, Roberto Castello Branco y el presidente del Banco do Brasil, Rubem Novaes. REUTERS/Adriano Machado/Ueslei Marcelino/Sergio Moraes/Adriano Machado/

Incluso pese a que el régimen autoritario de Pinochet dejó un brutal legado de violaciones a los derechos humanos, con más de 3.000 opositores izquierdistas ejecutados y torturas a más de 40.000 personas, también concitó elogios tanto a nivel local como en el extranjero por dar carta blanca a un equipo formado por el economista ganador del premio Nobel Milton Friedman.

Al impulsar soluciones de libre mercado, como la privatización de empresas estatales y la eliminación de barreras comerciales, los “Chicago Boys”, como se les conocía, sentaron las bases para convertir a un país pobre en la economía más exitosa de América Latina según la mayoría de los indicadores.

Ahora, Guedes y un equipo de economistas ortodoxos a los que denominó “Chicago Oldies” esperan emular la experiencia chilena en una escala mucho mayor en la octava economía más grande del mundo.

El nuevo presidente derechista de Brasil, Jair Bolsonaro, quien asumió el cargo el martes, le dio a Guedes libertad para aplicar políticas promercado para restablecer el crecimiento y la confianza en una economía ahogada por los impuestos, la burocracia y la corrupción.

Guedes planea bajar impuestos, disminuir la burocracia, abrir mercados y recortar el tamaño del gobierno mediante la venta de empresas estatales para reducir la deuda pública. En la actualidad, la deuda pública bruta de Brasil es del 77 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), bastante alto para una economía en desarrollo.

Las políticas de Bolsonaro son música para los oídos de la comunidad empresarial tras años de gobiernos izquierdistas que, si bien sacaron de la pobreza a 30 millones de brasileños, generaron déficits insostenibles y profundizaron la peor recesión registrada en el país, de la que aún se está recuperando.

Guedes, un exbanquero de inversión, carece de experiencia política para lidiar con el fragmentado Congreso brasileño y enfrentará una fuerte resistencia popular a la reforma de un sistema de pensiones inflado, que permite a muchos brasileños retirarse con 50 años.

Bolsonaro debe construir aún una mayoría en el Congreso para respaldar su agenda legislativa, pero, al rehuir el tradicional regateo de la política brasileña, podría enfrentar una oposición en temas sensibles a nivel nacional, como las pensiones y las privatizaciones.

Sin embargo, el real ha subido en las últimas semanas, ya que muchos inversores creen que el equipo ideológicamente coherente formado por Guedes -conocido como el “dream team” por algunos observadores del mercado- lidiará con el costo persistentemente alto de hacer negocios en Brasil, que ha alejado a la inversión extranjera.

Entre los nombramientos hay veteranos en los tratos con el Congreso para compensar la falta de exposición política de Guedes, así como funcionarios de carrera que saben cómo funciona la maquinaria del gobierno.

“Es una muy buena combinación de personas que comparten su visión de las cosas, incluidos economistas que tienen la misma mirada altamente liberal de la Universidad de Chicago, y viejos amigos en los que confía”, dijo Tony Volpon, economista de UBS.

Bolsonaro ha adoptado gran parte de la agenda de Guedes porque entiende la urgencia de las reformas que necesita la economía, argumentó Volpon. El déficit anual del sector público comprende un insostenible 7 por ciento del PIB.

“Los inversores le han dado mucho tiempo a Brasil para poner su casa en orden. Con un gobierno electo y un nuevo ministro de economía que está comprometido con la reforma de las pensiones, no hay más excusas. Tienen que cumplir”, señaló.

LOS “CHICAGO BOYS” BRASILEÑOS

Guedes seleccionó a otros exalumnos de la Universidad de Chicago para dirigir la compañía más grande de Brasil, Petrobras, y algunos de sus principales bancos estatales, instituciones clave en la mayor economía de América Latina.    El economista Roberto Castello Branco asumió el jueves como el nuevo director ejecutivo de Petroleo Brasileiro SA, la endeudada petrolera administrada por el Estado que está en el epicentro del escándalo de corrupción más grande de la historia de Brasil.

Joaquim Levy, exdirectivo del Banco Mundial y exministro de Hacienda, fue designado para dirigir el poderoso Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social del país (BNDES).

Rubem Novaes, otro doctor en Economía de la Universidad de Chicago, se hará cargo del estatal Banco do Brasil, el banco más grande de América Latina.

Castello Branco, un crítico de la interferencia del Estado en la economía, dijo que está a favor de vender Petrobras, una opinión compartida por Guedes pero resistida por los generales retirados del Ejército que conforman un tercio del gabinete en el gobierno conservador nacionalista de Bolsonaro, otro alto mando militar retirado.

Guedes dijo el miércoles que quiere acelerar el programa de privatización, que proyecta podría generar hasta 1 billón de reales (266.000 millones de dólares).

OBSTÁCULOS POLÍTICOS

El expresidente del Banco Central Carlos Langoni, quien dio clases de Economía a Guedes antes de enviarlo a hacer un doctorado en su “alma mater” en Chicago, dijo que Brasil ha llegado a un punto en el que tiene que deshacerse de compañías estatales -probablemente con la excepción de Petrobras- para aumentar la eficiencia y evitar una crisis presupuestaria.

Langoni, que aún asesora a su exalumno, dijo que Guedes fue capaz de convencer a Bolsonaro -a menudo refractario a estas ideas durante sus 28 años de carrera en el Congreso- de que la privatización y la desregulación son necesarias.

“No se me ocurre a nadie mejor formado y equipado para implementar esto que el equipo de Paulo Guedes”, dijo en una conversación telefónica. “Realmente tienen el conocimiento, la formación académica y todos han tenido carreras muy exitosas en negocios privados”.

Sin embargo, los desafíos que enfrentan son formidables. El Gobierno de Brasil gastará el 32,6 por ciento de su presupuesto en desembolsos por pensiones, superando ampliamente la proporción incluso en países con poblaciones mucho más “envejecidas”, como Japón e Italia.

El viernes, Bolsonaro propuso un modesto aumento en la edad mínima de jubilación para los hombres hasta los 62 años para 2022, desde la edad promedio actual de 55 años, medida que probablemente generará una fuerte resistencia en el Congreso y en las calles.

Michael Shifter, presidente del centro de estudios Inter-American Dialogue en Washington, dijo que Guedes carece de la experiencia política necesaria para obtener la aprobación de una reforma de pensiones impopular, así como desregulaciones y privatizaciones en general.

Algunos expertos dicen que sería imposible imitar el cambio económico de Chile si no es con una dictadura militar, debido a los arraigados grupos de interés la resistencia política.

“Pinochet no tuvo que preocuparse por lidiar con un Congreso fraccionado, ya que no existió uno bajo su dictadura, ni con intereses proteccionistas”, dijo Shifter.

Editado en español por Carlos Serrano

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