October 4, 2018 / 5:00 PM / 2 months ago

PERFIL-Candidato Haddad busca presidencia de Brasil con la fuerza de Lula pero también a su sombra

BRASILIA (Reuters) - “¿Hadah?”, “¿Hadila?”, “¿Andrade?”. Cuando Fernando Haddad asumió la candidatura presidencial del Partido de los Trabajadores al reemplazar a su líder encarcelado, el exalcalde de Sao Paulo escuchó una gran cantidad de pronunciaciones creativas de seguidores que nunca habían escuchado su nombre.

El candidato presidencial del Partido de los Trabajadores de Brasil, Fernando Haddad, en una rueda de prensa en Sao Paulo, oct 3, 2018. REUTERS/Nacho Doce

Sin embargo, los votantes sí entendieron lo que representaba el sustituto del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva al ocupar el centro de la escenario en las últimas semanas antes de las elecciones del domingo en Brasil: “¡Haddad es Lula! ¡Lula es Haddad!”, su eslogan de campaña declarado.

El mensaje lo ayudó a subir en las encuestas de opinión para desafiar al candidato de derecha Jair Bolsonaro, a quien se espera que enfrente en una segunda vuelta en la segunda ronda a fines de este mes.

Prometiendo hacer a Brasil “feliz de nuevo”, Haddad, de 55 años, apeló a la nostalgia de los brasileños de clase trabajadora cuyo nivel de vida mejoró considerablemente hace una década gracias a los generosos programas sociales de Lula, en medio de un auge mundial de productos básicos.

El mensaje ha conectado con los votantes más pobres en bastiones del Partido de los Trabajadores, como el noreste de Brasil.

Sin embargo, se enfrenta a la reacción negativa de los brasileños que culpan a Lula y al Partido de los Trabajadores por la corrupción desenfrenada y una profunda recesión económica, tras encabezar el gobierno durante 13 de los últimos 15 años.

El desafío de Haddad será deshacerse de la imagen de peón de Lula, lidiar con los líderes del partido escépticos de su ascenso y convencer a los votantes de que puede evitar los errores económicos de los últimos años y los escándalos de corrupción que manchan el legado de Lula.

Haddad, un profesor de derecho de modales amables con un título en economía y sólo una victoria electoral a su nombre, ha comenzado a trabajar para calmar a los inversionistas afectados por la ola de gastos públicos bajo la última sucesora de Lula, Dilma Rousseff, quien fue destituida en el 2016 por violar las normas presupuestarias.

En agosto, Haddad dijo a Reuters que se estaba reuniendo con varios bancos y firmas de inversión para domesticar los temores de un retorno de la izquierda al poder, en un gesto similar al movimiento hacia el centro que hizo Lula en 2002, cuando ganó su primer mandato luego de prometer políticas económicas ortodoxas.

Los analistas financieros dijeron que los inversionistas lo encontraron más abierto de lo que esperaban y más razonable que el Partido de los Trabajadores en general, pero persisten las preocupaciones sobre un giro de las políticas hacia la izquierda.

“Haddad se está moviendo económicamente hacia el centro y podemos esperar un gobierno más cercano a la administración del primer mandato de Lula que a la de Dilma Rousseff en términos de ortodoxia económica”, dijo Fabio Knijnik, un economista educado en Stanford y director gerente del fondo de riqueza K2 Capital.

CRÍTICO DE ROUSSEFF

Haddad, quien fue ministro de educación bajo Lula y se montó en la popularidad de su mentor para ser alcalde de Sao Paulo, ha cuestionado públicamente ciertas políticas de Rousseff que los economistas critican por profundizar la peor recesión de Brasil en una generación.

En un artículo publicado en una revista el año pasado, cuestionó sus esfuerzos por contener la inflación al reducir los costos de los servicios públicos, como las tarifas eléctricas y los precios de la gasolina.

“Algo estaba muy mal. Nadie piensa en controlar la inflación de un país de tamaño continental al frenar las tarifas municipales”, escribió Haddad en la revista Piaui.

“La estabilidad macroeconómica no se puede lograr a través de la intervención microeconómica”.

Su intento de ser reelecto como alcalde en 2016 se encontró con una derrota sorprendente en la primera ronda, pero Haddad se jacta de dejar la ciudad más grande de Brasil con fondos para inversiones a largo plazo, una deuda reestructurada y una calificación de grado de inversión otorgado por agencias internacionales.

Knijnik dijo que Haddad se movería más hacia al centro antes de la segunda ronda de las elecciones y podría elegir a un economista en desacuerdo con muchos en el Partido de los Trabajadores sin perder la base del partido.

El mercado espera que Haddad se mantenga cerca del actual asesor económico Marcos Lisboa, quien es muy respetado por los inversionistas.

Haddad también ha dicho que respetaría las concesiones firmadas con compañías petroleras extranjeras para desarrollar vastos campos petrolíferos en alta mar en lugar de romperlas como lo hicieron sus rivales izquierdistas y muchos en su partido lo han propuesto.

Samuel Pessoa, un economista que conoce a Haddad desde que estudiaron juntos en la universidad, dijo que el exalcalde tenía poco en común con las facciones más izquierdistas de su partido, conocido como PT por sus iniciales en portugués.

“Él es muy diferente del PT. Fernando es un demócrata y no un aventurero”, dijo Pessoa.

Si bien Haddad y su partido piden la abolición de las reformas laborales promulgadas luego de que Rousseff fue expulsada en 2016, sus propuestas para revisar el costoso sistema de pensiones de Brasil para reducir un enorme déficit presupuestario podrían encontrar resistencia entre otros en el partido.

Haddad acepta la necesidad de fijar una edad mínima de jubilación, que es un anatema para el partido, y recientemente dijo que “nada es un tabú” cuando se trata de reformas, lo que sorprende a los líderes del partido que desconfían de su enfoque más ortodoxo en política económica.

Si es elegido presidente, la prueba clave de la independencia de Haddad, quien durante mucho tiempo fue considerado como “el niño de oro” de Lula, podría ser resistir la presión del partido para liberar a su mentor, quien cumple una condena de más de 12 años de prisión por su papel en un esquema de corrupción que involucra contratos en la petrolera estatal Petroleo Brasileiro SA. Haddad ha jurado que no hay forma de que perdone a Lula. Aún así, sigue siendo miembro del equipo legal del exmandatario, lo visita semanalmente en su celda de prisión y aboga por su libertad en las cortes brasileñas y foros internacionales.

Describe a Lula como un asesor clave, pero negó que el líder encarcelado desempeñe un papel en su gobierno si es elegido.

“Las ideas que defiendo han sido discutidas con Lula y cuentan con su respaldo”, dijo Haddad a Reuters en una entrevista.

Reporte de Lisandra Paraguassú, con reporte adicional de Anthony Boadle, Editado en español por Juana Casas

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