June 4, 2011 / 2:34 PM / 8 years ago

Refugiados en el Líbano aún añoran tierras palestinas

Por Alistair Lyon

NAHR AL-BARED, Líbano (Reuters) - Al igual que la multitud de refugiados palestinos que sacudió las vallas de la frontera israelí hace unas semanas, Subhia Loubani anhela regresar a las tierras de las que tuvo que huir cuando se creó el Estado judío en 1948.

Sin embargo, a diferencia de la mayoría de los palestinos, ella tiene una casa nueva.

Loubani, de 72 años, recibió en abril la llave de una de las primeras pocas casas construidas por UNRWA, la agencia de la ONU para refugiados palestinos, en el campamento Nahr al-Bared del norte del Líbano, el cual quedó completamente destruido por los enfrentamientos de hace casi cuatro años.

De todos modos, dijo, si tuviera la posibilidad “dejaría la casa y me iría a Palestina, mi país. No puedo olvidar Palestina”.

Las protestas fronterizas de mayo, en las que las fuerzas israelíes mataron al menos a 13 personas, constituyeron un recordatorio de que la difícil situación de los 4,5 millones de refugiados palestinos, a menudo ignorados por acuerdos de paz, se encuentra en el centro del conflicto árabe-israelí.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, interesado en revivir las negociaciones hace mucho estancadas entre israelíes y palestinos, dijo hace un par de semanas que el malestar que se extiende por el mundo árabe hacía que los esfuerzos de paz fueran aún más vitales.

A fines de mayo, el mandatario respaldó la demanda palestina de que Israel retorne a la frontera previa a 1967 para dar impulso a un acuerdo de paz que permita la creación de un Estado palestino, con Jerusalén del Este como capital, generando nuevas tensiones entre Washington y Tel Aviv.

Israel rechaza cualquier derecho de los palestinos a regresar a la tierra que perdieron, y consideran que eso equivaldría la destrucción del Estado judío.

La red islámica Al Qaeda, entre otras, ha capitalizado la persistente sensación de injusticia que ayuda a mantener la volatilidad e inestabilidad de la región.

En Nahr al-Bared, las batallas entre el Ejército libanés y los militantes de Fatah al-Islam inspirados en Al Qaeda arrasaron con el barrio costero que solía ser hogar de 30.000 personas.

Tal vez los datos hallados en una computadora incautada cuando tropas estadounidenses mataron a Osama bin Laden en Pakistán el 2 de mayo revelen si esta oscura facción islamista tenía algún lazo directo con Al Qaeda.

El enfrentamiento de Nahr al-Bared en 2007, la peor disputa interna de Líbano desde la guerra civil de 1975 a 1990, terminó con más de 400 víctimas fatales, 170 de ellos soldados, y pulverizó 6.000 casas.

HUIDA PRECIPITADA

La familia de Loubani huyó del fuego de los tanques y la artillería del ejército, perdiéndolo todo excepto la ropa que llevaba puesta.

“Cuando me fui de Nahr al-Bared, sentí que estaba dejando Palestina una vez más”, dijo la anciana viuda, recordando ese trauma colectivo conocido para los palestinos como el “nakba”, o catástrofe nacional, cuyo aniversario fue conmemorado por las manifestaciones en la frontera el 15 de mayo.

Loubani, de sólo cuatro años en 1948, dice que su padre la cargó desde la aldea de Saasaa al Líbano del otro lado de la frontera y a un futuro de sueños destrozados y desesperación.

La palabra “nakba” también aflora con facilidad en boca de Jihad Awad, de 49 años, una vendedora de zapatos que está entre los primeros refugiados que serán ubicados.

“No hay peor catástrofe que esta”, dijo sobre la huída de su familia de Nahr al-Bared y su casa destrozada.

En abril, Loubani se mudó a su nueva casa con dos hijas adultas.

Luminosa y espaciosa comparado con la oscura miseria de la mayoría de los campamentos de refugiados, está escasamente amueblada. La familia usó el subsidio para muebles que recibieron de la UNRWA en gastos médicos.

También está desprovisto de cualquier efecto, recuerdos o fotos personales. Esta frágil señora, que tiene una pierna rota y usa un andador, perdió incluso los certificados de nacimiento de sus hijos, su acta matrimonial y sus ahorros cuando escapó de los enfrentamientos.

Vistiendo un pañuelo blanco y una descolorida camisa estampada con flores rosas, Loubani no puede desprenderse del miedo a otro conflicto.

“Incluso cuando duermo, temo despertarme y que la casa esté nuevamente destruida. Sólo Dios sabe cuándo va a estallar la guerra. Los israelíes pueden venir en cualquier momento y bombardearnos, tenemos miedo”, explicó.

Loubani, cuyo esposo murió hace dos meses antes de que el Ejército libanés comenzara lo que terminó siendo una demoledora lucha de 15 semanas para expulsar a Fatah al-Islam en Nahr al-Bared, duda que alguna vez regrese a su antigua villa.

El Ejército, que todavía controla fuertemente el acceso al lugar, dinamitó edificios en la zona incluso después de que cesaran los enfrentamientos en el campamento.

SURGIENDO DE LAS CENIZAS

La UNRWA está reconstruyendo desde cero el campamento, con alcantarillas y otras comodidades inusuales para instalaciones de refugiados. La entrega de las primeras unidades de vivienda a refugiados podría poner fin a los rumores de que estaban destinadas para libaneses o turistas.

Los residentes recuerdan el destino de Tel Zaatar, el campamento para palestinos cerca de Beirut donde vivieron algunos de ellos hasta que milicias cristianas, entonces apoyadas por Siria, lo sitiaron y demolieron en 1976.

Al igual que otros dos campamentos invadidos durante la guerra civil, nunca fue reconstruido.

“La crisis de confianza fue aguda porque no habíamos devuelto nada. Eso se ha evaporado, pero ahora hay una impaciencia justificada al decir:’bueno, avancen con eso’”, indicó Charles Higgins, quien está a cargo del proyecto de reconstrucción de UNRWA.

La remoción de explosivos no detonados, las aprobaciones de las autoridades de planeamiento urbano y el trabajo de rescate para preservar restos arqueológicos hallados bajo el campamento han contribuido con los retrasos.

Las casas transferidas en abril conforman el primero de los 72 grupos de viviendas. UNRWA tiene fondos para reconstruir el 40 por ciento del campamento, incluyendo sus propias instalaciones, seis escuelas y un centro de salud.

Higgins manifestó su confianza en que los donantes ofrezcan más apoyo una vez que logren que el campamento resurja de las cenizas. Ahora se estima que el déficit en la financiación es de 207 millones de dólares, y no incluye el dinero necesario para cuidar de los refugiados que esperan por ser reubicados.

El proyecto, que describió como “muy difícil, bastante frustrante y una labor extremadamente ardua”, tenía un valor simbólico además de beneficiar a los residentes de Nahr al-Bared.

“A menudo los palestinos no son personas capaces de volver a un lugar con la aprobación oficial. Que regresen a un lugar, aunque se trate de un campamento de refugiados que existió por 60 años, es muy significativo”, dijo Higgins, citando ciclos de migración forzada y refugio temporal que algunos residentes han experimentado tres o cuatro veces en sus vidas.

Editado en español por Marion Giraldo

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