May 14, 2020 / 2:15 PM / 13 days ago

REPORTE ESPECIAL-Pareja de inmigrantes enfrenta doble riesgo en epidemia de coronavirus EEUU

MORTON, EEUU (Reuters) - La planta de procesamiento de pollos de la firma Koch Foods domina el pequeño pueblo de Morton, donde incluso en los costados de las carreteras se pueden ver plumas.

Zoila Orozco muestra una foto de ella con su esposo e hijo, mientras el brote de la enfermedad por coronavirus (COVID-19) continúa en Morton, Mississippi, EEUU. 9 de mayo de 2020. REUTERS/Courtland Wells.

Durante más de una década, las vidas de Pedro Vásquez y Zoila Orozco también han girado en torno a la planta. El sitio fue el escenario de algunas de sus mayores alegrías: allí se enamoraron, tuvieron un hijo y eventualmente ahorraron suficiente dinero como para comprar una pequeña casa en la ciudad, lejos de su natal Guatemala.

También ha sido la fuente de algunas de sus penas más profundas: Zoila alega que hace años fue víctima de un supervisor abusivo y en agosto, Pedro fue arrestado en una redada masiva en la planta que estaba destinada a localizar inmigrantes que trabajan ilegalmente en Estados Unidos.

Nueve meses después, todavía está detenido.

Ahora, a muchos kilómetros de distancia, ambos dieron positivo por el nuevo coronavirus con una semana de diferencia luego de que sus vidas se cruzaran con dos sitios que han sido focos de la pandemia en Estados Unidos: centros de detención de inmigrantes y plantas empacadoras de carne.

El presidente Donald Trump firmó recientemente un decreto destinado a reforzar la cadena de suministro de carne del país al mantener las plantas abiertas, pese a las preocupaciones sobre el aumento de infecciones en ese tipo de instalaciones.

El sindicato United Food and Commercial Workers dijo la semana pasada que al menos 30 trabajadores de empacadoras de carne han muerto en todo el país del COVID-19, la enfermedad causada por el nuevo coronavirus, y al menos 10.000 se han contagiado.

El condado de Scott, donde Koch Foods emplea a unas 3.000 personas, incluidas las de la planta de Morton, tiene la tasa más alta de infección por coronavirus per cápita en Misisipi, según un análisis de Reuters de datos de salud frente a las cifras de población del Censo de Estados Unidos.

Elizabeth Grey, una portavoz del departamento, dijo que un epidemiólogo estatal descubrió que aproximadamente un tercio de los casos del condado son empleados de plantas procesadoras de pollos. No está claro dónde Zoila contrajo el virus.

Al mismo tiempo, unos 950 detenidos en custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por su sigla en inglés) han dado positivo por el virus, y un detenido murió por complicaciones de la enfermedad.

Pero sólo alrededor unos 1.800 de los casi 30.000 detenidos a nivel nacional han sido controlados, según ICE.

Uno de los brotes más grandes está en Richwood, la instalación en Luisiana donde ahora se encuentra recluido Pedro. Hasta el 13 de mayo, 64 personas habían sido infectadas, el tercer brote más grande entre los centros de detención de inmigrantes en el país, según ICE.

Después de que Pedro fue detenido, los ingresos de Zoila en Koch Foods, que niega firmemente sus acusaciones de abuso de hace una década, se convirtieron en la única fuente de apoyo de la familia. Ahora, a medida que sus síntomas empeoran progresivamente, le preocupa el futuro de su trabajo.

Con la orden de Trump dirigida a mantener abiertas las plantas empacadoras de carne, las familias como las suyas en todo el país enfrentan decisiones difíciles sobre cómo mantener sus medios de vida mientras se mantienen a salvo en medio de una aterradora pandemia que ya ha matado a más de un cuarto de millón de personas en todo el mundo.

Cuando el coronavirus comenzó a pasar por los centros de detención de ICE y las plantas de procesamiento de carne, Pedro y Zoila no querían causarles preocupaciones al otro.

Pedro le dijo a Zoila luego de días de tener fiebre y sufrir fuertes dolores de estómago que había dado positivo por el virus y había sido puesto en cuarentena con otras dos decenas de hombres enfermos.

