March 17, 2020 / 12:49 PM / 20 days ago

REPORTE ESPECIAL-"Todo va bien": Mentiras piadosas para pacientes del coronavirus en Italia

MILÁN, 16 mar (Reuters) - La lucha contra la muerte se detiene cada día a la 1 de la tarde.

FOTO DE ARCHIVO. Personal médico con trajes de protección llevan una camilla de aislamiento en la Clínica Columbus, donde pacientes han sido trasladados desde el Hospital Spallanzani, en Roma, Italia. 16 de marzo de 2020. REUTERS/Remo Casilli.

A esa hora, los médicos de la UCI del Policlínico San Donato llaman por teléfono a los familiares de los 25 pacientes con coronavirus en estado crítico de esta unidad de cuidados intensivos, todos sedados e intubados con respiradores, para poner al corriente a las familias.

Antes solía ser la hora del almuerzo durante el horario de visitas en este hospital de Milán. Pero ahora, mientras el país se enfrenta a un brote de coronavirus que ha matado a más de 2.000 personas, no se permite la entrada de visitas. Y ya nadie en Italia sale de sus casas.

Cuando los médicos hacen las llamadas, tratan de no dar falsas esperanzas. Saben que es probable que uno de cada dos pacientes con coronavirus en cuidados intensivos muera por la enfermedad.

A medida que la epidemia de COVID-19 se expande y la enfermedad progresa, estas camas tienen una creciente demanda, especialmente por los problemas respiratorios que acarrea el virus. Cada vez que una cama queda libre, dos anestesiólogos consultan a un especialista en reanimación y a un médico de medicina interna para decidir quién la ocupará.

La edad y el historial médico del paciente son factores importantes. También lo es que tenga una familia.

“Debemos tener en cuenta si los pacientes mayores tienen familias que puedan cuidarlos una vez que salgan de la UCI, porque necesitarán ayuda”, dice Marco Resta, subdirector de la UCI del Policlínico San Donato.

Incluso cuando no hay posibilidades, hay que “mirar al paciente a la cara y decirle: ‘Todo va bien’”. Y esta mentira te destroza”.

La crisis sanitaria más devastadora en Italia desde la Segunda Guerra Mundial está obligando a los médicos, los pacientes y sus familias a tomar decisiones que Resta, un antiguo médico militar, dijo no haber experimentado ni siquiera en la guerra.

Hasta el lunes, 2.158 personas habían muerto y 27.980 habían sido infectadas por el coronavirus en Italia. Se trata del segundo número más alto de casos y muertes registradas en el mundo después de China.

Resta dice que el 50% de las personas con COVID-19 que son aceptadas en las unidades de cuidados intensivos en Italia mueren, en comparación con una tasa de mortalidad habitual del 12% al 16% en las UCI en todo el país.

Los médicos han advertido que el norte de Italia —donde el sistema de salud universal está clasificado entre los más eficientes del mundo— es pionero en las crisis que la enfermedad está provocando alrededor del mundo. El brote, que afectó en primer lugar a las regiones septentrionales de Lombardía y Véneto, ha paralizado la red local de hospitales, sometiendo a sus UCI a una presión brutal.

En tres semanas, 1.135 personas han necesitado cuidados intensivos en Lombardía, pero la región sólo cuenta con 800 camas de este tipo, según Giacomo Grasselli, jefe de la unidad de cuidados intensivos del hospital Policlínico de Milán, que está separado de San Donato. Grasselli coordina todas las UCI del sistema público en toda Lombardía.

Tales dilemas no son nuevos en la profesión médica. Cuando tratan a pacientes con dificultades respiratorias, los médicos de cuidados intensivos siempre evalúan sus posibilidades de recuperación antes de la intubación, un procedimiento invasivo que implica la inserción de un tubo en la garganta y las vías respiratorias.

Pero unas cifras tan elevadas significan que los médicos deben elegir más a menudo, y más rápidamente, quién merece una mayor posibilidad de supervivencia, un protocolo que es particularmente desgarrador en un país católico que no permite la muerte asistida y donde la población es, según la agencia de estadísticas Eurostat, la más vieja de Europa con una de cuatro personas con 65 años o más.

