April 8, 2019 / 10:12 AM / 2 months ago

ANÁLISIS-Smileys y selfies: la extrema derecha europea intenta acabar con las divisiones

BRUSELAS (Reuters) - El vice primer ministro italiano Matteo Salvini envía mensajes con emoticones al líder de la extrema derecha francesa Marine Le Pen y publica “selfies” con el político austriaco de extrema derecha Heinz-Christian Strache.

En la imagen, el líder de la ultra-derecha en Italia, Matteo Salvini, la feancesa Marine Le Pen, y el líder austriaco Heinz-Christian Strache al final de la reunión "Europa de Naciones y Libertad" en Milán, 28 de enero de 2016. REUTERS/Alessandro Garofalo/

El rostro del líder del partido italiano de extrema derecha Liga se proyecta en las pantallas gigantes de mítines derechistas de Praga a Sofía.

Alentado por su propio éxito y el hartazgo de los votantes con los partidos tradicionales, Salvini está tratando de tender puentes de cara a las elecciones al Parlamento Europeo del 26 de mayo.

Ante la previsión de que los dos grandes bloques políticos pierdan su mayoría combinada, el líder italiano y otros dirigentes de la extrema derecha esperan formar una oposición, una alianza euroescéptica con suficientes escaños en la asamblea para bloquear o demorar leyes.

“Nuestra idea es unirnos... en un nuevo partido que refleje mejor las visiones euroescépticas que nos unen”, dijo a Reuters el asesor de asuntos exteriores de Salvini, Marco Zanni. “Ahora es nuestra oportunidad de unir fuerzas de una vez por todas”.

Pero cuando Salvini comience su campaña para las elecciones el lunes en Milán, solo habrá representantes de tres partidos europeos de extrema derecha relativamente pequeños.

No estará Le Pen. Tampoco los representantes del partido Ley y Justicia (PiS) de Jaroslaw Kaczynski, que gobierna Polonia.

Salvini promete un mitin mucho más grande el próximo mes. Pero la ausencia de Le Pen y otros líderes de extrema derecha y nacionalistas dice mucho sobre las diferencias políticas y las rivalidades que durante mucho tiempo han impedido la unidad entre estos grupos.

Los líderes de extrema derecha comparten los objetivos ideológicos generales de frenar la, en su opinión, deriva liberal de la UE y devolver el poder a las capitales de los estados miembros. Pero difieren en otras áreas, y el intento de Steve Bannon, el que fuera estratega del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de actuar como mediador entre los grupos populistas de Europa ha fracasado.

DIOS LOS CRÍA, ¿Y ELLOS SE JUNTAN?

Los inversores esperan una mayor incertidumbre política después de las elecciones del 26 de mayo, en las que se elegirá a 705 miembros del Parlamento Europeo, o 751 si Reino Unido no abandona la UE según lo previsto.

La insatisfacción general por el lento crecimiento económico, las amenazas a la seguridad planteadas por las milicias islamistas y la reacción violenta contra la migración a través de las fronteras abiertas de la UE han aumentado el apoyo a los nacionalistas euroescépticos en muchos estados miembros.

“Los votantes cada vez le tienen menos miedo a ir en contra de lo establecido”, dice Susi Dennison, investigadora senior del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. “Los grupos ‘anti’ están mucho más motivados ahora que los proeuropeos”.

Su avance y la salida prevista de Reino Unido de la UE significarán una reorganización de los grupos pannacionales creados por los partidos en el Parlamento de la UE, cuya función principal es validar y modificar las leyes de la UE elaboradas por la Comisión Europea, órgano ejecutivo de la región.

Se prevé que la formación xenófoba Liga, de Salvini, cuadruplique su representación en la asamblea de la UE alcanzando 27 escaños.

Este incremento, junto con el también previsto para la Agrupación Nacional de Le Pen y para el austriaco Partido de la Libertad de Strache, que se encuentra en un Gobierno de coalición con Strache como vicecanciller, la formación Europa de las Naciones y Libertad (ENF) a la que pertenecen podría pasar de 37 a 61 escaños.

Salvini, cuyo partido gobierna Italia, quiere estrechar lazos con otros líderes cuyos partidos están en grupos rivales como Kaczynski.

Los dos se reunieron en Varsovia en enero, y el primer ministro húngaro, Viktor Orban, aplaudió la posibilidad de que formen una alianza como uno de los mayores acontecimientos de este año.

La formación de un gran grupo político también puede desbloquear fondos y traer oportunidades de recibir apoyos.

“Obtendrán muchos más recursos si pueden sentarse juntos”, dice Cas Mudde, un experto en la extrema derecha de la Universidad de Georgia.

Pero las diferencias en las políticas hacen que sea probable que los partidos críticos con la UE sigan divididos en al menos dos agrupaciones, una centrada en Salvini y la otra en Kaczynski.