“El me decía ´mami, no más me dio una gripa, me dio un dolor en la garganta’ pero no me dijo mucho porque no quería espantarme”, dijo Zoila.

Y cuando ella empezó a sentirse con terribles dolores corporales y fatiga, al principio también se mantuvo en silencio. “No quería decirle lo mal que me siento”, apuntó.

“El esta en una cárcel ¿por qué lo voy a preocupar mas? Cuando amas a alguien tratas de darle un motivo para sentirse bien”, agregó.

LA VIDA ANTERIOR

Cuando Pedro y Zoila se conocieron en la planta, ella inspeccionaba la calidad del pollo cortado y él cargaba cajas empacadas con carne.

    “Trabajábamos juntos en la misma área”, recordó Pedro, de 51 años, durante una serie de entrevistas telefónicas desde su lugar de detención.

Se convirtieron en pareja hace ocho años; ella tenía problemas con su esposo y Pedro se había separado de su esposa en Guatemala.

“Estaba yo solo aquí en Estados Unidos tanto tiempo y viendo a ella sola que me pedia ayuda y yo le di ´rides´ (la llevé en auto) y así. Y ahí, poco a poco, nos fuimos conociendo”, dijo.

Zoila, de 42 años, dijo que comenzó a trabajar cuando tenía ocho años, viajando con su padre y 11 hermanos para recoger café durante algunos meses al año. Pedro cultivaba en la pequeña parcela de tierra de su familia.

Hace más de una década, atraídos por la promesa de mejores salarios en Estados Unidos, se dirigieron a Misisipi, donde algunos de sus familiares ya se habían establecido y encontrado trabajo en la gran industria del pollo.

    Ambos eventualmente se mudaron a la sección de deshuesado de la planta, dijo Pedro, donde cortaba rápidamente más de 1.000 libras de pollo al día con cuchillos grandes.

El trabajo era agotador (largos días de pie con pocos descansos), pero recibía una mejor paga que en puestos anteriores porque ganaba por peso de carne procesada en lugar de por hora.

Pedro pudo enviar la mitad de su cheque quincenal de alrededor de 700 dólares a sus tres hijas mayores en Guatemala. El dinero las ayudó a pasar de grado en la escuela y todas se graduaron con títulos profesionales, dijo con orgullo.

    Después de que Pedro y Zoila se mudaran juntos y tuvieran a su hijo, Jostin, compraron una pequeña casa de color crema en la ciudad con un porche, rosas y arbustos bien cuidados que cubrían el césped.

“No quiero que mi hijo sufra como yo sufrí, queremos que el hijo crezca bien y que el estudie y que tenga mejores oportunidades que nosotros”, apuntó.

Aunque el sueldo superó con creces todo lo que podrían haber ganado en Guatemala, la vida en la planta no siempre fue fácil.

    Pedro dijo que vio a Zoila siendo acosada y reprendida por un supervisor que no nombró antes de que se convirtieran en pareja, incluyendo una ocasión en la que trató de meterle pollo crudo en la boca cuando encontró una pieza que había pasado por el control de calidad sin haber sido completamente deshuesada.

Otros que trabajaban en la planta en ese momento tenían quejas similares.

En 2018, Koch Foods, con sede en Illinois, pagó casi 4 millones de dólares para resolver una demanda presentada por la Comisión para la Igualdad de Oportunidades en el Empleo de Estados Unidos (EEOC, por su sigla en inglés) en representación de más de 100 trabajadores de la planta de Morton por reclamos de que la compañía sabía, o debería haber sabido, de agresiones físicas contra trabajadores hispanos de 2004 a 2008.

    Zoila dijo que comenzó a trabajar en la planta poco después de llegar a Estados Unidos en 2006. Pedro dijo que comenzó un año después antes de irse por unos años y luego regresar a tiempo completo en 2010.

    La demanda, en la que Zoila dijo que participó, comenzó como una queja individual recogida por la EEOC. Los trabajadores alegaron que un gerente manoseaba a las mujeres mientras cortaban carne, golpeaba a los empleados y les arrojaban piezas de pollo. Agregaba que los supervisores forzaron pagos para todo, desde días por enfermedad y promociones hasta descansos.

