July 24, 2019 / 6:10 PM / a month ago

REPORTE ESPECIAL-La enfermedad que acecha tras la riqueza de los buscadores de oro de Ghana

BAWDIE, Ghana (Reuters) - Pocos años después de haber llegado como adolescente a esta ciudad de Ghana en busca de oro, Yaw Ngoha había ganado dinero suficiente para casarse con su novia y construir una casa con porche, a la que más tarde agregaría un televisor de pantalla plana y una antena parabólica.

Un minero artesanal sostiene una pala mientras escala para salir de un pozo minero de oro en Nsuaem-Top, Ghana. 24 de noviembre de 2018. REUTERS/Zohra Bensemra.

Por eso, cuando un médico vino a hablar con los mineros sobre los peligros de la minería ilegal, “nadie escuchó”, dijo Ngoha, de 36 años, sentado en un banco de madera en su porche junto a un frondoso platanal. “Necesitábamos dinero”.

Desde que Ngoha comenzó las labores de prospección a principios de siglo, cada vez más personas como él han ayudado a Ghana a convertirse en el mayor productor de oro de África. En todo el continente y más allá, millones se han volcado en esta práctica. Y son pocos los disuadidos por los riesgos.

    Sus amigos y familiares empezaron a enfermarse y morir, pero se dijo a sí mismo que no tenía nada que ver con la cantidad de polvo que habían estado respirando o con las toxinas como el mercurio y el ácido nítrico que usaban para extraer el oro.

Una mañana de 2016, Ngoha comenzó a toser sangre. Sentía como si sus vías respiratorias estuvieran colapsando. Su médico lo trató por tuberculosis, pero las medicinas no sirvieron y siguió trabajando.

“Me dije a mí mismo que los síntomas eran el resultado de haber hecho algo mal”, comentó a un periodista durante una visita en abril. “Tal vez alguien acudió a un curandero, o alguien cometió un robo y todos fuimos maldecidos”.

ROCAS BRILLANTES

    Ngoha vivía en Bawdie, en la Región Occidental de Ghana. La zona es una gran productora de cacao, caucho y aceite de palma cultivado por pequeños agricultores: el cacao de Ghana es utilizado por chocolateros de todo el mundo.

    No obstante, los cultivos comerciales son irregulares, agotadores y de pago lento. Y las rocas tienen tanto oro aquí que brillan.

Los primeros colonizadores llamaron a esta región la Costa Dorada. El pueblo ashanti del sur de Ghana amasó fortunas con lo que los ghaneses llaman minería “galamsay” (recoger y vender). Desde 2008, los precios del oro han subido, los equipos de excavación procedentes de China se han vuelto baratos y fáciles de obtener, y la minería informal se ha multiplicado.

    Un informe de 2016 realizado por investigadores del Instituto Internacional para el Medio Ambiente y el Desarrollo estimó que un millón de personas vive en Ghana de lo que algunos llaman minería artesanal, y 4,5 millones más dependen de ello.

En el África Subsahariana hay casi 10 millones de estos mineros, según cálculos del Banco Mundial, y al menos 60 millones más dependen del sector.

Sin embargo, mientras los mineros buscan oro, envenenan los ríos, las tierras de cultivo y a ellos mismos.

Los mineros inhalan los vapores de los explosivos utilizados para quebrar las rocas y el polvo que sale de las máquinas trituradoras, que contiene metales pesados ​​como el plomo. Esto debilita los pulmones.

Asimismo, usan mercurio y ácido nítrico, que también causan problemas respiratorios, para extraer el precioso mineral del sedimento. Luego tiran los productos químicos al suelo o a ríos.

El mercurio es un veneno especialmente peligroso. Después de una exposición prolongada al vapor, se han notificado casos de fibrosis pulmonar, enfermedad pulmonar restrictiva e insuficiencia respiratoria crónica en Estados Unidos.

En Ghana, los investigadores han publicado docenas de textos con evidencias de toxicidad relacionada con el mercurio en la sangre y la orina de los residentes, así como la contaminación en el suelo, los alimentos, el agua y los peces.

Alrededor de Bawdie, en 2016, investigadores ghaneses en un estudio financiado por la Universidad de Michigan hallaron que los niveles promedio de mercurio en el agua eran al menos 10 veces más altos que las cifras internacionales de seguridad, y hasta 86 veces más altos en un área.