Salvini admira al presidente ruso, Vladimir Putin. Kaczynski le denosta. Ambos son contrarios a la inmigración pero no están de acuerdo en cómo gestionarla. Italia es donante neto a los presupuestos de la UE, mientras que Polonia es receptor neto. Sus puntos de vista sobre la economía no convergen.

Para los partidos de derecha en Dinamarca, Finlandia y Suecia, que ven a Rusia como una amenaza, las simpatías a favor del Kremlin de Salvini y Le Pen también son una línea roja.

“Es un aspecto crucial para muchos países”, dice a Reuters el líder de los Demócratas Suecos, Jimmie Akesson. “No tendrá éxito, no habrá tal grupo”.

A muchos partidos que compiten a nivel nacional también les resultará difícil sentarse juntos.

Orban ha optado por permanecer con la agrupación política más grande del Parlamento, el Partido Popular Europeo, a pesar de que esta formación le suspendió el mes pasado. A pesar de todos sus elogios a la formación de coaliciones entre los euroescépticos, el hecho de estar en un grupo con formaciones que ostentan el poder en Europa confiere una respetabilidad institucional de la que carecen otros populistas.

Algunos esperan que eso cambie después de las elecciones.

“Dejar un grupo fuerte para unirse a un grupo débil es una decisión política difícil, pero retirarse para unirse a un grupo que también es bastante fuerte y en fase de crecimiento no lo es tanto”, dice Ryszard Legutko, diputado del PiS y copresidente del Grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos (GCRE).

“Es la primera vez que hay una posibilidad real de que las cosas cambien, que este monopolio político, incluso ideológico, pueda verse afectado de alguna manera”, dice Legutko.

LLEGADOS DESDE EL FRÍO

Los vínculos entre la extrema derecha se limitan en gran medida a las relaciones personales. Cuando asisten a los mítines de sus homólogos, los líderes de estas formaciones, que han estado aislados durante mucho tiempo en sus países y carecen de influencia en el extranjero, intentan mostrar que no son marginales.

“Se trata de validarse mutuamente”, dice Duncan McDonnell, profesor de política en la Escuela de Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad de Griffith. No obstante, McDonnell señala que la extrema derecha se considera, cada vez, más como “parte de una nueva ola”.

Alternativa para Alemania (AfD) podría ganar muchos más escaños en el próximo Parlamento Europeo, según muestran los sondeos de opinión, y podría abrirse paso con el grupo ENF de Salvini. Las encuestas muestran que el neerlandés Foro para la Democracia (FvD), dirigido por Thierry Baudet, podría ganar cuatro nuevos escaños en la asamblea de la UE y ha dicho que se unirá al polaco PiS en el GCRE.

El recién llegado Vox de la ultraderecha española se ha convertido en la niña bonita de los grupos euroescépticos después de su éxito en las elecciones regionales andaluzas en diciembre en España, que hasta entonces había resistido a las corrientes populistas que arrasaban en otros países de Europa.

A Vox lo corteja tanto el polaco PiS como la Liga de Salvini. Pero de cara al próximo Parlamento Europeo, donde las encuestas sugieren que Vox, que no tiene representación europea a día de hoy, obtendrá alrededor de cinco escaños, el líder de Vox, Santiago Abascal, dice a Reuters: “Es posible que estemos solos”.

Vox ha ganado fuerza ante las tensiones por el separatismo catalán —el partido de Abascal considera Cataluña como una parte integral de España—, pero algunos otros partidos europeos de extrema derecha no comparten su visión.

“Su apoyo al golpe de Estado (de los separatistas) de Cataluña es una enorme barrera (para la cooperación)”, dice.

Incluso aunque los partidos no formen parte del mismo grupo, Zanni, miembro de la Liga de Salvini, dice que habrá una mayor cooperación para tratar de influir o frustrar la política de la UE.

“El riesgo es una parálisis a largo plazo”, dijo Dennison, “que con el tiempo erosionará la idea de que la UE es un poder efectivo”.

Pero los estrategas del Parlamento Europeo dicen que los grupos derechistas más jóvenes han mostrado una disciplina de partido mucho más débil.

“Los euroescépticos son pájaros con diversos plumajes, y no estoy seguro de que funcione bien”, dice un alto cargo del Partido Popular Europeo, el principal grupo de centro derecha.

Información de Johan Ahlander en Estocolmo, Belén Carreño y Ingrid Melander en Madrid, Joanna Plucinska y Justyna Pawlak en Varsovia, Robert Muller en Praga, Simon Carraud en París y Crispian Balmer en Roma, Escrito por Alissa de Carbonnel, editado por Timothy Heritage; traducido por Tomás Cobos en la redacción de Madrid

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