February 25, 2019 / 4:59 PM / 21 days ago

ENFOQUE-De niño soldado a luchar por los derechos de la comunidad transgénero en Colombia

PASTO, Colombia (Thomson Reuters Foundation) - Cuando los guerrilleros de las FARC de Colombia aparecieron en la casa de Cristian Camilo González hace casi dos décadas, y lo empujaron a un camión con apenas 14 años, su infancia feliz terminó abruptamente.

Foto de archivo de una localidad construida por exmiembros de las FARC en Caqueta, Colombia. Oct 25, 2017. REUTERS/Luis Jaime Acosta

Al crecer en una aldea rural, González supo desde temprana edad que era diferente de los otros niños. No jugaba al fútbol y se sentía atraído por los niños y la ropa femenina. A pesar de ser criado como católico en un hogar conservador, sus padres permitieron que González fuera diferente.

Pero una vez forzado a sumarse a las filas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), aprendió rápidamente que ser gay puede tener consecuencias fatales.

    “Bajo sus reglamentos la homosexualidad fue prohibida y se pagaba con la muerte”, dijo González, ahora de 33 años, a la Fundación Thomson Reuters. “Para las FARC, la homosexualidad era vista como una aflicción yanqui y un crimen. Mi sexualidad era incompatible con sus reglas”.

Los combatientes que desobedecieron las reglas fueron castigados, y su destino fue decidido por el consejo de las FARC.

    “Había un juicio de guerra para decidir sobre dos mujeres que tenían una relación sentimental, una fue transferida a otro campamento y la otra fue asesinada a tiros”, dijo González. “Fue después de esto que supe que tenía que irme”.

    Luego de un año en las filas rebeldes, surgió una rara oportunidad de escapar cuando a González se le ordenó obtener suministros médicos en una aldea cercana. Nunca regresó.

    “Fue un gran riesgo”, recordó. “Caminé durante días hasta que estuve seguro de que habían perdido mi rastro”.

La dura experiencia de González da una perspectiva sobre las vivencias de las personas LGBT+ en las FARC, que hasta ahora han permanecido ocultas e invisibles.

    Y tras un acuerdo de paz del 2016 entre el gobierno y las FARC que terminó con 50 años de guerra entre las partes, los abusos contra los derechos humanos cometidos por todas las partes están saliendo a la luz lentamente.

    ESCAPAR

Para González, haber escapado de las FARC fue una oportunidad para salir del clóset sin temor a ser asesinado.

    Sobreviviendo como vendedor ambulante y trabajador sexual en varias ciudades de Colombia, González tuvo relaciones con hombres y luego pasó gradualmente a ser una mujer.

    González cambió su nombre a Darla Cristina. Comenzó a usar ropa y maquillaje, y luego recibió implantes de glúteos y de senos.

    Dice que sólo conoce a otros tres exrebeldes de las FARC que se han convertido en mujeres transgénero.

    “Los grupos armados nunca han reconocido que las personas LGBT formaron sus filas”, dijo González. “No podíamos asumirnos como transexuales o homosexuales. Pero debemos ser muchos”.

Según la exrebelde Olga Cedeno, quien pasó 34 años con las FARC y que ahora es miembro del partido político del grupo, están saliendo más excombatientes del clóset.

    En virtud del acuerdo de paz, miles de rebeldes que entregaron sus armas viven en asentamientos designados en la zona rural de Colombia mientras hacen la transición a la vida civil.

    “Conozco a varias mujeres en la zona donde vivo que tienen relaciones lesbianas abiertas”, dijo Cedeño. “Durante la guerra, esto existía pero era muy clandestino. En tiempos de paz, las cosas son diferentes”.

    ABUSOS A DERECHOS HUMANOS

    El acuerdo de paz de Colombia reconoce que diferentes grupos en la sociedad, incluidas las personas LGBT+, sufrieron y experimentaron el conflicto de diferentes maneras, dijo Roman Huertas, investigador de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), un grupo de expertos con sede en Bogotá.

    “Antes de 1991, la homosexualidad en Colombia era un delito y se consideraba una enfermedad. El acuerdo de paz reafirma su derecho a la diversidad”, dijo Huertas.

    Colombia también reconoce que las personas LGBT+ fueron atacadas específicamente por grupos armados debido a su orientación sexual.

    De los casi 8 millones de víctimas de la guerra en Colombia, la mayoría de los cuales fueron desplazados por la violencia y están registrados en la lista oficial del gobierno, aproximadamente 2.000 son personas LGBT+.