Las grandes mineras multinacionales también contaminan, pero las minas informales pueden ser peores. Un informe de Naciones Unidas publicado este año dijo que la extracción de oro artesanal y a pequeña escala representa hasta el 80% de las emisiones de mercurio en el África Subsahariana.

Un estudio publicado por The Lancet en 2018 estimó que más de 10 millones de personas en África están expuestas al mercurio por la minería artesanal, reduciendo en casi dos años sus expectativas de vida saludable.

Aun así, los esfuerzos de los expertos en salud y medio ambiente para detener o limpiar la minería informal casi siempre tienen el mismo inconveniente: para las personas con pocas opciones, se puede ganar mucho dinero con el oro.

POLVO DE ORO

Yaw Ngoha tenía 19 años y un diploma de escuela básica cuando siguió a su hermano mayor Peter desde una de las regiones más pobres de Ghana hasta Bawdie. Llegó en 2002, se mudó a la choza de Peter con otros hombres y, en poco tiempo, estaba operando máquinas para triturar el mineral y convertirlo en polvo listo para la cocción.

    “Las máquinas producían mucho polvo”, dijo. “Estaba cubierto de polvo y respirando nubes de polvo todo el día”.

Los mineros hacen correr agua a través del polvo para separar los metales más pesados ​​para la recolección, luego mezclan el mercurio, que se une con el oro para formar una aleación. Usando pinzas, agarran lo que parecen pequeñas bolitas de papel de aluminio y las colocan en un fuego.

El fuego quema el mercurio, enviando su vapor al aire. Y el mercurio envenena cada tejido que toca.

Aparte del daño pulmonar, puede provocar pérdida de memoria, irritabilidad o depresión, insuficiencia renal, temblores o adormecimiento, descoloramiento y la descamación de la piel. El envenenamiento extremo puede causar parálisis, coma o locura.

    Incluso las personas no expuestas directamente lo absorben a través del agua o, si están cerca de la costa, con los mariscos. En un feto en desarrollo, puede causar dificultades con la movilidad y el aprendizaje.

Pero el veneno funciona lentamente, por lo que es difícil de diagnosticar. Y los mineros informales rara vez toman precauciones. Ngoha y otros mineros dijeron que rasgaban sobres de mercurio con los dientes, chupándolo a veces y escupiéndolo en tazones. Lo agarraban con las manos y no se lavaban antes de comer. Además, inhalaban los vapores.

En una buena semana, Ngoha podía ganar hasta 300 dólares. Una semana menos productiva podría reportarle 60 dólares. En el peor de los casos, siempre superaba los 5 dólares por semana que podía esperar de una plantación de cacao o caucho.

Días después de llegar a Bawdie, Ngoha conoció a Mary, que vendía refrescos y aperitivos a los mineros. Se casaron el año siguiente. No tuvo problemas para pagar los 800 dólares exigidos por el clan del padre de la novia ni su lujosa boda.

    Compró un terreno y construyó una casa de dos habitaciones, con cocina y sala de estar separada, algo raro en esta parte de Ghana. Compró un Toyota Corolla de segunda mano y pagó la escuela para sus cuatro hijos.

PROBLEMAS RESPIRATORIOS

En 2005, el jefe local, Nana Boateng, convocó a una reunión a unos 120 ciudadanos. Un cirujano que dirigía una clínica en Bawdie estaba alarmado por el mercurio que usaban los mineros.

El doctor Frederick Sarpong trató de explicar cómo el polvo de la minería y los vapores del mercurio hacían más vulnerables a las personas a enfermedades pulmonares como la tuberculosis. La mitad de la población adulta en las zonas rurales de Ghana tiene la bacteria de la tuberculosis en sus gargantas, aunque la mayoría son resistentes.

Los mineros comenzaron a enfermarse, a menudo con síntomas similares. Hombres musculosos y de hombros anchos acostumbrados a excavar y arrastrar rocas empezaron a convertirse en personas famélicas, huesudas y con las mejillas huecas.

Luego llegó la tos con charcos de flema roja. Se debilitaron y muchos fueron incapaces de continuar con su trabajo. Algunos fueron diagnosticados con tuberculosis.

