July 26, 2019 / 12:40 PM / 23 days ago

Cardenal cubano Ortega, clave en acercamiento Iglesia-Estado y fugaz distensión con EEUU

LA HABANA (Reuters) - El cardenal Jaime Ortega, quien tuvo un inusual nivel de influencia política en Cuba para alguien ajeno al Partido Comunista y que jugó un papel clave en la efímera distensión en las relaciones de la isla con Estados Unidos, falleció el viernes a los 82 años.

Imagen de archivo del arzobispo de La Habana, cardenal Jaime Ortega, a su salida de la catedral tras una misa. 7 mayo 2016. REUTERS/Alexandre Meneghini

Ortega, detenido en un campo de trabajos forzados en los años 60 cuando el gobierno de Fidel Castro aumentó su presión sobre figuras religiosas y otros enemigos ideológicos, se convirtió en arzobispo de La Habana en 1981, en un momento en que Cuba aún era oficialmente un país ateo.

En sus 35 años como arzobispo de La Habana, y a medida que se suavizaba la postura de Castro hacia la Iglesia Católica, su visibilidad y poder se consolidó y logró construir una relación laboral con el gobierno gracias en parte a un estilo conciliador.

Ortega recibió a tres papas y negoció la liberación de decenas de presos políticos en 2010 y 2011.

El clérigo de voz tenue se convirtió en una de las principales figuras políticas de Cuba, particularmente después de que la isla se convirtió en 1992 en un Estado secular y Raúl Castro asumió la presidencia en 2010. Ortega respaldó los intentos del menor de los hermanos Castro de abrir el país y restablecer las relaciones con las naciones occidentales.

En un momento clave en las conversaciones secretas entre Cuba y Estados Unidos que llevaron en diciembre de 2014 a una histórica distensión de las relaciones entre ambos países, fue Ortega quien transmitió los mensajes entre el Papa Francisco, Castro y el expresidente de Estados Unidos Barack Obama.

Algunos de sus críticos dicen que abandonó a las víctimas de la opresión y que se volvió demasiado complaciente con el gobierno a cambio de ciertas dosis de poder.

Poco antes de jubilarse en 2016, Ortega dijo que no había presos políticos en Cuba, en un momento en que la principal organización disidente de derechos humanos del país afirmaba que había 60 de ellos, incluidas unas dos docenas de detenidos por realizar protestas pacíficas.

También negó la solicitud de las Damas de Blanco de apoyarlas como grupo opositor cuando decidieron continuar protestando por el fin del encarcelamiento de los presos políticos, incluso después de la liberación de sus esposos e hijos arrestados durante una campaña de represión en 2003.

Funcionarios eclesiásticos dijeron que el trabajo de Ortega se centró en defender principios básicos como la libertad religiosa y el bienestar de todos los cubanos, no promover una agenda política partidista.

Ortega estudió teología en Quebec y se convirtió en párroco a mediados de los 60 en la ciudad de Jagüey Grande, su tierra natal, ubicada en la provincia de Matanzas. También estuvo a cargo de parroquias vecinas debido a la escasez de sacerdotes.

El religioso estuvo ocho meses en un campo de trabajos forzados entre 1966 y 1967, una experiencia que, a su juicio, le enseñó mucho sobre la vida.

Fue nombrado obispo de Pinar del Río por Juan Pablo II en 1978 y arzobispo de La Habana tres años después. Fue nombrado cardenal en 1994, después de que Cuba reformó su Constitución en 1992 para cambiar el Estado de ateo a secular y garantizar la libertad religiosa.

Editado por Rodrigo Charme

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