Un portavoz de la EEOC dijo que la agencia no podía confirmar o negar si Zoila era parte de la demanda debido a las leyes de privacidad. Un abogado involucrado en el litigio en nombre de los demandantes dijo que algunos trabajadores que no firmaron oficialmente la demanda fueron víctimas de abuso.

    Mark Kaminsky, el director de operaciones de Koch, dijo que la compañía no admitió haber actuado mal en el acuerdo y sostiene que todas las acusaciones son falsas. Agregó que creía que los demandantes hicieron reclamos no corroborados contra la empresa para obtener visas para víctimas de delitos que colaboran con las autoridades estadounidenses.

Dijo que había “cero pruebas” de que hubieran ocurrido incidentes como el que describió Pedro.

LA REDADA

A raíz de las acusaciones, Pedro dijo que hubo un cambio en la gestión y que la vida en la planta mejoró.

    Pero una mañana, todo cambió. La pareja acababa de llegar el 7 de agosto y se estaba poniendo su equipo para comenzar en la línea de corte cuando los oficiales de ICE rodearon la planta y cerraron las salidas para que nadie pudiera irse.

En redadas coordinadas, las autoridades arrestaron a 680 personas en más de media docena de plantas de procesamiento agrícola propiedad de cinco compañías en todo el estado. En la planta de Morton, 243 trabajadores fueron atrapados.

Fue el mayor barrido de un sitio de trabajo en el país desde diciembre del 2006 y se convirtió en un símbolo de los esfuerzos del Gobierno de Trump para acabar con los inmigrantes que viven o trabajan ilegalmente en los Estados Unidos.

Koch Foods dijo que había estado atento a cumplir con las leyes de elegibilidad de las personas para el empleo y coopera con las investigaciones del gobierno.

Zoila, quien dice que tiene permiso legal para trabajar en Estados Unidos, fue detenida brevemente y luego enviada a casa. Pero Pedro, que no tenía uno, fue detenido.

“En las primera horas, yo no sentía tanta pena. Pensé, deben estar chequeando los que tiene récord criminal para violencia o manejando borracho o gente que tiene deportación (...) No tengo ni uno de estos (antecedentes), nunca pensé que iba a llegar como estoy ahora”, señaló.

Desde ese día, ha estado luchando en la corte de inmigración para permanecer en Estados Unidos. Perdió su caso inicial y ahora está esperando una apelación.

Aguarda que el ICE lo libere para esperar con los suyos mientras se decide su apelación. Argumenta que su deportación después de más de una década en Estados Unidos causaría dificultades extremas para su familia.

El portavoz del ICE Bryan Cox confirmó los detalles del arresto y detención de Pedro y dijo que la ley federal permite que cualquier persona en el país sea deportada ilegalmente sólo por esa razón.

Señaló que la agencia no tenía un registro de Zoila, que Cox dijo que podría ser una indicación de su documentación legal.

“Somos gente de trabajo (...) no hacemos nada, sólo trabajar y ganar el dinero para lo que comemos. No sé por qué no lo liberan. Es un hombre mayor que no está haciendo nada malo, no un niño que anda metiéndose en problemas”, agregó.

Los abogados del Centro de Justicia de Misisipi, un bufete de abogados de interés público, presentaron una solicitud al ICE de libertad condicional humanitaria para Pedro, argumentando que los centros de detención como Richwood están “particularmente mal equipados” para contener la propagación de enfermedades infecciosas peligrosas como el nuevo coronavirus.

ICE ha dicho que está alentando a sus centros de detención a seguir todas las pautas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC).

Cox señaló que no podía referirse a las condiciones médicas o el tratamiento específico de ningún detenido, pero que cualquiera que resulte positivo de coronavirus está aislado.

Zoila dice que su hijo, Jostin, todavía no comprende completamente lo que le sucedió a su padre.

“Me hace muchas preguntas: pregunta porque él no tiene un papel como yo, y por qué lo llevaron, si no hice algo mas por él. Quiere que se escape: no entiende porque no sólo corre de ahí. Es un dolor fuerte para nosotros”, agregó.

