October 24, 2017 / 8:56 PM / a year ago

Cosiendo camisetas para Harvard, expandilleros salvadoreños muestran a Trump el éxito de la reinserción

CIUDAD ARCE, El Salvador (Reuters) - Los brazos tatuados de Juan Flores cuentan la historia de muchos niños salvadoreños: pobre y sin futuro, con apenas 13 años cambió la escuela por la pandilla Barrio 18, cuyos lemas se grabó toscamente en la piel como símbolo de lealtad.

Una camiseta de la Universidad de Harvard en la compañía League Collegiate Outfitters, en Ciudad Arce, El Salvador, ago 9, 2017. REUTERS/Jose Cabezas

Se convirtió en un delincuente y acabó preso cinco años por asalto a mano armada. Cuando parecía destinado a ser un joven centroamericano más de los miles que viven alternando el crimen con la cárcel hasta su prematura muerte, encontró una empresa dispuesta a darle una segunda oportunidad.

Desde hace cinco años, Flores trabaja confeccionando prendas para prestigiosas universidades norteamericanas como Harvard, Yale y Standford en la empresa textil League Centroamérica, filial de la estadounidense League. Cobra el salario mínimo de 300 dólares y tuvo la oportunidad volver a estudiar.

Él y otros 40 expandilleros forman parte de los 500 trabajadores de plantilla de la compañía, cuyo exitoso modelo de reinserción ha ganado visibilidad en un momento en el que el presidente Donald Trump apuesta por la mano dura contra las bandas criminales que operan en Estados Unidos y Centroamérica.

“En el mundo de las pandillas prácticamente desperdicié mi vida. Antes yo decía: ‘me van a matar o voy a caer preso’. Eso era lo único que pensaba”, dijo Flores, de 34 años, quien pasó de empuñar un arma a soñar con licenciarse en Teología.

“Pero hoy no, ya tengo metas”, agregó el fornido joven ante los vapores del área de planchado de la fábrica situada en Ciudad Arce, unos 45 kilómetros al oeste de la capital salvadoreña.

Rodrigo Bolaños, gerente de League en Guatemala, explicó que el objetivo es darles un trabajo mientras cursan alguno de los estudios que ofrecen en la propia fábrica, desde electrónica a desarrollo de software, para luego ayudarlos a que lancen sus propias compañías independientes.

“Es un modelo que funciona”, dijo Bolaños, quien está buscando el apoyo de pesos pesados de las finanzas, como el empresario mexicano Carlos Slim y el magnate estadounidense Warren Buffet, para expandir su visión por toda Centroamérica.

League Centroamérica exporta unos dos millones de prendas al año para más de 1.500 clientes estadounidenses, dijo Bolaños, quien no está autorizado para dar detalles de sus operaciones.

OFRECER FUTURO

La estrategia del presidente Trump apunta a un combate frontal a las pandillas, especialmente la Mara Salvatrucha, a los que pinta como unos “animales” que prefieren acuchillar a sus víctimas por ser más doloroso que dispararles.

Activistas critican estas referencias que criminalizan a los inmigrantes centroamericanos, a los que Trump acusa de llevar la violencia a Estados Unidos pese a que el fenómeno de las pandillas o maras nació en ese país y luego se exportó a la región mediante masivas deportaciones en la década de 1990.

Sin embargo, su discurso sí resuena en El Salvador, donde el Gobierno del exguerrillero izquierdista Salvador Sánchez aplica desde hace dos años una política represiva contra las maras para reducir una oleada de homicidios sin precedentes.

La idea de Bolaños para aplacar la violencia pandillera es diferente. En 2009, contactó con las iglesias de la zona buscando criminales arrepentidos y los integró en una nómina diversa, que también ampara a personas con discapacidad o con VIH. No solo les ofreció un trabajo, sino un futuro.

“Eso ha hecho que la comunidad se limpie de pandillas. Quien antes era pandillero regresó a la escuela, se metió a estudiar para graduarse porque ellos dicen que ahora esto sí verdaderamente es una esperanza”, dijo Bolaños.

Según estadísticas oficiales, los homicidios en Ciudad Arce bajaron casi a la mitad ente 2009 y 2016, pese que el la tasa nacional de asesinatos subió más del 20 por ciento en ese lapso.

Pero con la economía de El Salvador al borde del colapso y bajo amenaza de impago de la deuda, las autoridades optaron por la respuesta militar frente a los costosos programas sociales, pese a la sobrepoblación de las cárceles, las denuncias de abusos policiales y la elevada tasa de reincidencia criminal.

“Como no teníamos nada, ni dinero, ni nada en la casa, comencé a salir a las calles con los muchachos de la pandilla”, dijo Diego Ayala, de 18 años, quien solía recorrer Ciudad Obrera delinquiendo con la Mara Salvatrucha antes de entrar en League.

Ha pasado año y medio en la planta y ahora se está graduando de técnico de ingeniería mientras concursa por una beca para ir a Taiwán a aprender chino y capacitarse en nuevas tecnologías.

“Salió esta oportunidad y primero no creía. ¿Cómo una empresa va a ayudar así? Iba a ser tonto si no aceptaba”, concluyó Ayala quien, por primera vez, tiene algo que perder.

Escrito por Enrique Andrés Pretel

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