September 28, 2018 / 2:56 PM / 2 months ago

ENFOQUE-Ciudad colombiana ayuda a los jóvenes a evitar la violencia de las pandillas

CALI, Colombia (Thomson Reuters Foundation) - Cuando era niño y crecía en un barrio pobre de Cali, una de las ciudades más violentas del mundo, Andrés Felipe González sabía que sus posibilidades de vivir sin cometer delitos o ser víctima de un crimen eran escasas.

Personas escalando una colina en el barrio de Las Minas en Cali, Colombia, 13 de septiembre de 2018. FUNDACIÓN THOMSON REUTERS / Anastasia Moloney

    “Recuerdo que si hombres encapuchados entraban al barrio, apagábamos las luces y nos escondíamos debajo de una mesa”, dijo González, quien vive en el barrio de Las Minas Comuna 18, al suroeste de Cali.

    “En la cultura en que crecí, el hombre más grande es el que tiene el arma más grande”, dijo el joven que es más conocido como Fares.

    Pero, a pesar de todo, Fares no terminó uniéndose a una pandilla o recurriendo a la violencia.

    Fares, ahora de 27 años, es parte de una iniciativa multimillonaria que tiene como objetivo mantener a los hombres jóvenes fuera de las calles y lejos de las pandillas en la tercera ciudad más grande de Colombia, al ofrecerles otras opciones.

    Desde que comenzó en 2016 el proyecto, denominado “TIP-Jovenes Sin Fronteras” y financiado por la alcaldía de Cali, ha trabajado con cerca de 1.400 personas y 73 pandillas en barrios marginales, incluidos hombres y mujeres jóvenes en riesgo de ser reclutados para el delito.

TENSIONES SOCIALES

Con una tasa de asesinatos de 51 por cada 100.000 personas en 2017, Cali se ubica como una de las ciudades más peligrosas del mundo. Gran parte de la violencia es relacionada con drogas o pandillas, y perpetrada por hombres jóvenes.

    En toda América Latina, una región donde se produce casi uno de cada cuatro homicidios del mundo, las ciudades que intentan sobrellevar mejor las presiones de hoy en día están mirando más allá de los riesgos de peligros naturales como las inundaciones y también enfrentan las tensiones sociales.

    En Cali, la prevención de la violencia de las pandillas es parte de la estrategia de resiliencia de la ciudad, elaborada bajo su membresía en la red de 100 Ciudades Resilientes, respaldada por la Fundación Rockefeller.

El plan también cubre acciones sobre cambio climático, educación, movilidad y gobernanza.

    “Entendemos la resiliencia como la superación de los choques y las tensiones”, dijo Juan Camilo Cock, subsecretario del programa Áreas de Inclusión y Oportunidades en la oficina de la alcaldía de Cali.

    Las tensiones son cuestiones que afectan el sustento de vida de las personas, señaló.

“Cuando hicimos el diagnóstico de resiliencia en Cali, uno de los principales problemas que surgió fue la violencia”, dijo a la Fundación Thomson Reuters.

    La tasa de homicidios en Cali ha disminuido desde 2012, cuando 80 personas de cada 100.000 fueron asesinadas en la ciudad, señaló.

    “Ha bajado un 30 por ciento en cinco años, pero sabemos que tenemos que ir más allá”, dijo Cock.

    El programa TIP trabaja con las pandillas callejeras de los barrios, que generalmente comprenden a unos 20 adolescentes que son microtraficantes atendiendo a la demanda local y que luchan contra las guerras territoriales.

    “Una vez que la violencia se normaliza en una comunidad, los niños a medida que crecen no ven otras opciones para su futuro. Lo que ven son oportunidades dentro de la vida criminal”, dijo Cock.

    “Entonces se convierte en una elección de vida, y sabemos que tenemos que romper ese ciclo”.

ENFOQUE COMUNITARIO

    Robert Muggah, director de investigación del Instituto Igarape, un grupo de expertos con sede en Brasil, dijo que los gobiernos de América Latina que intentan combatir la violencia de las pandillas han utilizado en gran medida respuestas de mano dura.

    Eso involucra a las fuerzas de seguridad que hacen incursiones en barrios marginales plagados de crímenes como se ve en México, Colombia, Brasil y partes de América Central.