EL VIRUS

Con Pedro detenido, y luego trasladado a través de las fronteras estatales a Luisiana, Zoila volvió a trabajar, asumiendo turnos adicionales para cubrir los gastos.

Pedro se había estado quejando de dolor de garganta y tos durante semanas antes de pasar a cuarentena y someterse a pruebas de coronavirus el 14 de abril, según sus registros médicos.

Luego, el 21 de abril, Zoila recibió la llamada que también había dado positivo por el virus.

Mientras Pedro se recuperaba lentamente y era trasladado de nuevo al sector general del centro de detención, Zoila empeoró, perdió el apetito y tenía problemas para levantarse de la cama. Un día, se sintió tan mal que llamó al 911 y la llevaron al hospital. Pero, según dijo, los médicos la enviaron a su casa con unas pastillas.

“Siento como que hay cuchillos en mi garganta”, dijo el viernes.

El sábado, más de dos semanas después de su diagnóstico, se sintió demasiado temblorosa como para dar más que unos pocos pasos por la casa. El miércoles, Zoila dijo que le habían diagnosticado neumonía.

A Pedro le preocupa que su cuerpo se haya debilitado por todo el trabajo extra que realizó en la planta durante su detención, lo que empeoró sus síntomas.

Roger Doolittle, abogado del sindicato local de UFCW que representa a los trabajadores en las plantas de Koch en Morton y en la localidad cercana de Forest, dijo que estaba al tanto de un puñado de casos positivos en las plantas de Misisipi.

Kaminsky, de Koch Foods, dijo que no podía proporcionar el número exacto de trabajadores infectados en las operaciones avícolas de la compañía, pero afirmó que no están experimentando el tipo de brotes masivos que han causado el cierre de plantas de carne de res y cerdo en otras partes del país.

Dijo que la compañía está tomando precauciones para proteger a los trabajadores, incluidos controles diarios de temperatura y la limpieza nocturna de las instalaciones con productos químicos que matan los virus. También está capacitando a los trabajadores sobre el distanciamiento social, escalonando las pausas para el almuerzo y reduciendo la producción cuando sea posible.

“Ciertamente somos conscientes de que hay que hacer malabares para alimentar a la nación y mantener a nuestra gente segura”, señaló.

Con el país sufriendo el impacto de los efectos económicos y sociales de la crisis de salud pública, cree que existe un peligro real de recortar la producción de carne.

“Sé una cosa que causa pánico masivo”, dijo. “La falta de comida.”

Los trabajadores que dan positivo en el test del virus pueden acceder a un tiempo fuera por enfermedad, dijo Kaminsky, pero es probable que no sea suficiente como para cubrir dos semanas, el tiempo recomendado para la cuarentena.

Zoila dijo que todavía está intentando descifrar cómo cobrar su último sueldo y no está segura de cuándo podría recuperarse lo suficiente como para volver al trabajo.

Además del estrés, dijo, el padre de sus dos hijos adultos murió en los últimos días después de quejarse de síntomas similares al coronavirus. Vivía en la ciudad y trabajaba en paisajismo, pero nunca fue controlado.

El dinero que Zoila tiene disponible para depositar en la cuenta telefónica de Pedro está disminuyendo. Solo pueden hablar durante unos minutos a la vez, y no le pasa el teléfono a Jostin por temor a infectarlo.

Incluso antes de enfermarse, luchaba para ayudar a Jostin con el trabajo escolar. Su escolaridad es limitada, no habla inglés y se había confiado mucho en Pedro.

Ahora es aún más difícil porque Jostin está aprendiendo remotamente en casa, separado de Zoila para evitar el contagio.

Durante la serie de llamadas telefónicas para el reportaje, Pedro lloró sólo una vez: cuando habló de que Zoila estaba enferma y de que había tenido que alejarse de Jostin para no contagiarlo.

“Sólo estoy pensando en mi niño”, dijo. “Qué va a hacer solo, me da pena”.

Reporte de Mica Rosenberg con reporte adicional de Courtland Wells en Morton, Misisipi. Editado en español por Juana Casas

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