May 15, 2008 / 3:38 PM / 12 years ago

ENFOQUE-Vuelos Miami-La Habana, puente aéreo entre dos mundos

Por Esteban Israel

LA HABANA (Reuters) - El vuelo es tan corto que, a penas la azafata sirve el jugo de naranja, el avión empieza ya a descender sobre territorio “enemigo.”

Uno a veces se olvida, pero Cuba y Estados Unidos, en pie de guerra desde hace casi medio siglo, están a sólo 145 kilómetros de distancia.

Y, aunque pocos lo saben, más de 30 vuelos directos conectan cada semana las orillas “socialista” y “capitalista” del Estrecho de Florida, tendiendo un insólito puente aéreo entre dos países sin relaciones diplomáticas.

Son viajes de alto voltaje emocional restringidos a un puñado de emigrantes, empresarios y profesionales autorizados por ambos Gobiernos.

La mayoría de los pasajeros son cubanos y viajan con la nariz pegada a la ventanilla. Hacia el norte despidiéndose de su tierra por quién sabe cuánto tiempo, hacia el sur redescubriéndola tras años de ausencia.

“Es muy dramático. Hay lágrimas de ida y vuelta. Es como un viaje entre dos mundos,” dice Jessie, una azafata de Gulfstream, una aerolínea estadounidense que vuela siete veces a la semana a La Habana.

Los vuelos directos empezaron en 1977 para facilitar los contactos familiares durante una fugaz luna de miel entre el líder cubano Fidel Castro y el presidente estadounidense Jimmy Carter.

Y, aunque las relaciones jamás despegaron, ocho líneas aéreas estadounidenses siguen volando a Cuba, llevando a bordo personas como Gumesildo Gómez, que regresa por primera vez en 38 años.

“Estoy un poco nervioso. No sé cómo voy a encontrar aquello,” cuenta el plomero jubilado de 71 años, que vuelve para visitar a una hermana enferma.

TAN LEJOS Y TAN CERCA

Gómez no lo sabe, pero regresar a Estados Unidos después de unas semanas en Cuba también será emocionalmente duro.

O eso al menos dice Carlos, mientras el avión Embraer 120 de turbohélice busca el nordeste rumbo a Miami, a donde emigró hace ocho años.

“Lloro porque es duro estar tan cerca y a la vez tan lejos de Cuba. Volver a tu país, encontrarte con lo tuyo, con el lugar al que perteneces, te da energía,” explica el joven de 20 años, que en Miami trabaja en una mueblería para costearse sus estudios en la universidad.

Carlos, que no quiso dar su nombre completo, es uno de los miles de emigrantes atrapados en la disputa política entre Cuba y Estados Unidos.

Aunque no se arrepiente de haber emigrado a la “otra orilla,” donde, asegura, tiene más oportunidades que sus amigos en Cuba, las restricciones de viaje decretadas en el 2004 por George W. Bush sólo le permiten visitar a su familia cada tres años.

Los aviones que despegan de Miami llevan abordo una extraña mezcla de cubano americanos, hombres de negocios, académicos y religiosos. En el viaje de regreso transportan además a cubanos autorizados a emigrar a Estados Unidos, unos 15.000 en el 2007.

“Yo voy y si aquello no me gusta viro para atrás,” dijo Eric, un enfermero de 30 años que se ganó una visa en una lotería de la Sección de Intereses de Estados Unidos, mientras esperaba nervioso en la sala de embarque del aeropuerto de La Habana.

La mayoría, sin embargo, sólo volverá de vacaciones.

Pese a estar en esquinas opuestas del ring ideológico, el mundo que espera a Eric es más familiar de lo que él sospecha.

El agente de inmigración que revisa su pasaporte al salir de La Habana podría perfectamente ser el primo del que lo ojea con desconfianza al llegar a Miami, a donde emigraron más de 650.000 cubanos desde la revolución de 1959.

Y si aterriza con hambre podrá zamparse un sandwich de “pan con lechón” en alguno de los restaurantes cubanos del aeropuerto de Miami, donde muchos compatriotas no hablan inglés y conservan intacto su gracioso argot cubano.

MIAMI-CAMAGüEY

Los vuelos directos a Cuba son un negocio sin publicidad.

“Cuando le cuento a la gente que administro una aerolínea que vuela entre Miami y La Habana piensan que estoy bromeando,” dijo Thomas Cooper, el presidente de Gulfstream.

Su aerolínea cubre más de la mitad de los 26 vuelos semanales entre las dos ciudades.

Otras empresas vuelan ocho veces a la semana a otras ciudades cubanas como Santiago, Holguín, Camagüey y Cienfuegos. Tres veces al mes, un Boeing 737-200 despega de La Habana hacia Nueva York.

Además de las visas y el pasaje, que cuesta unos 450 dólares ida y vuelta, Cuba exige para abordar el charter un permiso de salida y Estados Unidos una autorización del Departamento del Tesoro que fiscaliza el embargo comercial contra la isla.

Estados Unidos no prohibe que sus ciudadanos viajen a Cuba, pero si que gasten dinero en la isla. Las restricciones de viaje del 2004 redujeron a la mitad el tráfico de estadounidenses, que hoy ronda los 60.000 anuales, según cálculos extraoficiales.

Cooper, de Gulfstream, cree que, si el sucesor de Bush en las elecciones de noviembre levanta las restricciones, su negocio se cuadruplicaría de la noche a la mañana.

Las medidas de seguridad que rodean los vuelos directos de Estados Unidos a Cuba ilustran la tensión que todavía se respira entre ambos vecinos.

El aeropuerto de La Habana tiene toda una terminal dedicada exclusivamente a los vuelos hacia y desde Estados Unidos, donde la gente espera a sus familiares en la calle.

En Miami, la tarjeta de embarque para Cuba lleva el código de máxima seguridad “SSSS,” que implica tediosas filas especiales y obsesivos chequeos anti explosivos.

Un diplomático europeo en La Habana protestaba recientemente porque en el aeropuerto de Miami obligaron a su hijo de 20 meses a quitarse los zapatos y pasarlos por la máquina de rayos x.

El mío tuvo que extender los brazos en cruz y fue cacheado como un criminal de apenas un metro de estatura.

Reporte de Esteban Israel, Editada por Alejandro Lifschitz

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