Alrededor de 2008, los mineros comenzaron a morir. En un solo mes, Sarpong registró 30 decesos cerca de Bawdie, todos con los mismos síntomas. La población de Bawdie es de unos 5.000.

“Venían al hospital (...) tosiendo sangre”, dijo. “Se podría pensar que es tuberculosis, pero en realidad era envenenamiento por mercurio”.

Una noche en 2009, el hermano de Ngoha, Peter, que tenía 40 años, comenzó a toser de forma incontrolada. Le salía sangre por la nariz. La familia lo llevó de prisa al hospital. Horas más tarde, Ngoha recibió una llamada. Peter había muerto.

En los años siguientes, ocho de sus amigos más cercanos murieron de manera similar, afirmó. Boateng, el jefe que convocó la reunión con el cirujano, aseguró haber visto la misma historia con al menos 50 mineros.

Aunque los médicos les habían advertido que sus prácticas ponían en riesgo su salud, los mineros no echaron la culpa a su trabajo. “Pensamos que habíamos cometido un pecado contra los dioses”, dijo Boateng.

Junto a un grupo de mineros visitó los oráculos sagrados en los santuarios de las deidades ashanti. El sacerdote “no pudo encontrar nada que hubiéramos hecho mal”.

AGUA POTABLE

Durante años, el gobierno de Ghana hizo poco para frenar la minería ilegal, pero cuando empezó a crecer la preocupación, el presidente Nana Akufo-Addo prohibió las prácticas informales incluso a los mineros que tenían licencias, entre enero de 2017 y finales de 2018.

    “La minería ilegal ha tenido un efecto devastador en nuestro medio ambiente”, dijo a Reuters el ministro de Medio Ambiente, Kwabena Frimpong-Boateng, en la capital, Acra.

Según dijo, el 80% de las vías fluviales está contaminado por los mineros que remueven sedimentos y vierten desechos. El Banco Mundial da una cifra similar. Dice que muchas de las vías fluviales de Ghana están bloqueadas y causan inundaciones que destruyen las tierras de cultivo o los campos de cacao.

Se suponía que la prohibición temporal de la minería daría tiempo al gobierno para registrar a todos los mineros y mejorar la regulación. Sin embargo, cuando se levantó, menos de 1.500 del millón o más de mineros de Ghana habían sido revisados. El gobierno declinó comentar la razón.

A un corto trayecto en auto al sur de Bawdie, un barrio de chabolas rodeado de minas ilegales llamadas Nsuaem-Top muestra lo difícil que es hacer cumplir las reglas. Incluso mientras la prohibición de la minería estaba en vigor el año pasado, el lugar estaba lleno de actividad ilegal.

Stephen Ble regenta un bar y un restaurante que alimenta a los hambrientos mineros al son del reggae. En poco más de una década pasó de ser un fracasado escolar pobre a un comerciante de oro e inversor en minas, afirmó. Posee un Kia, un reloj dorado y un celular Samsung Galaxy.

“Mire”, dijo, apretando un charco de mercurio centelleante en su palma, “ninguno de nosotros ha sufrido daños por el uso de mercurio”. Luego lo arrojó al suelo, cerca de donde cocinaba su esposa y jugaba su niño pequeño.

NADIE GANA

De vuelta en Bawdie en abril, 16 meses de medicación contra la tuberculosis no lograron curar a Ngoha.

Dejó la minería. Mary tenía problemas para alimentar a la familia y cuidar de él. Su Corolla, estacionado fuera de la casa, tenía un letrero de “en venta”.

Su tos era áspera, sus muslos tan delgados como sus pantorrillas y casi podía rodear sus tobillos con un pulgar y un índice.

Ngoha sacó una foto vieja. En ella aparecía sentado con Peter junto a una trituradora en una choza de procesamiento de oro, con tres amigos. Todos parecían jóvenes, fuertes y sanos.

“Todos están muertos ahora”, dijo Ngoha. “Todos menos yo”.

A principios de mayo, Bawdie enterró a otro minero cuyos pulmones se habían agotado.

Su nombre era Yaw Ngoha.

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La tóxica minería ilegal de oro en Ghana (en inglés) here

El millonario contrabando de oro desde África (en inglés) here

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Reporte adicional de Ryan McNeill en Londres, Francis Kokoroko en Bawdie y Christian Akorlie en Acra; editado en español por Carlos Serrano

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