    Bajo el acuerdo de paz, se ha creado una comisión de la verdad y tribunales de guerra para documentar, recopilar testimonios y descubrir lo que sucedió en la guerra que mató a unas 220.000 personas, incluidos los abusos cometidos contra personas LGBT+.

González dice que antes de que ella pasara a ser mujer, fue abusada sexualmente por un comandante de las FARC, quien la forzaba a ponerse sobre ella mientras dormía en una tienda en la jungla.

    “Salir del clóset es hablar de lo que sentimos y lo que sufrimos”, dijo González. “Estoy demostrando que puedo contribuir a la paz y la reconciliación y que es posible perdonar”.

Hay más información acerca de cómo las personas LGBT+ fueron atacadas por grupos paramilitares de derecha, que lucharon contra las FARC y que se desmovilizaron a partir de 2003.

    La investigación realizada por el Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia revela que los paramilitares fueron particularmente crueles.

    Esto incluía obligar a hombres homosexuales a participar en combates de boxeo, así como el uso de la “violación correctiva” contra hombres homosexuales y personas transgénero para inculcar el miedo en las comunidades y como una forma de imponer control social.

    Por su parte, M19, un grupo rebelde de izquierda que se desmovilizó a principios de la década de 1990, tenía una actitud más liberal hacia sus miembros LGBT+, dijo Theresia Thylin, una investigadora que ha estudiado los grupos armados de Colombia.

    “Incluso tenían una unidad, durante muy poco tiempo, de hombres homosexuales, por ejemplo, que era conocida por los comandantes superiores”, dijo.

    ABRIENDO CAMINOS

    Después de haber sobrevivido a la guerra y haber dejado su trabajo como trabajadora sexual, González ahora lucha para promover la igualdad de derechos para las personas LGBT+ en la ciudad socialmente conservadora de Pasto, la capital de la provincia de Nariño, en el sur de Colombia.

    González es la primera persona transgénero que estudia en una universidad en Nariño, y la primera mujer transgénero en Colombia en postularse para concejala local. En 2012, también fue la primera mujer transgénero en trabajar para la oficina del alcalde.

    “La reacción fue: ‘¿Cómo puede una puta trabajar en la oficina del alcalde?’”, dijo González.

    Su trabajo ha incluido la denuncia de agresiones policiales contra trabajadoras sexuales de diferentes orígenes y ha llevado a que los agentes de policía sean despedidos, dijo González.

    Mientras estaba en el ayuntamiento, hizo una campaña para implementar políticas públicas y fondos para promover los derechos LGBT+, incluido el acceso a empleos y atención médica, junto con proyectos para ayudar a decenas de trabajadores sexuales a establecer sus propios negocios.

    AMENAZAS DE MUERTE

    Pero su activismo de alto perfil ha tenido un gran costo personal.

    Desde 2011, González dice que ha sobrevivido por poco a dos intentos de asesinato, uno con un arma de fuego y otro con un cuchillo. Tres tatuajes de estrellas en su hombro cubren las puñaladas.

    Los ataques, que fueron denunciados a la policía, hasta ahora han quedado sin resolver.

    En total, González dice que ha recibido cerca de 10 amenazas de muerte, enviadas por correo electrónico o folletos. La última llegó en septiembre, diciendo: “Detenga su campaña corrompiendo a la sociedad”.

    “Las amenazas envían un mensaje de terror: parar a las personas que reclaman por sus derechos”, dijo González.

Tal es el peligro que enfrenta González que el gobierno la incluyó en su esquema de protección para líderes sociales en riesgo en el 2016. Desde entonces se mueve en un automóvil y tiene dos guardaespaldas proporcionados por el gobierno para protegerla.

    A pesar de los riesgos, González muestra una resolución férrea. Está decidida a lograr su sueño de convertirse en la primera consejera transgénero electa de Colombia en su tercer intento en octubre, cuando se realizarán las elecciones locales.

    “Estoy aquí para romper los estereotipos. Para demostrar que podemos hacerlo”, dijo González. “Que no estamos relegadas a la peluquería o a la calle”.

Por Anastasia Moloney @anastasiabogota, reporte adicional de Rachel Savage, Editado en español por Juana Casas.; La Fundación Thomson Reuters es la rama caritativa de Thomson Reuters, que cubre noticias sobre temas humanitarios, derechos de la mujer, corrupción y cambio climático.; Visite news.trust.org

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