“No estamos acostumbrados a decisiones tan drásticas”, dice Resta, un anestesiólogo de 48 años.

DAR UNA OPORTUNIDAD

Los médicos italianos dicen que son tantos los pacientes mayores con COVID-19 y problemas respiratorios que prefieren no probar suerte con los que presentan una pequeña esperanza de recuperación.

Alfredo Visioli era uno de esos pacientes. Cuando se le diagnosticó la enfermedad, este anciano de 83 años de Cremona llevaba una vida activa y ajetreada en su casa con un pastor alemán, Holaf, que la familia le había regalado. Cuidaba de su esposa de 79 años, Ileana Scarpanti, que había sufrido un ictus hace dos años, dijo su nieta Marta Manfredi.

Al principio, sólo tenía fiebre intermitente, pero dos semanas después de que le diagnosticaran COVID-19, desarrolló fibrosis pulmonar, una enfermedad que resulta del daño y la cicatrización del tejido pulmonar y que agrava progresivamente la respiración.

Los médicos del hospital de Cremona, una ciudad de unos 73.000 habitantes en la región de Lombardía, tuvieron que decidir si lo intubaban para ayudarle a respirar.

“Dijeron que no tenía sentido”, dijo Manfredi.

A su nieta le hubiera gustado haberle dado la mano a su abuelo durante el sueño inducido por la morfina antes de morir, dijo Marta Manfredi.

Ahora está preocupada por su abuela. Ileana también se contagió de COVID-19 y está hospitalizada, aunque está respondiendo bien a la ayuda de un respirador artificial. Nadie le ha dicho a Ileana que su marido ha muerto.

El coordinador de cuidados intensivos de Lombardía, Grasselli, dijo que creía que, hasta ahora, todos los pacientes con posibilidades razonables de recuperarse y vivir una calidad de vida aceptable habían sido tratados.

Sin embargo, añadió que este argumento está en entredicho. “Antes, con algunas personas habríamos dicho, ‘démosles una oportunidad por unos días’. Ahora tenemos que ser más estrictos”.

REORGANIZACIÓN DE HOSPITALES

Este tipo de decisiones está también está dándose fuera de los hospitales.

El viernes, el alcalde de Fidenza, una ciudad limítrofe con la región de Lombardía, cerró el acceso a su hospital local durante 19 horas.

Estaba abarrotado de pacientes con COVID-19 y el personal del hospital había estado trabajando 21 días sin descanso. Aunque el cierre tenía como objetivo mantener el hospital en funcionamiento, significó que algunas personas “murieron en casa”, dijo el alcalde, Andrea Massari.

El nuevo coronavirus apareció por primera vez en Italia en enero, pero el brote se disparó en febrero en la pequeña ciudad de Codogno, unos 60 kilómetros al sureste de Milán. Algunos expertos médicos creen que pudo haber llegado a través de alguien que viajó a Italia desde Alemania.

Roma se apresuró a aislar el norte del país, cerrando primero 10 ciudades en Lombardía y una en Véneto. Pero eso no detuvo el virus. En una semana, 888 personas dieron positivo en las pruebas de la enfermedad y 21 murieron. Los casos crecieron exponencialmente. Los pueblos pequeños fueron los primeros en verse afectados, tensionando de forma inmediata los hospitales pequeños.

Desde la semana pasada, Italia está en completo confinamiento. Ha cerrado todas las escuelas, oficinas y servicios y ha ordenado permanecer a todos los ciudadanos en casa a no ser que dispongan de una autorización o razón convincente. Estas medidas están siendo seguidas por otros países europeos, en su intento de frenar la epidemia.

“MAYOR EXPECTATIVA DE VIDA”

Todas las personas infectadas que llegan al hospital con dificultad respiratoria reciben oxígeno, dice Grasselli. La cuestión es hasta qué punto, y por cuánto tiempo, mantenerlos respirando artificialmente.