    Pero en las últimas décadas, los nuevos métodos para enfrentar la violencia han ganado vigencia, con Colombia a la cabeza, dijo Muggah.

    “Es esta la idea de que no sólo debemos confiar en el lado punitivo y policial de la ecuación, sino que debemos enfatizar en el aspecto de la prevención social”, agregó.

    El nuevo enfoque se centra en la policía comunitaria, así como en el apoyo y el trabajo con líderes comunitarios, y también se ha introducido en países como Jamaica, Brasil y Honduras.

    Se basa en la creencia de que las propias comunidades tienen la capacidad de regular y moderar el delito, al tiempo que refuerza el comportamiento positivo que puede ser extremadamente eficaz para mantener a los jóvenes alejados de las pandillas, dijo Muggah.

    Colombia entendió esto temprano y “entendió que la resiliencia tenía que construirse de abajo hacia arriba”, explicó.

“ESCUDO PROTECTOR”

Este enfoque se está implementando en Las Minas y otras áreas pobres de Cali. La mayoría son asentamientos informales de chozas de ladrillos, hogar de personas desarraigadas por el conflicto interno de Colombia.

    En Las Minas, Fares lidera un grupo muy unido de seis hombres de 16 a 27 años que pertenecen al programa TIP, que es implementado por la Universidad del Valle de Cali y las autoridades policiales locales.

    Juntos, los hombres jóvenes rapean, escriben canciones, hacen videos musicales, pintan, juegan fútbol y vuelan cometas como una alternativa a la vida de las pandillas.

    “El grupo es como un escudo protector. Se trata de salir de un entorno negativo”, dijo Fares.

    A menudo aburridos, desempleados o alejados de la escuela, los adolescentes suelen ser introducidos por primera vez a la vida de las pandillas mientras merodean en las esquinas de las calles fumando marihuana, donde son presa fácil.

    Las pandillas ofrecen empleos en el que se puede ganar hasta 100 dólares al día vendiendo drogas, así como un sentido de pertenencia, amistad y protección que con demasiada frecuencia el Estado, la policía y las familias no han podido brindar, dijo Fares.

    “Las pandillas te dan trabajo y te atas emocionalmente a ellos”, dijo.

    Con el apoyo de la policía y los psicólogos, Fares y sus amigos convirtieron una escuela abandonada en una pequeña biblioteca y centro comunitario, limpiaron basureros y pintaron un patio de recreo.

    También dirigen un club de tareas para niños y noches de cine familiar.

    “Si no fuera parte del programa, estaría dando vueltas en la calle. Esto me mantiene distraído”, dijo Camilo, de 16 años.

    “FRONTERAS INVISIBLES”

    Las pandillas dividen a las comunidades, tanto físicas como sociales, lo que las hace menos capaces de resistir la violencia.

    Los barrios a menudo se reparten a lo largo de “fronteras invisibles” que demarcan el territorio de las pandillas.

“Hay una cultura de silencio”, dijo Cock. “Las personas comienzan a perder la confianza en los demás y en el Estado, y ese es el colapso del tejido social”.

    En algunos barrios marginales, las “fronteras invisibles” significan que los niños no pueden ir a una determinada escuela o biblioteca, porque es demasiado riesgoso cruzar el área de otra pandilla, e incluso abandonan la educación.

    “Para el municipio, para el estado, se convierte en un verdadero desafío”, dijo Cock. “Por eso es importante involucrarse con los miembros de las pandillas, comenzar a reducir los niveles de violencia, comenzar a reemplazar la orden de las pandillas por el orden del Estado”.

    Las autoridades también trabajan con líderes juveniles de la comunidad como Fares para decidir cómo mejorar las áreas y hacerlas más seguras, por ejemplo, instalando iluminación.

    “No queremos barrios seguros debido a la gran presencia policial”, dijo Cock. “Queremos vecindarios más seguros porque las personas no se están matando entre sí”.

Por Anastasia Moloney @anastasiabogota, Editado en español por Juana Casas La Fundación Thomson Reuters es la rama caritativa de Thomson Reuters, que cubre noticias sobre temas humanitarios, derechos de la mujer, trata, derechos a la propiedad, cambio climático y resiliencia. Visite www.trust.org

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