May 30, 2019 / 5:08 PM / 3 months ago

WIDER IMAGE-Solicitantes de asilo rechazados en Dinamarca esperan su adiós en un centro rural

COPENHAGUE, 30 mayo (Reuters) - Cuando el joven de 27 años Ali Adnan huyó en 2015 de su casa en la capital de Irak, Bagdad, y llegó a Dinamarca, una familia danesa local le acogió y le ayudó a ponerse de pie en un país del que sabía muy poco.

Hoshang Rostami (izquierda), 24 and Jamshid Rostami, 26, (sin relación entre sí) permanecen en un centro de residencia en Kaershovedgaard, una antigua prisión que ahora es un centro de partida para solicitantes de asilo en Jutland, Dinamarca, 26 de marzo del 2019. REUTERS/Andrew Kelly

Ahora, atrapado tras las puertas de hierro de uno de los dos centros de salida para los solicitantes de asilo rechazados en Dinamarca, siente la realidad de los cambios políticos que están afectando al país nórdico y cree que las posibilidades de éxito de su apelación son escasas.

Antes de las elecciones generales del 5 de junio, los dos partidos principales, la Socialdemocracia de izquierdas y el centroderechista Partido Liberal, actualmente en coalición con los conservadores y la Alianza Liberal, se han comprometido a continuar con la línea dura de Dinamarca sobre la inmigración.

“No sabía lo difícil que sería conseguir asilo en Dinamarca. Pero cuando huyes, no piensas en eso, solo quieres ir a un país seguro”, dice Adnan, quien prefiere que lo llamen Daniel Christensen desde su conversión al cristianismo. Según dijo, eligió venir a Dinamarca porque su hermano vive en el país.

Su caso de asilo fue rechazado debido a la falta de pruebas de que corría peligro en su país natal.

Los últimos datos disponibles del Ministerio de Inmigración de Dinamarca mostraron que en 2017 el 35% de los solicitantes recibió asilo, frente al 72% y 85% en 2016 y 2015, respectivamente.

El número de solicitantes de asilo llegó a su punto máximo en 2015, con más de 21.000, y se redujo a 3.500 en 2017, como consecuencia del endurecimiento de las leyes del país nórdico.

Los daneses, famosos por su “hygge” -una palabra que se identifica más o menos con algo “acogedor”- y por estar entre las personas más felices del mundo, según múltiples encuestas, fueron conocidos durante mucho tiempo por sus leyes progresistas.

No obstante, ahora se considera que están tomando la línea más dura sobre la inmigración dentro de una región nórdica históricamente tolerante. Las opiniones de la gente y del estado se endurecieron a partir de 2015, con la llegada de grandes grupos de refugiados de los conflictos de Oriente Medio.

Cambios similares en la actitud pública han llevado a la aprobación de leyes más estrictas en toda la Unión Europea, así como iniciativas para reducir drásticamente la cantidad de refugiados que llega al bloque.

Kaershovedgaard, que es como se llama el centro de salida, está enclavado en el campo, junto a un pequeño río. Tiene puertas de hierro y una alta cerca de acero, y alberga a unos 250 residentes. La ciudad más cercana está a más de cinco kilómetros, sin transporte público.

Algunos residentes han estado alojados aquí desde marzo de 2016, cuando fue creado el centro. Nadie sabe cuándo se irán.

Algunos esperan que lleguen la paz y el cambio político a sus países natales para poder adelantarse a las autoridades danesas y regresar de forma voluntaria. Otros esperan poder convencer a Dinamarca para que revierta su decisión y les otorgue asilo.

PROCESO LARGO E INCIERTO

Lo que hace que el proceso de retorno sea tan largo e incierto es que a menudo los países de origen se niegan a aceptar de vuelta a las personas, se niegan a emitirles un pasaporte o ponen en duda su nacionalidad.

“Las autoridades no creen nuestras historias, pero ¿cómo podemos probarlas? No puedo pedir a los que quieren matarme un papel con una confirmación”, dice Christensen.

Yasaman Paknejad, de 36 años, llegó a Dinamarca desde Irán para estudiar. Ella dice que es una refugiada debido a la situación política en Irán, pero su caso de asilo fue rechazado.

“No tengo libertad aquí, y me está desmoronando mentalmente. Los presos normales saben cuándo serán liberados, por lo que esto es mucho peor que estar en prisión”, afirmó.

Yasaman entiende que Dinamarca no tiene capacidad para otorgar asilo a todos los solicitantes, pero la incertidumbre de no saber cuándo será devuelta a Irán es un tormento.

“Estamos atrapados, desperdiciando nuestros mejores años y nuestras vidas”, señaló.

Según las leyes de la UE, un solicitante de asilo solo puede presentar su caso en un único país europeo.

Los residentes no tienen permiso para trabajar, no pueden recibir beneficios sociales, comparten habitaciones pequeñas, comen a horas fijas en una cantina y no se les permite cocinar su propia comida. Pueden salir del centro durante el día, pero deben pasar todas las noches allí y deben reportarse mediante huellas dactilares cada 72 horas.

“No se puede simplemente elegir Dinamarca. Por eso debemos presionar a estas personas para que asuman su responsabilidad y vuelvan a su casa. No tienen derecho a estar aquí”, dijo en enero la ministra de Inmigración e Integración, Inger Stojberg, al periódico Berlingske, en referencia a los centros de salida.

Hoshang Rostami, de 25 años, es uno de los muchos refugiados iraníes en Kaershovedgaard. En sus cuatro años en Dinamarca, las autoridades lo han alojado en cinco centros diferentes.

Según dice, las autoridades danesas no creen en él y ponen en duda que perdiera una parte de su pierna en un accidente con una mina terrestre.

“Me dijeron que mis papeles de encarcelamiento y actividades políticas en Irán eran falsos”, afirmó.

Editado en español por Carlos Serrano

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