Los que tienen problemas respiratorios más leves son conectados a una máquina externa con una máscara o, si el paciente no responde, un casco protector. Si su estado de salud se deteriora, los médicos deben decidir si los admiten en cuidados intensivos, donde serían intubados.

Pero hay un problema: la intubación puede tener un coste físico, especialmente para los pacientes mayores, dice Grasselli. Incluso aunque algunos ancianos sobrevivan, muchos podrían desarrollar otros problemas, como dificultades motoras o cognitivas.

En el pasado, los médicos tendían a intentar intubar incluso a los pacientes mayores, generalmente porque tenían los recursos para hacerlo, dijo Grasselli, matizando que nunca intubaría a su padre de 84 años.

Antes del brote del coronavirus, “nos podíamos permitir más a menudo intentar intubar a los pacientes que estaban al límite”, dijo Mario Riccio, jefe de anestesiología del hospital Oglio Po, cerca de Cremona.

Ahora eso ha cambiado. La Asociación Italiana de Anestesia, Analgesia, Reanimación y Cuidados Intensivos publicó nuevas directrices el 7 de marzo porque espera un “enorme desequilibrio” entre las necesidades clínicas de la población y los recursos de cuidados intensivos en las próximas semanas.

Esta dijo a los facultativos en primera línea: den prioridad a aquellos con “mayor expectativa de vida”.

“QUIERO MORIR EN CASA”

La cuarentena masiva de la población de Italia añade un estrés emocional al sufrimiento. No se permite a los familiares viajar en ambulancia con sus parientes, y las unidades de coronavirus están cerradas a cualquiera que no sea médico o paciente.

Algunos pacientes que no están en el punto de necesitar cuidados intensivos se sienten prisioneros en unos pabellones desbordados.

“Sácame lejos de aquí. Quiero morir en casa. Quiero verte una vez más”, dijo Stefano Bollani, un trabajador de grandes almacenes de 55 años, mediante un mensaje de texto a su mujer desde la UCI del Policlínico San Donato, donde está siendo tratado por neumonía tras contraer el virus.

La pareja no se ha visto desde que ella le llevó en coche al hospital de Milán hace casi dos semanas. Lo único que sabe, dice, es que su estado parece haber mejorado en los últimos días. “Son cosas que un marido no debería (tener) que escribir a una esposa que está fuera, que no puede verle”, añade.

“QUÉDENSE EN CASA”

El exmédico militar Resta dice que la situación en Lombardía es peor que la guerra de 1999 en Kosovo, donde sirvió en el equipo de rescate aéreo que transportaba pacientes de Albania a Italia.

Cada vez que un paciente con coronavirus es aceptado en su hospital, dice, el personal escribe un correo electrónico a sus familiares asegurándoles que sus seres queridos serán tratados “como de la familia”. Dice que el hospital está tratando de activar un sistema de videoconferencia, para que los pacientes puedan ver a sus familiares durante la llamada de la 1 p.m.

Un médico, y no un pariente, es a menudo e inevitablemente la última persona que verá a un paciente moribundo de COVID-19. Los seres queridos ni siquiera pueden acercarse a los ataúdes por miedo a que contraigan el virus.

La última vez que Mara Bertolini supo de su padre Carlo, un ingeniero agrónomo de 76 años de Cremona muy conocido localmente por ser historiador de sus viñedos, fue cuando alguien de la morgue llamó a otro miembro de la familia para decir que tenían su cuerpo.

Mara no le guarda rencor a los trabajadores sanitarios, dijo.

Lo que más le impresionó de la última semana de angustia de su padre fue la mirada en la cara del médico cuando lo conoció.

“No podría decir si era preocupación o tristeza”, dijo.

“Todo lo que nos dijo fue: ‘Quédense en casa’”.

Por Emilio Parodi, Silvia Aloisi y Pamela Barbaglia; información adicional de Giselda Vagnoni en Roma; escrito por Alessandra Galloni; traducido por Jose Elías Rodríguez

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