January 6, 2016 / 11:16 PM / 3 years ago

Un septuagenario beligerante es el nuevo rostro de la oposición en Venezuela

Por Girish Gupta y Andrew Cawthorne

El diputado Henry Ramos Allup saluda a sus partidarios al comienzo de la sesión en que asumió como presidente de la Asamblea Nacional en Caracas. 5 de enero de 2016. Un embajador de Estados Unidos lo describió como abrasivo y arrogante, el presidente Nicolás Maduro lo llamó un dinosaurio fascista y un bloguero lo comparó con el antihéroe maquiavélico Frank Underwood de la serie de televisión House of Cards. REUTERS/Carlos Garcia Rawlins

CARACAS (Reuters) - Un embajador de Estados Unidos lo describió como abrasivo y arrogante, el presidente Nicolás Maduro lo llamó un dinosaurio fascista y un bloguero lo comparó con el antihéroe maquiavélico Frank Underwood de la serie de televisión House of Cards.

Sin embargo, Henry Ramos, de 72 años y líder de uno de los partidos más antiguos de Venezuela, le ha devuelto el golpe a sus muchos detractores al asumir el liderazgo del nuevo parlamento del país petrolero, en el que la oposición tiene ahora mayoría.

Político y abogado, Ramos ha colocado rápidamente a la Asamblea Nacional en un curso de colisión con Maduro.

“Reflejan las encuestas de opinión, que la gente quiere paz, y todo el derecho tienen a la paz. Nosotros mismos quisiéramos estar en paz con todo el mundo y no en una situación de guerra virtual en todos los ámbitos”, dijo el martes en su discurso inaugural al centro del hemiciclo.

“Ojalá la tengamos. Pero no la paz de los sepulcros, esa no”, zanjó, prometiendo que desde la bancada de la oposición pedirá cuentas al resto de los poderes públicos.

La oposición tomó el control de la Asamblea Nacional por primera vez desde que el predecesor de Maduro, Hugo Chávez, llegó al poder en 1999, y ganó una mayoría de dos tercios que le permitiría realizar cambios de fondo.

Aunque Acción Democrática, fundado en 1941, obtuvo el segundo mayor número de escaños entre los partidos que conforman la coalición Mesa de la Unida Democrática (MUD), Ramos logró alianzas que le aseguraron los votos para liderar la cámara.

Ese fue un golpe para los opositores moderados y un regalo para la propaganda de línea dura del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), que vincula a Ramos y a su partido con los gobiernos corruptos y elitistas previos a Chávez.

“Está volviendo una generación de hace 40 años atrás”, dijo Héctor Pérez, de 52 años, un fotógrafo que marchó a la Asamblea el martes junto a otros cientos de partidarios del Gobierno.

La línea dura de la oposición está encantada de tener a alguien con el temple de Ramos para dirigirlos hacia un posible referéndum revocatorio contra Maduro.

“PARECIDO A CHÁVEZ”

Los opositores moderados, como los seguidores del ex candidato presidencial Henrique Capriles y Julio Borges, quien dirige el partido más votado de la coalición, Primero Justicia, temen que el protagonismo de Ramos empeorará la polarización política y distraerá la atención de los problemas más urgentes.

“Es un regalo para el Gobierno (...) es un símbolo del pasado y demasiado caprichoso”, dijo un asesor de la oposición, quien pidió no ser identificado por temor a avivar divisiones dentro de la frágil alianza.

Venezolanos, incluidos “chavistas” descontentos que votaron por la oposición el mes pasado, están hartos de las disputas y quieren acción para arreglar una economía en ruinas con una inflación cercana a los tres dígitos y una escasez generalizada.

El estilo pendenciero de Ramos ya ha llamado la atención antes.

Un memorandum de 2006 firmado por el entonces embajador estadounidense William Brownfield, dijo que Ramos era la raíz de los problemas de su partido y durante una reunión con funcionarios de Estados Unidos insultó a sus rivales políticos.

“Ramos es crudo, abrasivo, arrogante y susceptible”, dijo el cable publicado por Wikileaks. “Su estilo no es diferente al del presidente Hugo Chávez”.

El miércoles, un video que circuló en las redes sociales lo mostró en el jardín de la Asamblea Nacional ordenando desmontar las fotos de Maduro y Chávez que decoraban todos los rincones de la sede del parlamento.

“Esto no es un cementerio”, dijo ásperamente a trabajadores que cargaban, entre carcajadas, pesadas imágenes de los líderes socialistas.

“No quiero ver ni a Chávez, ni a Maduro. Llévense todo eso a Miraflores (el palacio presidencial), se lo dan al aseo, o no sé que van a hacer. Pero aquí, nada”.

Escrito por Eyanir Chinea; Editado por Javier López de Lérida

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